Por: Carlos Méndez

Nos gustó mucho, la verdad, el momento y la mañana del pasado 15 de septiembre cuando Xiomara Castro con su voz limpia dedicó su discurso a Francisco Morazán el principal líder y Presidente de la República Federal de Centroamérica., entre 1827 a 1839.y que, además, este octubre cumple 230 años de su nacimiento.

 -¡Ordeno, dijo la primera mandataria de estas Honduras, desenterrar el pensamiento del General Francisco Morazán y sus ideales!

Castro dio instrucciones para que la Ministra de Cultura, y los ministros de Educación y Planificación, procedan de inmediato a ¡instalar la catedra morazánica en cada escuela, en cada colegio; en cada Universidad.

Inhumar el pensamiento del héroe y su proyecto unionista no es cualquier cosa. Nos habla no solo de un deber oficial, sino de la sociedad entera y sus segmentos más lúcidos y comprometidos en continuar el proyecto libertario del hijo prodigioso de Don Eusebio Morazán y Doña Guadalupe Quezada:  La consigna de país debe ser, entonces, lo fue siempre, enterrar el despreciable olvido sobre la vida y obra humana de Morazán para lo cual se requiere mucho talento imaginación y creatividad a borbollones; pero, sobre todo, decisión y voluntad política. Este camino de recuperación  lo comenzó a andar el gobierno Liberal reformista de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa, entre 1876 a 1881, abriendo espacios para la producción investigativa y su divulgación ya que los conservadores, los primeros tatas putativos del cachurequismo y liberalismo suazo cordovista, con el apoyo de los curas católicos igualmente reaccionarios cerriles, se propusieron con meticulosa empresa relegar de la memoria colectiva metiendo miedo y odio contra  el benemérito de Centroamérica, propagando la idea  de que este era un demonio o un mal endémico para la gente.  Una mirada en retrospectiva rigurosa nos podría decir con justicia, qué tanto lograron los y las que se propusieron hasta nuestros días, sobre hundir en el pozo profundo de los tiempos, la visión liberadora de Centroamérica fundida en una sola República Federada. Una consulta no generalizada y por no tener suficiente recuperación de la memoria histórica de nuestros héroes, sobre todo en lo que se refiere a su vida cotidiana, relaciones humanas en el entorno familiar y en la sociedad hondureña y centroamericana a pesar de los valiosos aportes historiográficos generados, nos hacen pensar con cierta duda, por supuesto, que los conservadores casi se salen con la suya de invisibilizar al ser humano con sus debilidades y virtudes, pero que se propuso una  gesta libertaria inédita para su época y la nuestra.  Por eso es que resulta grato, alguna riqueza bibliográfica y a sus tesoneros recuperadores en la disciplina de la Historia hondureña. Es digna de mérito v.gr la historia novelada por Ramón Amaya en los brujos de Ilamatepeque y que nos rescata un hecho verídico acerca del fusilamiento de dos campesinos, los hermanos Cano, acusados de hechiceros o brujos porque al regresar de la guerra liderada por Morazán, ponen en práctica los conocimientos de sobrevivencia que este les brindó, como la fabricación de remedios caseros para la salud físico-mental y técnicas sencillas para producir la tierra que les hizo ganar mucho cariño y respeto; hasta que llegaron  al atrevimiento de enseñar a leer y escribir al pueblo, hechos también,  por el cual son perseguidos hasta llevarlos al suplicio de la muerte por el alcalde y el cura del pueblo con sus creyentes manipulables. 

-Fue un asesinato político-, dice Tobías Rosa, en su escrito “El fusilamiento de los Cano” de donde a su vez se inspiró Amaya Amador para escribir su novela, repleta de alucinante asombro y ternura.

Pero fíjese Ud.: hagamos un repaso acerca de los constructores de olvido del prócer y su proyecto unionista. Rafael Carrera, un montaraz de carrera, y peón de la contrarrevolución confederativa, hizo lo que tenía que hacer no solo enfrentando con las armas a Morazán, sino que, con el apoyo de la iglesia católica hicieron una feroz campaña en todos los países de la región, en donde se difundió y se hizo creer que Morazán era un ateo y que, por tanto, era la desgracia mortal para estas republicas. Por supuesto que esta propaganda en el que se utilizan los pulpitos católicos, incidieron y mucho, en estos lugares colonizados también, mentalmente.          

