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Por: Andrés Pavel*

Los principios rectores de una democracia funcional son la transparencia y la veeduría ciudadana. Sin ellos, un sistema basado en la elección de funcionarios cada tantos años podrá tener la semblanza superficial de una democracia, pero distar mucho de serlo en la práctica, ya que sin estos mecanismos de inclusión social el voto es un voto a ciegas, que solo favorece a los caudillismos, y lejos de ayudar a la población, muy probablemente la conduzca a la zozobra.

Por: Juan Almendares Bonilla*

Una nación es una comunidad política extendida con la suficiente fuerza interior para persistir en la historia, materializarse en un territorio propio, en prácticas políticas y culturales soberanas, en la idea de un ancestro común y en la voluntad de un destino colectivo único. 

Una nación existe cuando los connacionales, independientemente de donde estén y la condición económica que posean, creen en participar de una hermandad histórica de origen y de destino cultural, que han de traducirse, luego, en derechos que las diferencias de otras naciones.

En ese sentido es que puede decirse que la nación es una forma de riqueza materia, institucional, natural, simbólica y compartida.

La nación es, pues, la consciencia práctica de una frontera social e institucional en las que las personas inscriben sus luchas, sus creencias fundamentales y el futuro de su descendencia.

Las naciones son, por lo tanto, artefactos políticos-culturales vivos que se expanden y contraen, que se modifican internamente en su sustancia cohesionadora dependiendo de los sujetos sociales que liderizan, de manera duradera, la conducción intelectual y moral, el

“sentido común” (Gramsci) de todos los connacionales. Álvaro García linera (Democracia, Estado y Nación)

 

Excito a la juventud, que es llamada a dar vida a este país que dejo con sentimiento por quedar anarquizado, y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza antes que dejarlo

abandonado al desorden en que desgraciadamente hoy se encuentra” Francisco Morazán

Por: Claudia Sánchez Cárcamo*

Solía decirnos la disidente, bohebria, mordaz poeta y suculenta actriz Juana Pavón que “Honduras tiene nombre de Mujer”, quizás por ser una nación que arrastra los males machistas y colonialistas de la seudo “Conquista” en una vorágine, mineral sin alma Honduras obligo de América gemela continental de África, separadas por un abrir y cerrar de pangueas, movimientos tectónicos cuyas cicatrices curaron el salitre del mar Adriático.

Por: Roxana Vásquez*

“Ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence. Y este enemigo no ha dejado de vencer.” — Walter Benjamin, Tesis sobre la filosofía de la historia, 1940.

 

Esta frase de Benjamin me ha llevado a reflexionar en torno al momento actual del país. Este filósofo era un marxista no-ortodoxo que criticó fuertemente el materialismo histórico hegemónico de la izquierda de aquel momento. Su pensamiento estaba arraigado en el judaísmo, no únicamente como una religión, sino como una episteme; es decir, una atmósfera cognitiva e interpretativa de la realidad. El pueblo judío, como sabemos, ha sufrido una persecución histórica (inclusive muchos siglos antes del nazismo) que probablemente sirvió de antesala al racismo moderno. Uno de los factores que influyó en el sentimiento antisemita, fue la visión inclusiva y plural que esta episteme tiene con respecto a la historia.

Paralelamente al pensamiento indígena, el judaísmo cree que la historia debe ser interpretada como una multiplicidad de visiones que merecen ser contadas. Por eso el Talmud, uno de los textos sagrados de esta religión, es una compilación de todas las discusiones rabínicas que fueron dando lugar al judaísmo y más ampliamente a las religiones abrahámicas.

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