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DESAPARECIDO POR EL ESTADO EL 19 DE ABRIL DE 1988

Por: Sergio Rivera*

30 años han pasado desde aquel mediodía que en el centro de Tegucigalpa dos hombres y una mujer te secuestraron para introducirte en un carro doble cabina color rojo con rumbo a la entonces Dirección de investigación Nacional (DIN) en el barrio abajo de la misma ciudad, fue duro ese día, el sentimiento de impotencia que nos invadió fue fuerte.

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Andrés Pavel

Entendamos el pensamiento de masas como el conjunto de posturas compartidas por amplios grupos sociales. Por su naturaleza, este pensamiento no puede, en las actuales circunstancias históricas,  ser conductivo a una transformación positiva de la realidad; por el contrario, lo que encontramos en él es una perspectiva reaccionaria, fuertemente cargada de radicalismos que en una palestra pública serían considerados políticamente inaceptables —intolerancia, prejuicios, una lógica generalmente viciada. En el pasado, este pensamiento ha podido ser afectado drásticamente por los contextos revolucionarios, donde se parte de un repudio generalizado del orden establecido en el seno de una sociedad. El pensamiento evolucionado adoptado para formular una nueva realidad reemplaza el viejo pensamiento de masas, pero no procede de dichas masas, sino que es dictado por una élite ideológica: el pensamiento se difunde primero de un originador teórico a una dirigencia política, y luego se propaga entre las bases seguidoras de la propuesta que entra en vigencia.

Esta dinámica de dirección y distribución del pensamiento conduce a contradicciones eventuales. Existe un distanciamiento de la élite intelectual, que pretende influir sobre las masas pero que no se deja influenciar por ellas. Más grave es que el pensamiento de masas vestigial no es eliminado por las nuevas ideas; esto acaso podría lograrse únicamente alcanzando un estado de ilustración intelectual generalizada. La experiencia muestra que las sociedades occidentales parecen estarse alejando de este objetivo: en el primer mundo, el racismo y la xenofobia resurgen y triunfan electoralmente; en Latinoamérica, la vía electoral parece haberse perdido en favor de la toma del poder por medio de instrumentos judiciales y militares. Así, observamos que sociedades presuntamente democráticas parecen repudiar sus propios principios constitutivos.

El caso de Honduras, claro, es dramático, debido a sus propias singularidades. Recordemos que la independencia de Centroamérica no pasó por un proceso revolucionario; fue un compromiso adoptado para cuidar intereses económicos de una cúpula. El pensamiento conservador no enfrentó la crisis que sufrió en otros contextos, y perduró; el autoritarismo caudillista de Carrera, legado de la colonia, prevaleció en el imaginario colectivo sobre los ideales ilustrados de Morazán. Debe ser realmente aleccionador considerar la resiliencia que tiene el pensamiento de masas: casi 200 años después, los hondureños seguimos organizándonos en derredor de caudillos políticos en detrimento de un establecimiento institucional; nuestra sociedad, pese a estar presuntamente fundada sobre principios equitativos, se asemeja cada vez más a una sociedad de castas privilegiadas políticas, económicas y marciales. Penosamente, parece seguir siendo Carrera quien está vigente en la mentalidad del hondureño promedio.

Una renovación del pensamiento de masas se siente ya como una necesidad palpable en prácticamente toda Latinoamérica; en ningún lado más que en Honduras. En cierta forma nuestro país sí está en el umbral de ese clima revolucionario que se requiere para dar el salto cualitativo en materia de nuestro pensamiento que nunca logramos concretar en dos siglos; el sistema social y político nunca había estado tan descreditado como ahora. Sin embargo, en la antesala de transformaciones radicales, como individuos podemos aspirar a algo mejor que ser parte de una masa popular que recibe pasivamente los dictámenes de una élite sobre el ordenamiento social por seguir. Tal es el enigma de las transformaciones sociales: entre más inexorables parecen, más crucial se vuelve la iniciativa de los participantes involucrados; y la autodeterminación cobra un valor renovado.

