Por: Juan López*

En el recorrido normal del año litúrgico, la comunidad católica va viviendo momentos particulares en los que cada persona miembra, va encontrando el alimento de su vida para el desarrollo del proyecto que implica el amor. Este dia miércoles, comienza el tiempo de cuaresma en el que el rito de la ceniza marca la integralidad de nuestra existencia. La ceniza nos pone frente a la finitud de la corporeidad, nos abre la conciencia hacia el mundo físico material en el que existe lo biológico. La ceniza hace referencia al cuerpo natural, lo humano, frágil y sensible, esto que sufre un apagón en cualquier momento en la marcha de la evolución.
 
La marcha evolutiva es infinita, lo que indica que no hay un final del ciclo material, solo hay un saltito de ingreso a la infinitud. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, porque existimos en el espíritu. Nuestra vida material es un brevísimo recorrido en un espacio determinado de un tiempo infinito. El tiempo es superior al espacio. La conciencia humana, atrapada en el miedo se aferra al pasado, así como el recién nacido se aferra al mundo intrauterino, y se hace muy difícil disfrutar el presente cuando el vacío que conecta al futuro se abre ante nuestros ojos. El miedo al futuro de la libertad espiritual se refleja en el vicio, la prepotencia, la indiferencia, la corrupción y la violencia que gobierna la vida en el planeta.
 
Vivimos una época que la filosofía y la historia consideran pos moderna, nos creemos el cuento de que somos la súper civilización porque tenemos un desarrollo tecnológico, comercial, financiero, militar, industrial, aeroespacial, legalista, marítimo sin precedentes, pero el ser humano sigue siendo un volcán de miedo, tenemos mucho miedo a la libertad. Pienso que el paso rápido por esta vida, debe ser un momento para disfrutar y admirar toda la belleza que existe. Disfrutar no debe confundirse con acumular. Cuando la persona no disfruta la vida, cuando no es libre, entonces acumula y para ello roba, mata, miente, hace fraude, se corrompe tanto que hace sufrir a sus semejantes y su propia seguridad depende de muros y armamentos. El miedo refleja el carácter primario de la cultura universal.
 
No es bueno acumular, nadie puede tener y poseer algo más allá de lo necesario sin generar algún nivel de sufrimiento a más de algún prójimo. Cuando uno adquiere un poquito más de lo que necesita, se rompe el equilibrio natural y un abismo se levanta entre los humanos, por eso ahora unos están en la cúspide de la pirámide y otros en la base, sufriendo todos los atropellos y opresiones. La violencia es el rostro público de la desigualdad social, económica y administrativa. El texto de Mateo 25 vendría a ser una radiografía sociológica del mundo que hemos organizado. La cuaresma nos pone frente a esta sociedad piramidal, injusta y opresora. Nos pone frente a nosotros mismos y nos confronta. Frente a esta sociedad desigual toda persona debe reconocer, debemos reconocer nuestra cuota de responsabilidad ya sea por obra u omisión.
 
No es agradable al amor el mundo actual. No es justo que el 83% de la producción se concentre en el 15% de la población mundial, tampoco es justo que el 83% de la población sobreviva con el 15% de la producción mundial. La riqueza y la pobreza han caminado juntas como el trigo y la cizaña, desencadenando toda clase de calamidades sociales y ambientales. Estos días he escuchado a una precandidata a diputada decir que “unos nacimos para dar y otros para recibir” ¡Qué pena! esa concepción de mundo y de sociedad es violenta e insostenible.
 
Dar pan a quien tiene hambre es un acto de caridad humana, debe hacerse en todo tiempo mientras exista hambre, pero dadas las circunstancias, debería ser penado hacerlo en periodos electorales. El cambio en el mundo depende del cambio personal e institucional. Por eso el profeta pide al buen Dios un corazón de carne y el salmista pide “un corazón nuevo”. El mundo camina hacia lo nuevo y será más rápido si las personas cada dia somos mejores y queramos ser siempre nuevas.
 
En esto radica la importancia de la cuaresma, es un momento de profunda reflexión y discernimiento, un ejercicio que quebranta costumbres y concepciones, hasta hacer que nos duela en lo más profundo del alma, la miseria y el dolor de la humanidad y de la naturaleza, el hambre y la explotación, la violencia y la dominación imperialista.
 
El ayuno se vuelve necesario, sobre todo para esa parte de la sociedad que acumula pan de sobra y medios de producción que no son suyos. Soltar las amarras del yugo opresor y dejar libres a los oprimidos es la mejor forma de vivir la cuaresma para los empobrecidos.
 
En cuaresma se vive hacia adentro, hacia el YO, como si el mundo entero debe cambiar adentro de nuestro ser. El éxodo hacia la tierra prometida, hacía de democracia y la autodeterminación política popular es posible en cuanto cada persona esté en condiciones de decir “YO SOY” libre de corrupción y de ambiciones. Todos los vicios y deseos que a uno lo inclinan al mal, deben ser vencidos para que una nueva mujer y un nuevo hombre imagen del amor total vivan en perfecta armonía con la tierra y el universo. 
 
* Pedagogo; defensor de los derechos humanos. 
 
 

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