Por José Luis Herrera

La Doctrina de Seguridad Nacional (DSN) surge bajo el contexto llamado “Guerra Fría” desde 1945 cuando finaliza la segunda guerra mundial, hasta el cierre de ciclo del socialismo real

en la URRS a principios de los 90´s. Esta es una macro teoría militar del Estado y del funcionamiento de la sociedad, que explica la importancia que militares ocupen instituciones estatales. Por ello sirvió para legitimar el militarismo en los años sesenta en América Latina[1].

La DSN definió una serie de principios que llegaron a catalogar de subversivas a cualquier manifestación de un problema social. En los 70´s y 80´s la región centroamericana acaricio ideas socialistas y comunistas, esta situación incomodo al país capitalista dominante (EEUU) por lo que decidió intervenir en respaldo de los gobiernos militares y dictaduras centroamericanas. Durante estas décadas se persiguió y asesino toda aquella persona que tuviese ideas contrarias a los gobernantes del momento, este trabajo fue realizado por militares formados y especializados en la “Escuela de las Américas”, escuela militar que se dedicó a preparar mercenarios de diversos países para controlar grupos “subversivos” o cualquiera que se volcara a criticar un gobierno autoritario. Billy Joya un reconocido funcionario público asesor de seguridad del Estado hondureño fue formado en la Escuela de las Américas, también  es acusado por diversos actores sociales de  dirigir la desaparición, asesinato y tortura de muchos hondureños y hondureñas.

Después del Golpe de Estado de 2009 y el cierre de 20 años de democracia electoral, Honduras entro en un proceso de recrudecimiento de la pobreza y la violencia, todo esto durante 8 años de gobierno nacionalista. Durante el Golpe de Estado se ensayó la participación de los militares en papel de desarticuladores de las manifestaciones y posteriormente en el gobierno de Lobo se afianzo la presencia militar en las calles. Para el inicio del gobierno de Hernández se intentó darle rango constitucional a la Policía Militar, y a pesar del fracaso lograron mantenerle en las calles dejando el rastro de docenas de muertos a la fecha.

Tras imponerse a través de un fraude las elecciones pasadas, Hernández logra su cometido utilizando la fuerza militar y policial como muro de contención frente al descontento popular. Este proceso post electoral nos ha dejado más de 33 muertos, 1396 detenciones ilegales, así como muchos reportes de ciudadanos que han recibido persecución y hostigamiento por parte de las fuerzas represoras del Estado.[2] El día de la toma de posesión se denunció a través de medios alternativos la presencia de paramilitares en protestas.

Esta DSN ha sido respaldada por los grandes medios de comunicación corporativos quienes ubican un discurso único en sus programaciones, ofreciendo la idea confortante de seguridad, viendo a los militares y fuerzas de seguridad como los salvadores de la paz, una paz que se ha conseguido a través de balas y gas. También los medios masivos han logrado levantar campañas de estigmatización contra defensores de derechos humanos y líderes sociales que han cuestionado la legalidad del régimen y la carencia en la que se encuentra la población, esta acción por supuesto para deslegitimar el actuar de las organizaciones de derechos humanos y movimiento social.

Es un claro regreso de la DSN y podemos ver en las calles, en las instituciones del Estado, incluso han invadido las escuelas transmitiendo ideas antidemocráticas a los niños y niñas. Honduras enfrenta una de las batallas democráticas más fuertes del siglo XXI, intentando vencer los fantasmas del siglo pasado, el militarismo y la dictadura. Los fantasmas del pasado regresan al futuro, militares en el poder, Billy Joya como uno de los posibles perfiles para manejar la seguridad del Estado hondureño, persecución penal, la iglesia respaldando el autoritarismo, asesinatos selectivos y la eterna impunidad.

A pesar de panoramas desalentadores todavía quedan cartas por jugarse, el único antídoto contra la dictadura y el militarismo, es la conciencia y el elevado nivel de organización que pueda llegar a tener la sociedad hondureña. Los dos actores claves en este proceso están constituidos por los movimientos sociales y las organizaciones de derechos humanos. Los movimientos sociales junto a los partidos políticos de oposición deben a apostarle a la organización y lograr fortalecer el tejido social para una lucha prolongada; Las organizaciones de derechos humanos respaldar los procesos de lucha y cambio social en el país, a través de investigación de problemas sociales, documentación de violaciones a derechos humanos, denuncia nacional e internacional, lobby diplomático y acompañamiento a las víctimas de este proceso. No es cualquier tarea, pero es la que demandan las sociedades futuras.

[1] Véase en FLACSO: http://www.flacsoandes.edu.ec/biblio/catalog/resGet.php?resId=11265

[2] Véase informe de monitoreo de violaciones a derechos humanos, CCI: https://juecesporlademocracia.org/media/informe-monitoreo-de-violaciones-a-ddhh-en-honduras-coyuntura-de-fraude-electoral-cci.pdf

 


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