Por: Javier Suazo

(Tomado de Alainet) Honduras presenta los indicadores más malos de democracia tutelada, después que se negociara con los militares la retirada parcial del poder y aceptaran elecciones cada cuatro (4) años. Es cierto que durante los 80s, Honduras observó un deterioro de los derechos humanitarios acompañado de la pérdida de identidad nacional y creciente endeudamiento externo que amenazaba la estabilidad futura del país, pero la situación actual, contrario al pasado, no puede atribuirse a la crisis político-ideológico regional, pérdida de recursos por crisis fiscal y deuda y el paso del huracán Mitch; sino, fundamentalmente, a la incapacidad institucional, fanatismo ideológico y asalto a las arcas del Estado sin costal.

El gobierno de la República, en su afán por mostrar logros, ha empezado a falsear las cifras de reducción de homicidios y pobreza, en una coyuntura donde las políticas draconianas del FMI son factores causales explicativos del deterioro no la solución. Se habla de una baja acelerada en el déficit fiscal, salarios, inflación y gastos de inversión, pero no se reconoce la relación sistémica entre la política de estabilización económica y el desarrollo. La llamada síntesis neoestructuralista del desarrollo latinoamericano, reconoce que los objetivos de estabilización son importantes, pero sin afectar los objetivos del desarrollo. Para el caso, la insistencia del gobierno de restar liquidez al sistema, otorgando un premio a la banca por no prestar dinero, afecta el nivel de gasto de inversión, sobre todo el gasto productivo en sectores dinámicos como el agroalimentario, forestal e industrial; todo por cumplir con el objetivo de inflación cero, pero con devaluación programada.

Recién el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), ha dicho que estamos aplazados en todo, y ese todo, a nuestro entender, incluye: Corrupción, desarrollo humano, transparencia, competitividad, innovación, hambre, pobreza, derechos humanos, violencia, migración, democracia, institucionalidad y Cuenta Desafíos del Milenio. Pero también contratación de deuda buena, soberanía nacional, descentralización, participación comunitaria, credibilidad del gobierno, justicia, salud, educación, investigación académica, etc.

Al parecer los directivos del COHEP se dieron cuenta que el idilio con el gobierno, sustentado en la prebenda y el negocio rápido y poco transparente, no lleva a ningún lado; han empezado a sentir los efectos de la crisis que enfrenta la economía y sociedad hondureña, sin perspectivas de solución a mediano plazo, al menos que cambien las reglas del juego, caso particular de las reglas políticas de entrada; un nuevo pacto nacional entre todas las fuerzas, incluyendo a organizaciones gremiales y de participación social y ambiental.

En este orden, destaca la consulta al pueblo sobre la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente para Refundar Honduras (¿una palabra de moda hoy, cuando antes era prohibida?), que dé vida a una nueva Constitución y facilite la transición a un gobierno más democrático, pluralista, participativo- incluyente sin colores políticos. Ya existe acercamiento entre el coordinador de LIBRE, Manuel Zelaya Rosales y el presidente del Congreso de la República, Mauricio Oliva (considera la consulta al pueblo con el interés de regular la relección ilegitima y posibilidad de que los militares voten), que puede facilitar un compromiso desde el Congreso para aprobar la consulta popular.

Desde la sociedad civil, el Grupo de Convergencia contra la Dictadura tiene mayor claridad y su apuesta es a la Refundación de la patria grande de Morazán, cuya iniciativa deberá ser presentada al Congreso de la República. Igual, un grupo de hondureños y dirigentes de partidos políticos conformaron la Plataforma Social Ciudadana por Honduras, con el único propósito de restaurar el orden constitucional, convocando a elecciones generales anticipadas por un gobierno provisional integrado por hombres y mujeres sin tacha y sin miedo. De acuerdo a Luis Zelaya, presidente del Partido Liberal, una de las soluciones a la crisis es que Juan Orlando Hernández (JOH), electo en forma fraudulenta, entregue el poder y se inicie a partir de allí la reconstrucción de la patria; JOH, es el problema, no la solución, “mientras él este en el poder nos vamos hundir más y la familia hondureña seguirá dividida”.

Mientras esto ocurre, el gobierno sigue dando palos de ciego. Todavía no ha aprobado el Plan de Gobierno 2018-2022, como pauta referencial para la provisión y asignación de recursos en el Presupuesto Plurianual y anual, la Estrategia Nacional de Innovación para la Competitividad (ENIC) no se ejecuta, el reglamento para los créditos a los microempresarios/migrantes tardará más de un mes, el centro cívico gubernamental va viento en popa, los contadores de energía inteligentes se instalan en contra de la voluntad del usuario; pero sobre todo espera para el 12 de noviembre la visita de la Misión del FMI, para que le explique que se va a hacer con la ENEE y las centrales hidroeléctricas, la tasa de cambio, exoneraciones, pago de deuda, servicios de salud, educación y salarios.

Tegucigalpa, 8 de noviembre de 2018.

 

 


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