Por: Rui Díaz*

Llegó Berta; descendiente de los que poblaron este continente, llamado Abya Yala, hace más de 20 mil años; a contrariar a los malinches que, en estas Hibueras, celebran el día del “encuentro” (al que llamaron Día de la Raza ¿la europea?) entre los pueblos originarios y los que llegaron hace apenas quinientos años, cuando empezó, según estos últimos, nuestra historia. Les molesta que la verdad se empecine en contradecirles.

Les incomoda la verdad que apunta a que desde antes de la invasión europea de 1492, los abuelos de los pueblos originarios, que son los nuestros, dieron su lucha, su tiempo, su conocimiento en defensa de los bienes comunes en Abya Yala. Berta llegó a recordarles, a los malinches, la verdad: ¡No fue encuentro, fue genocidio!

En esta noble Hibueras, el ciudadano banquero futbolero revela que toda deuda se paga con intereses, incluso ocupando territorios y hasta países enteros sin pedir consentimiento a quienes ahí habitan y cuando se trata de reproducir el capital venden hasta seres humanos. Les molesta que la verdad justifique la rebeldía.

Evo, hermano boliviano de Berta podría escribir con elegante ironía ¿Saqueo en Guapinol o en Agua Zarca? ¡No pudiera ser! Porque sería pensar que los ciudadanos, banqueros cristianos, futboleros, faltaron a su Séptimo Mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarnos que los banqueros criollos futboleros, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!

Les molesta que se exija la verdad, porque la verdad establece que el de Berta es un crimen de lesa humanidad (como el que comenzó aquel Octubre 12) producto de persecución sistemática, concebida, diseñada y coordinada desde las altas esferas del poder de estas Hibueras.

La verdad, no incluida en el Código Penal Hondureño, dentro del catálogo de derechos de las víctimas, es el fin último del proceso judicial. Y esa verdad clama por el esclarecimiento de los millones de asesinatos de quienes nos dieron la Biblia, pero nos quitaron la tierra y que ahora se empecinan reproducir su capital robándonos los bienes comunes.

La verdad apunta a la sistematicidad en el asesinato de ambientalistas en general y el de Berta Cáceres en particular en estas Hibueras y los convierte en asesinatos de lesa humanidad y en ese contexto el derecho de las victimas trasciende hasta el derecho de la sociedad, trasciende las fronteras y llega hasta los territorios de aquellos que nos esclavizaron, expoliaron y asesinaron y que pretenden, con nuevos nombres, seguir haciéndolo.

Recordamos la falta de verdad en los casos de Blanca Jeannette Kawas, Carlos Escaleras y Carlos Luna, con quienes inició el tortuoso camino neoliberal de asesinatos de compañeros que luchan por la conservación de los bienes comunes, que exigían, como mínimo, la consulta previa, libre e informada, antes de implementar proyectos potencialmente contaminantes y/o que despojan a pueblos originarios, negros y garífunas de sus posesiones ancestrales, a fin de favorecer a la oligarquía criolla aliada al capital extranjero.

Junto a Carlos, Blanca, Carlos, entre 2000-2018, otros 120 ambientalistas hondureños han sido asesinados (sin contar la expulsión del padre Tamayo), lo que solo refleja la impunidad en la aplicación de la justicia en Honduras y que se suma a la impunidad de aquellos que contaban con la Biblia para justificar su barbarie.

¿Será Genocidio? Temerario señalamiento sería dar crédito a los ultrosos como Arturo Uslar Pietri, quien afirma que el arranque del capitalismo y de la actual civilización, europea por supuesto, se debe a la inundación de metales preciosos. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre? se pregunta el hermano boliviano de Berta.

El caso del asesinato de Berta Cáceres sentó un precedente jurídico cuando el COPIMH se constituye como víctima junto a su familia y formaron parte del proceso en tanto acusación privada, hasta que el Ministerio Público, cumpliendo los deseos del banquero futbolero, justifica su salida.

Desean se esconda lo que sucede dentro de los juzgados y no se escuche su vos en el proceso que puede sacar a la luz el apellido del banquero futbolero. La verdad se empecina en confirmar que su expulsión, en tanto que acusadores privados, fue contrario al derecho internacional y la subordinación de la justicia al poder económico.

El MP no representa a las víctimas y su comportamiento parece ordenado por agentes poderosos vinculados al banquero futbolero y se conduce más como vocero de los grupos que están detrás del asesinato de Berta Cáceres en Marzo 2, 2016, implicando tesis sobre las causas de su asesinato alejadas de la lucha contra los intereses de las empresas extractivistas y depredadoras de los bienes comunes.

El MP representado en el juicio contra los supuestos autores materiales del asesinato por Ingrid Figueroa, Javier Núñez, David Delgado y Melisa (¿?), ha conducido mal (¿alevosamente?) las audiencias, aparentemente no preparan testigos, niegan información a las víctimas, han sido ineficientes y no diligentes en el proceso.

Ergo, el crimen de Berta debe investigarse como un crimen internacional. La verdadera justicia la hará el pueblo hondureño. Vienen de nuevo las carabelas a llevarse lo que olvidaron sus antecesores invasores, vienen con nuevas Biblias, pero esta vez esta Berta … que no ha muerto … se multiplica; nos obliga a no cerrar los ojos. Tras el vivir y el soñar, está lo que más importa: despertar y luchar.

*Maestro jubilado, dirigente popular e integrante del equipo de comunicaciones del programa "COPEMH Informa".


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