Por: Karla Lara*

Tener deudas no debería estar mal visto socialmente, pero sí debería verse mal, no querer pagarlas.
 
Me dirijo a Ustedes, como Conductora del programa radial “Sin Café no hay Mañana” de la Central de Cooperativas Cafetaleras de Honduras, de eso trabajo yo, de producir, crear, imaginar sonidos, buscar canciones, escritos, noticias y conducir ese programa que desde hace diez años llega a Ustedes a través de Radio Globo, porque durante ese largo tiempo hemos tenido una relación contractual y pagado, a veces a tiempo, a veces con retraso, a veces acumulando y renegociando plazos de pago, como el resto de los clientes, a esa empresa, que como características de sus bondades, se vende, como “la voz del pueblo”.
 
Paradógicamente desde el inicio de la pandemia, La Central ha podido sostener el pago mes a mes, es decir los útlimos 4 meses de este año, cada fin de mes se ha depositado el valor correspondiente a un mes de pago por el espacio radial, como se debe y como estipula la relación contractual con quienes nos venden dicho servicio. Es decir que la acumulación de meses, es de anteriores, donde a lo mejor  existía menos presión porque la censura, con el pretexto de “no pago”, nos alcanzara.
 
La Central de Cooperativas Cafetaleras no está en quiebra, como lo pretende hacer ver la misma Emisora, eso si, la Central aglutina cooperativas de pequeños y pequeñas productoras que bajo la filosofía cooperativista enfrentan los estragos del sistema financiero. Por lo tanto hay que sortear esas dificultades, las que el gran capital impone, por eso cada vez que se ha acumulado la deuda y cuando la administración de la Globo lo ha notificado, se apersona el Gerente de La Central a las oficinas de La Globo y acuerda compromisos nuevos, que se han cumplido y de cuya muestra, solo tenemos los diez años, que nos hemos sostenido, en el simplismo de la lógica mercantilista de “la voz del pueblo”, se paga y se regresa.
 
Esta vez no existió esa mediación, de hecho, la nota que adjunto a esta publicación, lo prueba, misma que no tuvieron ni la delicadeza de enviar a las oficinas de La Central, sino que dejaron en la cabina de radio. Hever García, el operador, la encontró ahí sobre la consola y sorprendido le tomó foto y me la hizo llegar a mi vía whats app, diez minutos antes de entrar al aire, porque ese es el horario de entrada del turno del compañero, y con esa premura y sorpresa yo debía anunciarle a la audiencia que me estaba despidiendo, que ya el lunes no volvíamos al aire por esa frecuencia.
 
Se me cortaba la voz porque yo soy llorona, emotiva, y porque yo disfruto mucho haciendo mi trabajo, agradezco que la Central me pague por hacer algo que disfruto mucho en mi vida, amo la palabra, me gusta leer cuentos, poemas, textos políticos, comunicados, arengarles, retarles, apasionarles con las palabras, soy una enamorada de los sonidos, de las emociones que provocan y juego a que ustedes, las y los oyentes se miren ahí, sepan que de ustedes hablo, con orgullo de sus luchas, como con odio hacia el verdugo, de los atropellos que nos confieren.
 
Yo compro energía, como el resto, y si, Energia de Honduras me la corta cuando no pago, y por lo brujo busco quien me remiende el cable para iluminar la noche y porque no quiero que toda la vecindad conozca de mis “atrasos”, y pago renta también, como mucha gente, solo que tengo un casero digamos “bueno”, es persona como yo, hablamos, le explico, ambos argumentamos y llegamos a acuerdos, no me saca a la calle con los calaches, creo que sobre todo porque resulta que es de la Resistencia también, casero y todo, conoce las dificultades de estos tiempos y busca de alguna manera ser congruente con su discurso y eso de ser buenos vecinos y entender que es tiempo de pandemia y eso de que se sale menos, pero se gasta mas o toca repartirlo entre mas gente, lo vivimos ambos, él y yo buscamos igual, bienes intangibles en desuso, la solidaridad y el diálogo para resolver las cosas y salir beneficiados ambos, yo teniendo dónde vivir y él con su misma inquilina de siempre, que le ha cuidado su casa, porque en ella vivo, porque me acobija.
 
Hay maneras, a veces una solo pelea eso, las formas, los respetos que eso conlleva, por lo que representa el otro, y quizás una reconoce esas cosas hasta que se llega a situaciones como éstas donde toca valorar lo que representan.
 
“Sin Café no hay Mañana” es una apuesta de La Central de Cooperativas Cafetaleras, ha confiado en mi conducción, una palabra desde la mirada feminista, constructora del poder popular, defensora de las disidencias sexuales, aliada de las juventudes estudiantiles organizadas, de los grupos feministas y de mujeres que luchan por la libertad a decidir y la construcción del estado laico, afincada en las luchas territoriales contra el modelo extractivista, en la defensa de las autonomías indígenas, por la libertad de los presos políticos, comprometida con la denuncia al Golpe de Estado del 2009 como el hecho que marca el afincamiento del modelo, y de ahí para acá develando cada acto de corrupción del narcorégimen que usurpa el poder, aliada de la oposición política electoral aglutinada en el partido Libertad y Refundación, y eso significa para La Central mucho, muchísimo, porque ese espacio de pequeñas y pequeños productores se mueve dentro de una institucionalidad cafetalera rancia, conservadora, que no comulga con muchas de nuestras propuestas políticas emancipatorias.
 
Claro que la libertad de expresión, como un derecho, está siendo puesta en precario en el contexto de país que vivimos, si el programa “Sin Café no hay mañana” sale de programación, porque se cierra el espectro a voces opositoras, a voces antisistémicas, no solo la mía como Conductora, sino de las cooperativas miembras, de las organizaciones aliadas, de las personas invitadas, de las voces que no se escuchan en otros medios porque son voces de gente de las comunidades, de ahí donde con el cuerpo, se libera este país del oprobio de las opresiones del patriarcado capitalista y racista que marca con ignominia el designio de los pueblos.
 
Yo no quiero desprestigiar a nadie, quiero incluso, poder hablar de ésto, más allá de las personas que encarnan las afirmaciones de si debemos o no, eso es muy simplista, hasta hacer la pregunta es llevar la discusión a otro plano, porque si hay algo de razón en quienes justifican el habernos sacado, es eso, si se debe, pague… bueno… es debieron hacerlo así como se ha había hecho a lo largo de diez años, se dialoga, se acuerda y se cumple.
 
Hablemos de libertades, del bien intangible que está en el fondo del derecho violentado, de lo urgente que es la pluralidad de las voces en tiempos donde el pensamiento hegemónico avanza y destruye. Eso, si estamos rentando en casa de casero “bueno”, por qué sacrificar los espacios donde se afinca el beneficio que venden como su ventaja competitiva, ser “la voz del pueblo”. Hagan honra, no vendan de lo que carecen, porque a La Central no le da pena deber, y siempre bajo la lógica del diálogo, se han renovado compromisos y, tener diez años en esa radio, donde si no se paga, se le corre, demuestran, que esos compromisos siempre se han cumplido.
 
*Conductora “Sin Café no hay mañana”, de la Central de Cooperativas Cafetaleras de Honduras.

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