 

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La Alianza Regional por la Libre Expresión e Información manifiesta su repudio y condena el asesinato de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, miembros del equipo periodístico de diario El Comercio de Ecuador que fuera secuestrado el pasado lunes 26 de marzo por el Frente Oliver Sinisterra, disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC.
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Por: José de Jesús García*

La criminalidad nuevamente ha silenciado la alegría, el gozo y el alto espíritu de trabajo demostrado por los maestros hondureños que sin importar el latido de la violencia y el peligro recurrente que expone al ingresar al barrio, a la colonia, al caserío que se pintan como calientes, expone su vida junto con los padres de familia al entrar y salir del centro educativo en su jornada respectiva de trabajo.

La violencia; que según la etimología que se explica como acción violenta o contra el natural modo de proceder, que esta fuera de su estado normal como una situación como una situación especial que obra impetuosamente del genio arrebatado e irracible para concretar acciones que mutilan la personalidad humana.

Así nuestra constitución de la República hondureña en el capítulo III art.3 explica que la familia, el matrimonio, la maternidad y la infancia están bajo la protección del Estado y el capítulo IV artículo 119 dice que el Estado tiene la obligación de protección a la infancia y a los jóvenes y los niños gozarán de la protección prevista en los acuerdos internacionales que velan para sus derechos.

Desde hace mucho tiempo el gobierno a través de la policía, el ejército y los distintos órganos de seguridad actúan como una política herrada, desorientada e improvisada pues no se toma en cuenta las instituciones organizadas para hacerle frente a este flagelo que cada día que avanza extiende sus garras con una insaciable sed de sangre.  De sangre de niños, de sangre de jóvenes estudiantes y de sangre de maestros hondureños.

Las Naciones Unidas han expresado “Que necesitamos una estrategia de seguridad, participativa, humana y centrada en la participación y en la protección de las personas y bienestar.

Según estudios del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH) cerca de 1000 estudiantes perdieron la vida en 5 años  EN 2010-2014, las víctimas fueron estudiantes de primaria, secundaria y superior que perdieron la vida en circunstancias violentas, durante  esos 5 años 500 estudiantes de secundaria fueron asesinados violentamente es decir un promedio de 100 por año, a lo anterior se suma que ese mismo período cerca de un centenar de niños y niñas de educación primaria perdieron la vida en iguales circunstancias.

Lamentamos profundamente las muertes violentas del niño de 12 años alumno del séptimo grado Rodys Peralta Rivera del Centro Educativo “Monseñor Jacobo Cáceres Ávila” ubicado en la Aldea de Suyapa. - Del profesor Erick Gualberto Banegas Ortiz de 31 años de edad asesinado cuando impartía el pan del saber en su propia aula en la escuela “Ángel G Hernández” en el municipio de Esquipúlas del norte del departamento de Olancho. – De Silvia Vanessa Izaguirre Antúnez de 27 años asesinada el jueves 27 de marzo quien hacía su práctica universitaria para obtener su título.

Y cansado del acoso delincuencial las autoridades del Instituto Central Vicente Cáceres lamentan y lloran la muerte de la señorita Génesis Janeth Colindres López de 16 años quien fue abatida a balas llegando a su centro educativo.

Y la maestra del centro  educativo Monseñor Jacobo Cáceres Ávila Miriam Leticia Argueta de la Aldea Suyapa resultó herida de gravedad por las balas asesinas de la violencia, cuando llegaba a impartir sus clases a su centro educativo el día miércoles 11 de abril.

No nos queda más que repudiar la impunidad y que la justicia lleve a los criminales a las celdas y aplicar todo el peso de la Ley. Y solidarizarnos con el dolor que nos embarga.

“Hagámoslo hoy, mañana será demasiado tarde".

 

*Maestro jubilado.

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Por: Gustavo Zelaya*

Además de fraudulento, mentiroso, represor y violador de derechos humanos, el grupo mafioso que gobierna el país se define por su voracidad y desmedido afán en acumular riqueza. Y son varios años de obscuras transacciones, de aumentos al combustible, al peaje, a la canasta básica, de negocios turbios desde la casa de gobierno. Todo planeado con la participación de funcionarios importantes y el control de todo el Estado; quieren hacer de Honduras una instalación fabril sin vestigios de legislación laboral, de supuestas soberanías y convertido en un país a su medida; por ello elaboran convenientes normativas que garantiza la inversión privada y la ausencia de protestas sociales.

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