AUTOR: Kenny Castillo Fernandez
Intereses de élites, reformas legales ‘trampa’ y el desacato a fallos internacionales arrinconan a las comunidades garífunas hacia una expropiación general
Tegucigalpa, Honduras 12 de julio de 2026.- El litoral Atlántico de Honduras tiene una extensión de 671 kilómetros desde la frontera con Guatemala hasta La Moskitia, colindando con Nicaragua. Ese litoral está ocupado predominantemente por la comunidad garífuna en los departamentos de Cortés, Atlántida, Colón y parte de la miskita Gracias a Dios.
Desde los años 90, la élite política, empresarial, militar y policial intenta desalojar a los garífunas para destinar los territorios a proyectos turísticos o tener sus casas de playa. Si nos lo imaginamos, es un negocio redondo: desmovilizar comunidades enteras en lugares como Travesía, San Juan, Triunfo de la Cruz, Corozal, Sambo Creek, Río Esteban y todas las demás, para construir en su lugar paradisíacos centros urbanísticos para personas de alto poder adquisitivo.
Este proceso sistemático de despojo, se opera, especialmente mediante leyes trampa como la Ley de Municipalidades, la Ley de Turismo, las ZEDE y recientemente la Ley 107/2026, entre otras. Sin los garífunas en esa zona, los ricos tendrían un vasto territorio para hacer negocios con megaproyectos turísticos, emulando modelos como el de Tailandia.
En 1994, Honduras suscribió el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el cual manda que los territorios garífunas son inalienables, imprescriptibles e inembargables. En pocas palabras, prohíbe a los gobiernos inscribir esa tierra a nombre de terceros; se permite solamente a nombre de los locales. De ahí que el Estado de Honduras haya perdido ya cuatro denuncias internacionales ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH).

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Perdiendo territorio
Aun así, el pueblo garífuna ha perdido cuantiosas extensiones de tierra, en parte también por ventas irresponsables. De mantener esta dinámica, en poco tiempo ya no estaríamos solo arrinconados, sino prácticamente expulsados de nuestros propios territorios.
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La pregunta de fondo es: si desaparecen las comunidades, ¿hacia dónde se van los garínagu? El escenario de migrar a otras zonas del país no es viable. Primero, porque los garífunas no invaden tierras; saben que serían asesinados y, de todas maneras, no forma parte de su cultura. Segundo, porque en Honduras persiste un fuerte sentimiento antigarífuna, alimentado por la desinformación de los medios de comunicación tradicionales.
Mientras tanto, en otros países como Brasil, existen ejemplos de cómo el Estado ha realizado el saneamiento territorial, expulsando a terceros de áreas indígenas para liberar zonas del tamaño de Portugal. Sin embargo, Honduras niega a desarrollar los estudios técnicos y científicos necesarios para garantizar una verdadera justicia. En el contexto hondureño, un título de propiedad no basta, ya que no representa una prueba plenamente fiable de seguridad jurídica, mucho menos de propiedad.
Link de publicación original: https://wa-dani.com/el-codiciado-litoral-atlantico-el-plan-detras-del-despojo-del-territorio-garifuna-en-honduras/

