Por: Carlos Méndez

 

Los símbolos, entendidos como representaciones visuales, proyectan de manera concisa y breve, las cualidades o virtudes de personas o grupos con intereses diversos, desde comerciales, religiosos, místicos hasta la política

Los símbolos más usados en el mundo de hoy, son, quizás, el corazón, la paloma con un ramito de olivo en el pico, la cruz, etc.

Todas las personas y naciones enteras interiorizamos alguna vez, símbolos o imágenes que incidieron o influyen nuestra forma de pensar y actuar.

A nadie le es ajeno el uso de simbologías propias o ajenas. Para las personas no despistadas y que frisan los 20, 30, 50 y hasta 60 y más calendarios, no nos es ajeno el símbolo de las antorchas encendidas que alguna vez surgieron para dar lumbre a un movimiento popular hondureño pacíficamente insurrecto para nutrir la derrota de la narco dictadura con sus 12 años en el poder gubernamental y que también fijó en el imaginario colectivo la marca ¡FUERA JOH! convertido gracias a nuestros ángeles terrenales y el universo, en un grito masivo e irreverente en los estadios, y otros lugares públicos.

A ver: ¿qué me dice Ud. de aquel operativo relámpago anticorrupción que un grupo de rebeldes, dibujó sobre el pavimento del boulevard Suyapa de Tegucigalpa: ¿DÓNDE ESTÁ EL DINERO? que fue raspado con rabiosa cólera municipal por un alcalde baboso y en desorden? Esto, para leer, que las palabras en su arquitectura de letras son también símbolos revulsivos, de incalculable valor y potencia.

En nuestra situación actual, la simbología catracha que se despachan los poderes facticos a través del cachuliberalismo oscuro, tiene una mezcla de tontería y miedo. Sus recursos mediáticos los disparan a una población ya convencida de sus intenciones, pero también para poblaciones grandes y analfabetas políticamente hablando. Por eso desde antes de las elecciones generales del año pasado y hasta el presente, machucan el estribillo de que, con la venida y ejercicio de un nuevo gobierno como el de Xiomara, ¡VIENE EL COMUNISMO con su tenebroso Chávez y el SOCIALISMO DEL SIGLO XXI; ¡Ni quiera Dios y la virgen Santísima!; ¡nos robarán nuestra Honduras con todo y niños recién nacidos para adoctrinarlos en “contra de la moral y buenas costumbres”! ¡Paremos esto!, babean exaltados.

La simbología actual de los poderes facticos con su mentalidad medieval, en el terroncito de esta cintura del continente utiliza distintos medios y sostiene en sus altoparlantes de cualquier formato, estribillos breves que persiguen irritar, pero también engañar incautos. Resaltamos dos frases: EL ACTUAL CONGRESO NACIONAL ES ILEGAL (por tanto, estamos sin gobierno de derecho, ¡hay que ir por ellos y pulverizarlos!). El otro: ESTE GOBIERNO IMPULSA UNA DICTADURA. Para ambos textos sacan las camisetas blancas como símbolo de guerra; suben el volumen de algunos presentadores de radio y tv, mientras organizan su próxima jugada en el tablero.

No es de puro gusto, en esta faena, ver con cierta pena a un ingenuo Salvita Nasralla, amador eterno de Pinochet, chillando el grito de su patrón banquero y dueños de medios electrónicos de difusión con su gelatinoso ¡-Uuy usté, yo resuelvo eso; háganme su Presidente científico y ya “tuvo”!

Le hacen comparsa en esta ópera bufa, la mancuerna de pandos Pandoros, Tomás Zambrano y Toño Rivera, verdadera chusma que anda libre porque teniendo la sartén por el mango, inventaron un código penal de la impunidad, que los tiene relinchando felices porque así podrán contar a sus hijos la manera con que escaparon alguna vez, de los abrazos de la cárcel que siempre se merecieron.

En la otra cara de la moneda, hay gente despierta que apuesta por una patria diferente, libre de miseria económica y espiritual. Ella, sabe de sobra que los discursos como los símbolos no se inventan de pura guasa ni se imponen a la gente; saben que su simbología debe reflejar la proclama de una mayoría empobrecida y desvalida. Esta es la razón esencial de acercarse al pueblo para recuperar lo que piensa, siente y comunica.

Para ello, debe proponerse ir a las personas humildes con bastante respeto por todo lo que tenemos que aprender desde su vida cotidiana. Alguna vez, Paulo Freire recogió de una plática en un taller con campesinos, la voz de un participante que, a propósito, se refería    porqué, cuando y como consultar a la gente, en tiempos oportunos como vitales. Freire, el Maestro por siempre, lo apuntó en su cuaderno y lo compartió a Carlos Núñez, de México. Este a su vez lo incorporó en su libro “Más sabe el Pueblo” que recoge anécdotas extraordinarias de educadores populares en América Latina.  Freire contó a Núñez lo que había dicho aquel participante en un taller: - “El pueblo es como un ancianito- dijo el tallerista-, que habla muy quedito, muy suavecito y que para poder escucharle hay que acercársele mucho, mucho”.

Aquel hablante junto a Freire envolvió con mucha generosidad, un gran regalo-consejo: Antes de pensar en cualquier significante y/o símbolo para el pueblo, es indispensable preguntarle a la gente sencilla y “común” ¿qué judas entiende, para el caso, por GOBIERNO DEL SOCIALISMO DEMOCRATICO, PODER POPULAR ¿ASAMBLEAS REFUNDACIONALES?  etc.  

Los textos y sus símbolos colaterales son impulsores valiosos de contenidos. De discursos enteros. Por eso, permítanos preguntarle con debido respeto a los artistas creativos y a sus jefes: ¿Se validó con amplios sectores representativos de la sociedad hondureña nuestro Escudo Nacional hoy dibujado a mano alzada y que se proyecta a mansalva en el canal televisivo gubernamental y en la papelería de la mayor parte de secretarias de Estado? ¿Qué clase de significados institucionales queremos proyectar al pueblo con estos significantes? ¿lo estamos haciendo correctamente? ¿Acaso bien vale un tesoro que estas frases y símbolos pasaran por una mirada “sentí pensante” (Eduardo Galeano), de las tortilleras de los mercados, las vende baleadas, carpinteros, estudiantes, vendedores de la calle; gremios magisteriales, obreros, campesinos, ¿y clase media empobrecida? De veras. Nos encontraríamos con advertencias por montones y de merecido tino.

 ¿o nos van a enrostrar que es improcedente como innecesario, consultar al pueblo “porque ya nos dio el permiso con su voto, el 28 de noviembre 2021”?

Entonces, mire Ud., aunque no lo parezca, solo por esto, vale un diamante sugerir conversar en serio, sobre Simbología, practica y poder, a la hondureña. ¡Solo que se necesita llegar a las reflexiones o platicas, sin “anteojeras ideológicas”, como bien lo diría, por cierto, Manuel Torres Calderón, un empedernido comunicador social, ex jefe de redacción en El Heraldo y actual Director de la revista digital La Impresión!

 


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