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  Autora: Claudia Sánchez Cárcamo

 

Las y los hondureños/as conformamos nuestra identidad nacional y cultural, a través del conjunto de obras que mujeres y hombres nos han legado, pese a muchas dificultades enfrentadas en los últimos años a raíz del golpe de estado, desde antes nos hemos vistos expuestas y expuestos a serios procesos de alienación, exclusión, marginación económica, educativa, sanitaria, y fuerte desarraigo social.

 

En los países como Honduras donde las infancias están desprotegidas por diversas aristas de bienestar y derechos inalienables como un nombre, nacionalidad, salud educación, alimentación, entre muchos más, vista a ojo y paciencia Estatal desde la falta de inoperatividad de instituciones que velen por resguardar la integridad física y mental de las infancias en riesgo social no importa la ciudad que mencionemos encontraremos centenares de menores deambulando a cualquier hora en condición de riesgo social en la calle, es incuantificable la moratoria judicial en los pocos casos en que se interponen denuncias por delitos cometidos contra infantes “Total nunca se hace nada ahí, solo iría a gasta mi pistillo en el transporte”, el adulto centrismo que desestima lo que dicen las niñas, niños y jóvenes quedando su palabra como si fuera una mentira a causa de su imaginación aniquilando con esta excusa o escudo usado por el violador la quebrantar la inocencia de su víctima. 

Por: Jorge Alberto Villeda Bojorque

Una Zede desde una perspectiva económica es una zona especial de desarrollo de empleo que tiene como objeto la aceleración mercantil dentro de un determinado estado. El devenir del sistema neoliberal propuesto por el régimen capitalista tiene como consecuencia el desarrollo de la explotación de la propiedad con la idea de generar recursos, servicios y capital. La idea mercantilista de las Zedes se sustenta en la generación de empleos, desarrollo de infraestructura, la apertura al libre mercado y una aceleración económica mediante la inversión extranjera.

Por: Andrés Pavel*

Los principios rectores de una democracia funcional son la transparencia y la veeduría ciudadana. Sin ellos, un sistema basado en la elección de funcionarios cada tantos años podrá tener la semblanza superficial de una democracia, pero distar mucho de serlo en la práctica, ya que sin estos mecanismos de inclusión social el voto es un voto a ciegas, que solo favorece a los caudillismos, y lejos de ayudar a la población, muy probablemente la conduzca a la zozobra.

Por: Juan Almendares Bonilla*

Una nación es una comunidad política extendida con la suficiente fuerza interior para persistir en la historia, materializarse en un territorio propio, en prácticas políticas y culturales soberanas, en la idea de un ancestro común y en la voluntad de un destino colectivo único. 

Una nación existe cuando los connacionales, independientemente de donde estén y la condición económica que posean, creen en participar de una hermandad histórica de origen y de destino cultural, que han de traducirse, luego, en derechos que las diferencias de otras naciones.

En ese sentido es que puede decirse que la nación es una forma de riqueza materia, institucional, natural, simbólica y compartida.

La nación es, pues, la consciencia práctica de una frontera social e institucional en las que las personas inscriben sus luchas, sus creencias fundamentales y el futuro de su descendencia.

Las naciones son, por lo tanto, artefactos políticos-culturales vivos que se expanden y contraen, que se modifican internamente en su sustancia cohesionadora dependiendo de los sujetos sociales que liderizan, de manera duradera, la conducción intelectual y moral, el

“sentido común” (Gramsci) de todos los connacionales. Álvaro García linera (Democracia, Estado y Nación)

 

Excito a la juventud, que es llamada a dar vida a este país que dejo con sentimiento por quedar anarquizado, y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza antes que dejarlo

abandonado al desorden en que desgraciadamente hoy se encuentra” Francisco Morazán

Por: Claudia Sánchez Cárcamo*

Solía decirnos la disidente, bohebria, mordaz poeta y suculenta actriz Juana Pavón que “Honduras tiene nombre de Mujer”, quizás por ser una nación que arrastra los males machistas y colonialistas de la seudo “Conquista” en una vorágine, mineral sin alma Honduras obligo de América gemela continental de África, separadas por un abrir y cerrar de pangueas, movimientos tectónicos cuyas cicatrices curaron el salitre del mar Adriático.

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