La libertad de expresión para los privados de libertad

La libertad de expresión para los privados de libertad

Por: Anarella Vélez*

"Los que niegan la libertad a otros no la merecen para ellos mismos".

Abraham Lincoln

Las y Los privados de libertad son considerados como uno de los grupos vulnerables de nuestra población. Están bajo la custodia de policías o militares que no siempre son respetuosos de la Ley. Generalmente éstos últimos desconocen que ellas y ellos gozan de derechos y garantías contempladas tanto en normativas nacionales como internacionales y que es obligación del Estado, y por tanto ellos mismos,  velar por el efectivo cumplimiento de estas normativas.

Uno de los principios jurídicos que debe regir la aplicación de estas regulaciones es el de que todas y todos los privados de libertad tendrán los mismos derechos y obligaciones, sin más distinción que el de la modalidad de custodia o de ejecución de la pena que se les haya impuesto. En nuestro país ocurre que en determinados reclusorios se cuentan con mayores y mejores condiciones de confort, las cuáles deberían llegar en todos los centros penales. 

Por otra parte, aquellas conductas de los custodios consideradas violatorias de los DDHH de los penados anula el objetivo de la pena de privación de la libertad, no se debe olvidar que la finalidad de esta persigue que la persona humana condenada vuelva a integrarse a la sociedad como una ser que ha mejorado mientras se ha encontrado en prisión.

En las cárceles de Honduras ocurre, con demasiada frecuencia, que la población privada de libertad no es tratada con el respeto propio de la dignidad humana, tal como ordenan las leyes. Son desconocidos sus derechos a la dignidad, a la integridad física, psíquica y moral. El trato suele ser desigual, se les impide poner en ejercicio su derecho a peticionar ante las autoridades del sistema, se les vulnera el derecho a la defensa y por tanto se vulnera su derecho a la libertad de  expresión, de opinión y el libre acceso a la información. En el mundo contemporáneo se entiende que éste es un elemento crítico para toda democracia, vital para el desarrollo y sobre todo esencial para el diálogo y la sana comunicación.

La libertad de expresión, ese derecho humano consagrado en el artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos desde 1948, reconocido en nuestra Carta Magna desde 1982, del cual derivan otros derechos fundamentales es constantemente violentado en nuestro sistema penitenciario.

A muchos de los seres humanos condenados se les impide tener acceso a lápiz, papel, no digamos a una tecnología que les permita estar al día con las transformaciones que vive la nación y el mundo.

A partir del golpe de Estado en Honduras, con la consolidación de un estado totalitario los DDHH de esta población vulnerable se ha deteriorado y las políticas penitenciarias se han alejado de la visión social de la privación de libertad que la de lograr la adaptación Social. Prueba de ello es que la mayoría de los centros penitenciarios de nuestro país carecen de biblioteca y de los recursos para formar una opinión veraz del acontecer.

En la medida que en Honduras se erradiquen estas malas prácticas violatorias de las leyes, más cercanos estaremos de que se logre el objetivo de la imposición de penas como la privación de libertad y se conquiste una apropiada adaptación de esta población a la vida en sociedad. Quienes niegan la libertad de expresión no la merecen para sí mismos. 

Foto: alainet.org

* Poeta, Historiadora, Catedrática Universitaria y Gestora Cultural.