Por: Ronnie Huete S.
Periodista internacional

El engranaje de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se afinca en la cosmovisión pro-globalización.

Nadie cuestiona si la realidad en que vive la humanidad del siglo XXI realmente es la única existente, como sí se hubiese escrito en antiguas tablas de piedra. El avance tecnológico va del lado del retroceso histórico que ha tenido la humanidad, al convertirse inconscientemente en una máquina de producción industrial, alejada de la compasión, conciencia y hermandad.

Los imaginarios colectivos de cada ser humano son capaces de crear realidades adversas de las que normalmente se observan a primera vista.

Lo que representa la felicidad para los que viven en la región sur de la tierra, simboliza una inmensa tristeza para los que viven en la región norte del planeta.

Y es que el desarrollo industrial en los países que han mantenido políticas coloniales sobre otras naciones no ha arrojado como resultado una felicidad plena entre sus habitantes.

Pese a mantener una alta tasa de empleo que garantice la calidad de vida de sus ciudadanos, ese paliativo no logra afianzar el estado de ánimo de sus poblaciones.

El condicionamiento mental provocado por el consumismo que es inyectado anualmente con una sobredosis de propaganda mediática da como resultado que “la felicidad” sea representada en la relación oferta-demanda.

Esta relación destruye todos los principios humanos de interdependencia, puesto que el individualismo es la constante que influye en el pensar y actuar entre las relaciones humanas.

Sociedades industrializadas y contemporáneas como los Estados Unidos, “muchos de sus profesionales de las ciencias sociales, les parecía curiosamente renuentes a aceptar el reto que ahora se les lanza” según el sociólogo estadounidense Charles Wright Mills (1916-1962), quien describió en su libro “La imaginación sociológica” publicado hace 59 años.

El pensamiento de Wright Mills es compartido en la actualidad por otros científicos sociales, quienes develan una clara apatía por los ciudadanos de cualquier país para resolver sus problemas mediante soluciones, cuyo arraigo provenga de la academia.

Esta apatía colectiva, el intelectual italiano Geovany Sartori la describe como la involución del hombre en aquel que solo se limita a ver la televisión y que Sartori describe como el homovidens.

“El homo sapiens, es decir el hombre pensante esta dejando de existir” es una de las ideas centrales del escritor italiano en su obra “El Homo Videns” publicada hace 20 años.

En la actualidad la era tecnológica mediante la fluida comunicación de masas en las redes sociales, no ha estimulado al máximo la capacidad del pensamiento de abstracción de la generación millennials, quienes dan la impresión de adoptar las políticas mundiales contra la equidad humana.

Pareciera que una enorme plaga de la desidia enfermera la mente de la humanidad, a tal punto de influir en las democracias, cuyos candidatos, aunque no sean los óptimos por su capacidad intelectual de poder gobernar, son elegidos ganadores.

Ejemplo de esta desidia, fueron las pasadas elecciones en los Estados Unidos, en donde resultó como ganador, Donal Trump y que luego su tipo de gobierno se tornase mediático y altamente polémico y de confrontación con la prensa.

Es imposible no determinar que el empobrecimiento del raciocinio influenciado por el consumismo y un alto porcentaje de temas banales en las redes sociales y la prensa tradicional mantenga una fuerte política vacía alejada de la razón.

¿Cómo es posible que un “twuit” de un presidente como Donald Trump, direccione toda la agenda mediática mundial?

Un posible elemento social para responder a esta pregunta clave, es la desinformación y la falta de ética en los emporios mediáticos en su arquitectura de la información, que realmente es una ilusión impregnada por los intereses millonarios de la minúscula elite que controla el nuevo orden mundial.

Por tal motivo, una de las principales deformaciones sociales que hay que atacar es el desinterés que ha transformado a las sociedades en enajenadas, frías, calculadoras y esclavas del dinero.

Para volver a diseñar a estas sociedades en humanas, es necesario el estudio metódico a través de la lectura de textos académicos, que nos proporcionen luces de que como debemos encaminar el nuevo imaginario social en nuestras vidas.

Los comportamientos y las relaciones entre los humanos basados en el respeto mutuo en las diferencias de culturas, lenguas, o credo, es un buen comienzo para rediseñar la cosmovisión humana entrelazada por la paz.

Tal y como lo expuso el filme estadounidense “The Matrix” los humanos viven encapsulados en una realidad adversa oscurecida por la ilusión, pero para poder romper con esta falsedad, es necesario comenzar a ser consientes del dolor que pasan los pueblos que han sido sometidos a la guerra en nombre de la “libertad, fraternidad e igualdad”

Estos tres preceptos que fueron engendrados en la revolución francesa fueron el inicio de una nueva era de engaños que vivimos hasta en el presente.

La proclamación de la libertad en cada habitante de la tierra, siguiendo su propio diseño nacido en su imaginario social, es un buen inicio para salir de la arquitectura de la ilusión prediseñada por la élite mundial.


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