Por Oscar J. Amador
A los pueblos del mundo, al valiente pueblo hondureño, a los que resisten, a los que luchan por la justicia, a los que no se rinden. A los políticos, embajadores y representantes aquí presentes: escuchen bien, porque esta no es solo la historia de Honduras, es la historia de América Latina.
América Latina es un continente herido. Sus venas han sido abiertas una y otra vez, primero por los conquistadores, luego por los imperios modernos y hoy por nuevos verdugos que llevan trajes elegantes, que hablan de progreso mientras venden nuestras tierras, que prometen desarrollo mientras condenan a nuestro pueblo a la miseria.
Honduras ha sido un ejemplo claro de este saqueo. Nos quisieron vender a pedazos con las ZEDES, entregando nuestra soberanía a intereses extranjeros como si este país fuera una mercancía.
Y ahora, nuevos “sheriffs”, como unos cuantos congresistas estadounidenses y políticos locales carentes de identidad cultural, se atreven a dictarnos cómo debemos gobernarnos. Repiten como loros el discurso del neoliberalismo, defendiendo el saqueo de nuestros recursos, protegiendo los privilegios de una élite que ha vivido a costa de la pobreza de nuestra gente. Nos llaman populistas porque decidimos gobernar para el pueblo y no para los empresarios. Nos llaman dictadores porque no nos arrodillamos ante sus intereses. Pero ¿Quiénes son los verdaderos criminales? ¿Quiénes han saqueado nuestros países durante siglos?
Lo vimos el pasado 9 de marzo, cuando desde el CNE se firmó un contrato para el traslado logístico de las urnas, un contrato que la oposición ha utilizado como herramienta para manchar la democracia y debilitar la institucionalidad de nuestras Fuerzas Armadas. Quieren culpar al gobierno de Xiomara Castro porque no pueden aceptar que Honduras ya no es su finca privada. Pero no nos engañemos: esto no es un error, es un plan bien calculado para desestabilizar el país, para abrir las puertas a un nuevo golpe de Estado, como lo han hecho tantas veces en nuestra historia.
Y a los que dicen estar con el pueblo, pero actúan con las mismas mañas del pasado, les digo: BASTA DE JUGAR CON LA ESPERANZA DE LOS HONDUREÑOS. Y a los nuevos políticos; No sigan heredando las prácticas corruptas de quienes nos sumieron en la miseria.
La justicia en Honduras sigue siendo un arma contra el pueblo. Aquí encarcelan al que se roba una gallina para alimentar a su familia, pero los oligarcas y políticos que saquearon el país siguen libres. Mientras el pueblo moría en los hospitales durante la pandemia, ellos se enriquecían con contratos amañados.
Hoy nos dicen que todo está bien, pero que salgan a las calles y vean la realidad. Que caminen entre la gente y escuchen lo que de verdad piensa el pueblo. Que vayan a los hospitales y vean cómo, a pesar de los esfuerzos de este gobierno, aún hay hondureños que mueren por el abandono histórico del sistema de salud. Que vayan a los barrios y colonias y escuchen las historias de miseria que fueron heredadas del pasado y que aún no han sido erradicadas, porque falta mano dura para acabar con los que siguen viviendo del dolor de este país.
El poder no es de los políticos. No es de los Presidentes. No es de los Secretarios de Estado. El poder es del pueblo. Nosotros ponemos y nosotros quitamos. Y el pueblo siempre vencerá. Jóvenes, los llamo a ser el cambio. No repitamos la historia.
Este 30 de noviembre, elijamos con conciencia, con dignidad, con la certeza de que el futuro es nuestro. No se dejen guiar por el tradicionalismo político familiar que ha condenado a este país al atraso. Seamos diferentes. Demostremos que somos el futuro del mundo y de Honduras. Cuidemos nuestro planeta, defendamos nuestra soberanía y luchemos con fuerza contra quienes nos quieren robar el futuro que estamos construyendo.
Como decía Eduardo Galeano: «Si la historia la escriben los vencedores, entonces tenemos que hacer que ganen los pueblos.»
Y que no se equivoquen, este continente no es de las oligarquías, ni de los banqueros, ni de los extranjeros que nos miran con ansias de conquista. América Latina es de los pueblos, y, sobre todo, de los pueblos originarios, los primeros dueños de esta tierra, los que han resistido desde la invasión, los que han mantenido viva nuestra identidad. Sus voces nunca han sido silenciadas, porque sus raíces son más profundas que cualquier imperio.
¡Que viva la dignidad de Honduras! ¡Que viva el poder del pueblo! ¡Que viva América Latina Libre y Soberana!. Muchas gracias.