Zambúllase en la historia y pase lista a los Carrera de sus generaciones subsiguientes y se topará más temprano que tarde, con un Tiburcio Carias Andino, el mandamás tétrico de las compañías bananeras, que, en su dictadura, en 1942 tuvo la “gracia” de decretar el 3 de octubre, fecha de nacimiento del héroe, oiga bien, como el “día del soldado”, para congraciarse con las también enemigas de Morazán, las “gloriosas” Fuerzas Armadas, el brazo bélico de poderes facticos y por ende, enemigos de todo intento  reformista de  progreso y desarrollo integral de estas naciones por el que murió el soldado de Gualcho.   Y así sucesivamente, llegamos al inmortal e inmoral imperio roji-cachureco del juan orlandismo que, entre otros adefesios y ruindades, esculpió un decreto destinado a “colocar como cebo en la conciencia colectiva, un feriadón, llamada semana Morazánica y “que opaca su gloria y ofende su memoria”, exclama con enfado Carlos Turcios, Director de la Casa de Morazán acá en Tegucigalpa.

 “La posteridad nos hará justicia” le dice Morazán a su leal amigo Vicente Villaseñor, cuando se conducían al paredón donde fueron ejecutados.

Estas palabras del Bolívar de Centroamérica” nos recuerda la necesidad de preguntarle al propio Morazán acerca de qué tanto estamos haciendo y caminando en su utopía libertaria. Haciendo excepciones, este mensaje telegráfico no es dirigido por supuesto al cachureliberalismo de siglos. ¡Es para los contingentes de personas soñadoras y tercas, aferradas a la visión de que otro país y otra Centroamérica unida y progresista es posible!

Desde el fondo de la geografía nacional, con su “gentillal de gente” de más de 9 millones, en el reciente 15 de septiembre nos pareció escuchar desde Ilama,  Gualcho y la Trinidad: ¡Ordeno  quitar  la acartonada figura del prócer de los espacios hipócritas de los comerciantes,  lo mismo que  los churutes o  estatuas de  mal gusto que han puesto en mi nombre en varias partes del país y a cambio, recuperar al Morazán de carne y hueso desde su vida cotidiana para comprender cómo judas desarrolló la poderosa inteligencia racional; del niño adolescente y joven superdotado de su cerebro que sin tener enseñanza pública básica ni superior,  estudia por cuenta propia y recrea en su praxis a los Enciclopedistas  incorporándose a las tertulias patrióticas con su tío Dionicio de Herrera, (círculos subversivos para las rémoras colonialistas), en la Tegucigalpa minera de finales del siglo XVIII  y la primera mitad del XIX.

Se oye también, “¡ordeno a la psicología social, rescatar al benemérito, en el ¡cómo desarrolló y se empoderó de su inteligencia emocional y espiritual para forjar valores éticos invaluables como la lealtad, la virtud de la palabra empeñada, relaciones humanas fraternales, amor patrio etc.

Se escucha, además: “¡Ordeno recuperar, ¡cómo el héroe de Las Charcas, junto a Bolívar y otros, reclutan y se relacionan, no por arte de magia, por cierto, con generales bonapartistas que se fueron a los Estados Unidos desde Francia y que más tarde se les ve apoyando la independencia de aquel país, y también, en algunas batallas junto a Morazán y otros líderes independistas de América, en cuenta Bolívar y San Martín en América del Sur!

En fin, y para no cansarles, un viejito de 100 años desde Moroceli dice al oído: ¡Ordeno, a los educomunicadores populares freiranos y no freiranos, explicarnos qué significa hoy “la educación popular es el alma de las naciones libres” para Honduras y la Centroamérica del siglo XXI!   

No nos engañemos. Vea: evitemos ser ingenuos. No estamos afirmando con lo anterior que, con recuperar históricamente a Morazán desde su vida cotidiana, sus batallas cívicas y también militares “refundaremos nuestro país” ahora y por sí mismo; de ninguna manera, pero, al menos, para comenzar, sería un gesto de buen gusto y respeto por el Chico Morazán cósmico, universal; el genio, el ser humano redescubridor de la vida.

                            

 

 

 


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