Por: Claudia Sánchez Cárcamo*

Solía decirnos la disidente, bohebria, mordaz poeta y suculenta actriz Juana Pavón que “Honduras tiene nombre de Mujer”, quizás por ser una nación que arrastra los males machistas y colonialistas de la seudo “Conquista” en una vorágine, mineral sin alma Honduras obligo de América gemela continental de África, separadas por un abrir y cerrar de pangueas, movimientos tectónicos cuyas cicatrices curaron el salitre del mar Adriático.

Habitada por infinitas castas, tus aborígenes en miles de ombligos de camaleónicos dioses, creada por una noble y radiante Pachamama, y benevolente Abya Yala a media luna. Saqueada por codicia eurocéntrica, en conquista por aquellos minerales sin alma, descubierto ego, ambición y envidia hija de la chingada, repudiada, soslayada blasfemada tu fe, ciencia y cultura, coartada y censuradas tus lenguas ese cantar de aztecas quetzales, guaras mayas y cóndores incas expropiada, explotada y exhumada por efímera quimera.

Sometida con espada, sangre, pestes, espejos y su cruz, tus hijos e hijas encomendados sin nombre, cual hatos sin alma y sin voluntad, al mejor postor encomendados los cerros y acantilados repletos de socavones y bocas minas, riqueza mineral vaciada son saña y maña, desangradas tus venas menguantes en marismas perladas ya tránsfugas de sí.

En Honduras esta cuna amada paridora de sueños, aunque nunca bien ponderada y por muchos/as vilipendiada nos encuentran los rayos de helios cada día que el sistema dictatorial nos permite abrir los ojos a la tragicomedia que llamamos vida. Acá es normal saber que saldremos a buscar el pan diario al alba, pero nos encomendamos a la deidad de preferencia para rogar volver con vida al hogar por la tarde, Honduras un Estado en la ingobernanza sin derecho donde todo se da por Hecho/Desecho, donde la criminalización a las mujeres, la juventud, las/os defensores de DDHH, la tierra y el ambiente, comunidades étnicas o afrodescendiente, la comunidad LGTTBIQ es el pan diario de la zozobra sobre quien recaerá hoy la bala de la impunidad de cada día.

Sumado el ambiente social moralista mente hipócrita donde el Estado se declara en su Constitución Laico, pero en la praxis es un santurrón de polimoral, Estado represivo, castrante de la diversidad, falto de humanismo, carente de empatía y tolerancia a quien intente salirse de la norma hetero-patriarcal, donde impera una avalada y abierta LGTTBIQFOBIA, instalada desde la religión, milicia y las políticas dogmáticas impuestas desde miembros pagados/as de iglesia evangélica y católica en la fracción Opus Dei que infectan el CongreZOO como diputados/as llenando de mociones de ley que merman o imposibilitan los derechos civiles a la comunidad LGTTBIQ.

La aceptación o encubrimiento de la identidad sexual y orientación de género en una nación hipócritamente (POLI)moral donde la reputación, el que dirán patriarcal, por cómo ven te tratan, el miedo al rechazo familiar, social y laboral es lo que se sufre en la lucha de la autoaceptación, conformación emocional y la confrontación de su identidad sexual y orientación de genero es una madeja que toda desenredar en soledad, lo que conlleva a vivir múltiples conflictos psicológicos que son innecesarios pero que la sociedad les obliga a vivir.

Al pensar en la vida laboral de la población LGTTBIQ en Honduras es evidente que vive relegada según la clase social en que se nace, se vislumbran las diferentes realidades y tratos que viven en el día a día, las personas que declaran su identidad de género abiertamente, ya que dependiendo de su estatus social, los viajes al extranjero será la tremenda traba que afronta en la vida, y así la posibilidad de estudiar o ser excluido/a y/o marginado/a por ser ese/a RARO/A, el puesto laboral que podrá acceder de oficinista, mesera/o de meretriz en la calle, la desesperación que se vive en la búsqueda laboral donde las desiguales oportunidades aparece el irrespeto de sus derechos laborales, con la típica frase “Agradece que te contrato”

Recorriendo los pasillos de los hospitales y centros de salud públicos donde la comunidad diversa es ignorada en atención psicosocial y sanitaria digna, son casi abandonados/as en medio de malas praxis y la indigna soledad, ya que las mujeres y hombres transexuales requieren de atención medica especializada pero la falta de formación endocrinológica, medica en general y la atención sin respeto a su identidad de género al llenar los expedientes hechos que son solo la punta del Iceberg.

Las y los trabajadores de la salud en su mayoría no generalizaremos, no consideran humanos merecedores de respeto a la población diversa y, peor si son sexoservidores/as, razón por la cual se reúsan a tomar formación en el trabajo interdisciplinario, trato endocrinológico y la hormonización de la población transexual, es acá donde nacen la mayoría de las negligencias.

Acuerdos, tratados y ratificaciones internacionales respecto a los Derechos de la población de la diversidad sexual se quedan en la inobservancia del papel mojado por la tinta que al secarse se olvidan, el incumplimiento de las leyes es la norma, Honduras es uno de los países sin guerra declarada con la mayor tasa de femicidios, feminicidios, homicidios de odio y que por la negligencia, falta de compromiso a la vida y la elevada tasa de moratoria judicial e injusticia social se quedan en la impunidad. Es urgente una agenda de reivindicación y respeto a los derechos civiles de la comunidad LGTTBIQ propuesta desde mociones de ley en el congreso, existen organizaciones, pero cada cual surge con un punto de lucha, lo cual mengua fuerza operativa y estratégica en la exigencia del respeto a la libertad de elegir.

Ser disidente, salir de las normas moralistas, religiosas y hetero-patriarcales, es despegar en una vida activista considerada de alto riesgo, donde profesar lo que predicas podría premiarte la cien con un disparo impune y sin pena cayendo tú historia de lucha en la inmensa moratoria judicial e injusticia social que nos somete el ser utópicos/as, disidentes, divergentes a la norma, acá radica el numen de las almas antiguas que cohabitan entre el deber, el ser y el haber que en comuna bohemiamente amamos en esta casa común, bóveda etérea y arcoíris.

*Psicóloga egresada de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Miembra de la Asociación Nacional de Escritoras de Honduras (ANDEH).