Por: Alex Palencia*

Desde las primeras incursiones de piratas o corsarios ingleses en la zona de la Mosquitia  hondureña, ya para 1633 estos ejercían un primitivo proceso de cristianización no católica en los aborígenes del lugar, pero los primeros misioneros protestantes propiamente dicho llegaron a las “honduras” aisladamente en diferentes periodos, a las Islas de la Bahía en 1701 llega el misionero  Nathan Price, después en el año 1896 salen de New Orleans los matrimonios protestantes Bishop, Armitange, L.H Jaminson,  quienes llegan a Santa Rosa Copan y El Paraíso Copan, lugares donde realizaron cultos masivos, siendo hostigados por autoridades gubernamentales y eclesiásticas de la iglesia católica. Y a finales del siglo XIX llegaron nuevos misioneros que se establecieron en los territorios ocupados por las compañías bananeras norteamericanas en San Pedro Sula, La Lima, Puerto Cortes, Tela, La Ceiba y Trujillo, estos últimos en realidad llegaron al tenor que, muchos de los trabajadores venidos de Haití y Jamaica a trabajar en estos lugares eran ya cristianos protestantes que necesitaban guías espirituales de sus congregaciones, prestos y dadivosos colaboraron en la venida de estos misioneros los dueños de dichas empresas, quienes también profesaban la religión protestante; además que se sabe el papel que juega la espiritualidad en el control de las masas trabajadoras. 
 
A Tegucigalpa llega el primer  misionero protestantes de nombre Humberto Camamck en 1914, quien se establece primero en Comayaguela, a los meses de haber llegado alquila una casa en la calle de la Fuente en Tegucigalpa, luego logra su objetivo de reunirse con el presidente de entonces (Francisco Bertrand Barahona), le regala una biblia y le comunica su objetivo de porqué está en Honduras, luego establece su residencia en el barrio Morazán la que le sirve a la vez especie de iglesia. Este como se puede ver, ya tuvo un trato diferente de parte de las autoridades estatales a aquellos misioneros que llegaron a Copan en 1701, pues las mismas a principios del siglo XX ya bailaban al son del “foxtrot” que tocaban las transnacionales bananeras afincadas en el país desde 1876, las cuales apoyaban la cristianización protestante.
 
Es obvio el papel que han jugado los misioneros norteamericanos protestantes desde que llegaron al país al principio del siglo XVII en el engranaje político y social de estos pueblos, pero definitivamente es hasta la década de 1980 que la iglesia protestante pentecostal jugara su rol más oscuro y siniestro en el desarrollo de los acontecimientos políticos y sociales en la vida de los hondureños. 
 
Para esa época en los Estados Unidos la derecha religiosa evangélica norteamericana aglutinada en las Asambleas de Dios, se asoció abiertamente a la administración republicana de Ronald Reagan, y juntos diseñaron un programa de políticas públicas que enajenaban las libertades individuales y colectivas de los ciudadanos de esa tan cacareada democracia en el mundo occidental, es así que se penaliza el aborto, se implementaba la obligatoriedad de la oración o los rezos en los centros de educación, se incluye como tema de estudios en las escuelas el Cristianismo, se estigmatizaron las preferencias sexuales de los homosexuales y lesbianas, se criminalizó la protesta pública y se culpabilizó de comunista y enemigo de los Estados Unidos  todo aquel que no estaba de acuerdo con la políticas del gobierno republicano de Reagan, con lo cual desempolvaron la doctrina paranoica de Joseph McCarthy de los años 50, aprovechando la decadencia en que se había sumergido la sociedad norteamericana después del fallido movimiento contracultura liderado por el comunidad hippie de los años 60, y el cual, hay que decirlo, estremeció todo el andamiaje social de ese país.  
 
Ya para ese tiempo (década de los 80) las Asambleas De Dios como organización religiosa pentecostal contaba con más 30 mil pastores y 16 millones de miembros. Teniendo los telepredicadores −Jimmy Swaggart,  Jim Bakker, Marvin Gorman, Pat Robertson y otros; todos ellos convertidos de la noche a la mañana en grandes millonarios, dueños de empresas de comunicación− ahora contaban con una cobertura de medios de comunicación de 1,400 radios, 30 canales de cobertura abierta, 66 canales por cable, para llegar a 50 millones de espectadores; sólo en Estados Unidos se calcula que para 1987 el 40.2% de hogares norteamericanos miraban uno de estos telepredicadores por lo menos una vez al mes. Algunos de estos telepredicadores poco tiempo después cayeron en desgracia al ser descubiertos sus “pecados capitales” que iban desde la drogadicción, pederastia, homosexualidad, hasta la infidelidad con prostitutas.    
 
Con la caída de la dictadura de los Somoza en Nicaragua, los Estado Unidos pierden uno de sus principales bastiones por no decir lacayos, en su estrategia del dominio y control continental en américa, y el triunfante gobierno Sandinista se convierte entonces en el principal objetivo de la política exterior estadunidense, quien con la excusa de detener la amenaza comunista en la región se embarca en proyecto guerrerista arrastrando a todos los países de la región centroamericana a una vorágine de sangre por demás devastadora para estos pueblos, que aún hoy día se debaten entre las secuelas de ese conflicto bélico que solo dejó en la región inseguridad, violencia, narcotráfico, enfermedad, hambre y muerte.  
 
