Por: Galel Cárdenas*

La más abyecta de las inmoralidades es el ámbito que contiene la dictadura bipartidista que se ha entronizado en Honduras desde el año 2009, época del sangriento Golpe de Estado, donde todas las fuerzas anticomunistas se reunieron y en un puño cerrado de opresión asestaron un golpe a una democracia incipiente dirigida por un presidente que había roto el ovillo de las relaciones de sometimiento norteamericano y de la élite del poder fáctico, mediático político, militar y eclesiástico.

La inmoralidad plena de indecencia, impudicia y obscenidad es el ropaje que viste el bipartidismo del Partido Nacional y Liberal, ahora subsumiendo partidos inventados en la mesa del TSE para mantener la represión generalizada contra las fuerzas convergentes que combaten  la dictadura, fuerzas del pueblo que un día despertarán con una energía inusitada ya sea en las calles  o en las urnas.

El país vive un artificio republicano, una artimaña, un ardid, una treta, una astucia repugnante, escandalosa, vergonzante, concebida expresamente para aplastar la ira del pueblo que se manifiesta cuánto puede en el territorio nacional.

Con el más descarado  de los cinismos,  los líderes mercenarios de la mafia, la pandilla y la caterva de quienes han asaltado el poder general de la nación a través de la fuerza, y haciendo a un lado la Carta Fundamental de la hondureñidad,  van deshaciendo todos los elementos que configuran la república, es decir la nación gobernada por una ley vertebral y unas suplementarias.

Nada queda de aquella república, de aquel régimen de derecho, de aquella democracia  asentada en la significación etimológica, poder del pueblo.

La elección del Fiscal General es otra de las grandes falsedades que vive el pueblo hondureño, pues quebrantando la Constitución, violando las leyes respectivas, se ha re electo al actual hombre que ostenta tal cargo de manera ilegal, porque no fue electo la primera vez dentro de los marcos sustanciales de la ley y la Constitución.

Al país lo han des institucionalizado, lo han convertido en despojo, un estropajo del derecho primordial que sustenta la más alta investidura moral. Todas las elecciones que se practican en Honduras están asentadas en el estercolero (ver y oír a Santiago un predicador de barrio), en un lodazal  hediondo y asqueroso.

Pero, los voceros de la impunidad, el poder mediático, se ha encargado de introducir en el receptor analfabeta del país, la idea de que en Honduras, todo marcha de manera correcta, efectiva yen los parámetros que corresponden.

No es posible que el Partido Liberal y Salvador Nasralla acepten que la elección del fiscal es una orden del imperio. Ah payasos, chuscos, ridículos, saltimbanquis y bufones de la corte imperial y del propietario del circo con rostro de alimaña infernal, Juan Orlando Hernández, que con una mano reparte dólares, dinero, territorios, empresas y confites demoníacos, mientras que con la otra reparte la muerte, la asfixia, la indignidad.

El Fiscal electo es uno más de la horda criminal organizada expresamente para los fines maléficos de manejar  el timón de la nave en pleno naufragio, llamada Honduras, en esa carrera incontrolable de saqueo, despojo, pillaje y usurpación.  

*Poeta, Ensayista. Ex Catedrático del Departamento de Letras, UNAH. 


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