Por: Galel Cárdenas

En el más puro ludismo de niños jugando  al azar hay un mecanismo de adivinación y pruebas llamado piedra, papel y tijera. Pues bien, hoy le daremos un giro completamente distinto a ese juego, lo tomaremos como un principio de análisis de la realidad nacional. 

Piedra. En el contexto actual de nuestra realidad la población hondureña padece de una de las dictaduras más oprobiosas que subsisten en el ámbito latinoamericano, la tiranía de Juan Orlando Hernández, quien asumió el poder con el más horrendo proyecto tenebroso que alguien pueda imaginar.

Un proyecto elaborado por la Agencia Central de Inteligencia norteamericana y también por los cuerpos de inteligencia de Israel.

Ellos tramaron y orquestaron el Golpe de Estado del año 2009, en su afán de evitar que otro sistema político económico e ideológico lograra alzarse con el poder general de la nación en Honduras. Estaba en su mayor auge Hugo Chávez, Ignacio Lula da Silva, Cristina Fernández, Rafael Correa y Fernando Lugo.

Uno por uno de estos presidentes fueron derrocados como líderes latinoamericanos de carácter progresista y de la corriente denominada socialismo del silgo XXI.

El proyecto fue finamente elaborado y presentado a sus lacayos sirvientes líderes políticos, religiosos, militares y empresarios hondureños, mismos que recibieron el dinero que les proporcionó el imperio con el fin de movilizar piezas entre Washington, Miami y Tegucigalpa.

Todo ello con el objetivo preciso de  evitar que la Consulta Popular impulsada por el presidente Manuel Zelaya Rosales   —quien a la sazón se había convertido en amigo personal de los antes citados presidentes, incluyendo a Fidel Castro, y había desarrollado políticas sociales de gran impacto en el sector más empobrecido de la nación, como por ejemplo la subida al salario mínimo de manera espectacular, la rebaja del combustible, la rebaja de la energía eléctrica, el incentivo a la producción agrícola,  etc.—   constituyera una real perspectiva de entrar en el proyecto de la Asamblea Nacional Constituyente, tema que se había convertido en corrientes sociales poderosas en el continente latinoamericano.

Asestado el Golpe de Estado como proyecto neoliberal y dictatorial se procedió a buscar un candidato transicional del Partido Nacional para que se hiciera cargo de abrirle el paso al elegido que estaba en el Congreso Nacional emitiendo todas las leyes pro imperiales posibles y transnacionales, mismas que desmontaban de hecho el estado beneficiario liberal, para ello necesitaron las fuerzas armadas para sostener el sistema que se iba crear en Honduras, como modelo experimental.

Y el modelo fue repetido en Paraguay, Argentina, Brasil, Chile, menos en Venezuela, a quien le aplicaron otro método, el de envenenar a Hugo Chávez con un cáncer inducido. Sin embargo, tal asesinato no produjo los resultados esperados debido a que Chávez había fundado un ejército político progresista y así Nicolás Maduro se ha podido sostener contra todos los inventos calumniadores y las acciones derrocadoras de la CIA y los empresarios proclives al imperio.

Instalado el modelo, impusieron después tales fuerzas a un individuo sin escrúpulos de ninguna naturaleza, no importara que su hermano a esa altura de su aparecimiento en la nave del Estado fuese ya un capo muy reconocido en América Central, con el cual ejercían un negocio expedito de tráfico cocainero.

A la CIA que es el poder inteligente del imperio, a cuya cúpula eso no le importaba; así crearon una roca, una piedra, un peñón de granito, ante cuyos pies se han reventado todas las olas de combate a la dictadura durante diez años.

Así que en la práctica han construido un Estado convertido en una esfera de acero y titanio que es como el granito de la piedra más endurecida posible.

PAPEL. Dos han sido los roles que se han jugado tanto la dictadura como la resistencia política hondureña. La primera ha desmontado todas las leyes del estado beneficiario para instaurar un sistema cerrado con llave de encriptación de leyes neoliberales, pero, han llegado más allá de esta dimensión, han redactado y aprobado leyes personales para sus empresas, su corrupción, su represión, su saqueo, su defensa judicial, han montado un “estado fascista, neoliberal cachureco orlandista”.

Por su parte la resistencia convertida en partido político ha ganado dos elecciones generales partiendo de una masa política hondureña que detesta completamente al dictador y toda su caterva de represión, manipulación y saqueo.

La resistencia popular  hondureña lleva en su paso político centenas de mártires, unos conocidos y otros desconocidos, compañeros  que han sido asesinados alevosamente, mientras se lucha casi con un sentimiento de impotencia, pero, con  un alto sentido de compromiso y convicción, que ha  logrado mediante las elecciones,  algunas instancias de administración del Estado, las cuales no son suficientes para detener la vorágine de la dictadura,  que tiene en el Congreso Nacional el poder mayoritario de los partidos fascistas caracterizados por una ideología anticomunista que ve en los líderes de oposición real progresista y revolucionaria, unos monstruos y fantasmas que se deben borrar del mapa de los vivos.  

Es un papel patriótico el de restaurar la democracia, refundar la patria y volver a la paz ciudadana con plenitud de derechos humanos satisfechos.

TIJERA. Las consecuencias de este choque de clases sociales es el enfrentamiento ideológico en todos los terrenos de la realidad nacional. He aquí que tienen sentido los cuatro  tipos de lucha que las clases marginadas del poder tienen a la mano, la lucha política, la lucha económica, la lucha social y la lucha cultural, mediante las alianzas entre los movimientos sociales obreros, campesinos, estudiantiles, universitarios, empresarios patriotas, en donde no exista la duda, la sospecha, la ambición, la calumnia, el descrédito, el oportunismo.

Esta lucha de los líderes está respaldada por la historia, es decir por el papel que han jugado en el decurso del tiempo deslizado en décadas de accionar político, en cuyo historial no haya habido siquiera una semblanza de traición, trasfuguismo y demás otros caracteres de los vicios políticos tradicionales.

Se necesita la madurez política, la crítica y la autocrítica como principios revolucionarios, pero que sean constructivos de una fuerza  

sólida, unitaria y transformadora.

Esta fuerza inclaudicable representa la tijera que deberá cortar el hilo de la dictadura, la tela-araña mediática y fáctica urdida con dineros manchados de sangre derramada por la dictadura y por el tráfico de la cocaína entre miles de jóvenes,  hoy calidad de perseguidos por las fuerzas del crimen organizado y las fuerzas militares contaminadas por los carteles de la droga que han quedado en pie, bajo la égida de la dictadura orlandista.

Será una tijera gigantesca, capaz de cortar la urdimbre de las leyes tiránicas creadas para montar un estado impío, impune, asesino, tenebroso y hediondo a miasmas putrefactas de los más deleznables crímenes de Estado jamás cometido por fuerza política alguna.

Una tijera que corte la piedra que ellos creen inamovible, una tijera con la fuerza que corte la esfera de su impenetrabilidad, una tijera que haga añicos la insoportable pesadez de su ser dictatorial.

Tijera del tamaño del sol, del huracán, del terremoto, de las fuerzas más puras de la sociedad hondureña en estado de franca rebeldía, resistencia y revolución.