Es así que en este contexto bélico y bajo un proyecto funesto al que los estrategas norteamericanos llamaron “Conflicto de Baja Intensidad” −utilizar otros ejércitos nacionales, medios de comunicación, instituciones religiosas, políticas y culturales, para evitar la participación directa del gobierno y ejército de Estado Unidos en el conflicto,− aparecen como parte de la ocupación militar norteamericana en el país un sinnúmero de sectas religiosas protestantes pentecostales para desactivar cualquier movimiento social que fuera contrario a los intereses hegemónicos de ese país en el área. Asombrosamente estos en cuestión de horas levantaban diestra y siniestra iglesias en cada esquina de barrio, aldea o pueblo o caserío. Es para esa época en que los militares adoctrinados, adiestrados y financiados por ese país, entran también a los oscuros y siniestros juegos religiosos,  y aparecen los generales criminales Ríos Montt en Guatemala y Gustavo Álvarez Martínez en las “honduras”, organizando para fines terapéuticos y políticos sectas pentecostales fundamentalistas. 
 
“De esta manera, estas empresas religiosas lograron lo que ni los doctrineros, ni las dictaduras militares habían conseguido: adormecer a las grandes mayorías empobrecidas, convirtiéndolos casi en unos eternos pordioseros providencialistas”.
 
Es también en la década de los 80 que Estados Unidos imponen en los países centroamericanos su modelo económico capitalista ya reformulado como “neoliberalismo o libre mercado”, que no es más que otra cosa que inhibir al Estado del control empresarial, conculcar todas las conquistas sociales de los trabajadores y de la sociedad en general, y privatizar los servicios del Estado: educación, salud, seguridad, sanidad, seguridad social, etc. Así mismo obligar al Estado a vender sus recursos materiales y naturales: agua, minería, territorios, estructura vial, frecuencias de comunicación, energía eléctrica, telefonía, etc. Modelo que al final creó más desajuste en el tejido social generando un estado de calamidad, en vez del prometido estado de bienestar que nunca llegó. A todo ello hay que sumarle el conflicto bélico puesto en marcha desde 1979 en contra del gobierno Nicaragüense, acontecimiento determinante en el desarrollo del rápido descrecimiento en la calidad de vida de quienes vivimos en estos pueblos.
 
En la actualidad vemos como ese siniestro proyecto de dominación y control continental de los Estados Unidos  ahora sigue su curso utilizando los mismos medios bajo otros nombres, ahora la justificación o fantasmas no son los comunistas o revolucionarios ¡No! Hoy se habla de crimen organizado y narcotráfico. Hasta hace poco tiempo se hablaba insistentemente del socialismo del siglo XXI, este último argumento rápidamente desapareció con la muerte de Hugo Chávez, quien ha sido de los pocos líderes latinoamericanos que ha tenido el valor o los cojones para enfrentársele abiertamente al imperio, creando un proyecto de integración de las naciones del sur para contrarrestar las nefastas imposiciones políticas, económicas y sociales de ese país del norte. Caro ha pagado Venezuela osar por la emancipación y soberanía de estos pueblos; el boicot encabezado por Estados Unidos que de comparsa cuenta con la derrotada oligarquía nacional – usurpadores ambos en un tiempo del recurso más importante de esa nación (el petróleo) – quienes sistemática y sostenidamente han desabastecido durante más de 12 años los principales centros comerciales y de abarrotería,  llevando a ese país a una crisis social sin precedentes en su historia.
 
En todo ese proceso de conspiración contra la humanidad de miles y miles de ciudadanos de los países al sur de los Estados Unidos ahora encabezado por el fascista y paranoico Donald Trump, juega un papel importante la  derecha religiosa norteamericana, quienes como en el pasado seguirán adoctrinando pastores, diáconos y ujieres; para convertirlos de la noche a la mañana en notables expertos en economía, seguridad, corrupción, moral y ética, educación, política, administración, salud, etc. Y así permear luego el tejido social para defender los intereses hegemónicos de los Estados Unidos. Hoy algunos de estos “hijos redimidos de dios y el imperio”  se les reconoce como potentados o nuevos ricos viviendo la “dulce vita” en grandes y lujosas mansiones, moviéndose en lujosos carros con guardaespaldas, son dueños de grandes empresas comerciales, medios de comunicación (radio y televisión), dirigen grandes congregaciones y asociaciones religiosas como si fueran sus haciendas privadas, las cuales les sirven de punta de lanza para participar directamente en los diferentes instituciones políticas y de la sociedad civil, hasta llegar a ser parte de las diferentes estructuras del Estado, como actualmente sucede con el gobierno del partido Nacional de Honduras, donde existen una gran cantidad de pastores protestantes tomando decisiones y desaprobando o avalando políticas públicas desde pociones de poder que van de ministros, viceministros, diputados, alcaldes, a asesores de seguridad, etc. Estos disimuladamente hablan de construir un Estado Confesional Protestante y Neoliberal, jactándose de trabajar todos los días en ello.
 
Así que no es casual ver por grandes transmisiones televisivas del canal del Estado a personajes como Tomas Zambrano Secretario al Congreso Nacional,  quien se reúne con pastores y pastoras o “apóstoles y apóstalas”, solo para explicar cómo avanza el proyecto de construcción de ese Estado Confesional Protestante, violando abiertamente la filosofía del Estado Republicano laico en la cual está basada nuestra maltrecha constitución. Como tampoco es raro ver cómo se inician sesiones del Congreso, reuniones de ministros, de funcionarios de la Corte Suprema de Justicia  y hasta del mismo ejecutivo con oraciones dirigidas  por estos “Parásitos Sagrados”, quienes tampoco se miden para realizar premoniciones apocalípticas para perfilar personajes políticos los cuales según ellos, Dios les ha revelado como única alternativa ser ellos los ungidos para ejercer los destinos de la nación.
 
Villa de San Miguel de Real de Minas de las Heredias.
8 de noviembre del 2018.
 
* Escritor y Músico hondureño.

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