Por: Carlos Méndez 

La gente; ese “gential de gente”, primero se fue viniendo como los zompopos.  Luego fueron más y más, hasta rellenar esta capital, desde la orilla de los ríos y sitios pedregosos para buscar respuestas a la imaginación rural llena de colores y triunfos, en cuenta y en primer lugar, la de satisfacer necesidades que te llegan al alma como la victoria de conseguir una tortilla, un “conqué”; techo, aunque sea de “arrimado” y llenar el pecho de orgullo de ser algo que valga la pena. Por lo menos “con que pase el colegio, luego un oficio” y convertirnos en héroes y heroínas, al sobrevivir cada sobresalto urbano, en lo sublime de cada historia de vida.

La ciudad se fue llenando al tope con nuestro lenguaje chabacán pero también educado; de nuestras emociones, y visiones mágicas. En suma, nos vinimos a esto que llaman “cerro de plata”, que da pena en el día pero que parece un nacimiento navideño divino en una noche de verano. Nos venimos. Con penas pero con alegrías inconmensurables. ¡Viste! Nos trajimos a tuto, la aldea enterita sin pedirle permiso a nadie. Nos echamos la milpa, los chuchos, y las gallinas hasta acá. Por esta razón, es que alguna vez te dije, repitiendo a los sociólogos de pelo alborotado que la capital es una tamaña “pipa” de aldea. Esta ciudad es eso, el caserío y la aldea hecha una mojiganga gigantona en pleno corazón de la geografía nacional; no solo porque nos hayamos traído el paisaje rural en nuestras pupilas, sus milpas y gallinas, sino, sobre todo, por la forma inocente de ver y pensar la realidad; originalmente con imaginarios espectaculares y hermosos.

Esta ciudad tiene en su corazón, sangre y epidermis, la cosmovisión o sus formas de pensar aldeana, en esencia, bonita y profunda, rescatable por sus valores humanos muy hermosos pero del cual se hizo tabla rasa hasta casi morir. Los modales entrañables que nos inculcaron viejas generaciones de hacha y machete, con manos callosas pero dignas, paulatinamente fueron siendo arrasados de la conciencia colectiva. Valores como la honradez, el precio invaluable de la palabra empeñada, la nobleza, la ayuda mutua cariñosa en y con el vecindario que nos trajimos de la aldea, pensando que podia ser un legado fecundo para la ciudad, fue siendo pulverizado del diccionario ético a través de un modelo capitalista retardatario como obsoleto. Aquellas virtudes fueron trastocadas desde la institucionalidad publica como privada. Y más temprano que tarde, una gran masa fue amaestrada en los valores propios del mercado, el consumismo egoista e inutil y también, hay que repetirlo, se les unió a estos procesos de deformación mental, una gavilla mercenaria de politicos y sus partidos tradicionales, que inyectaron en la conciencia de todo un pueblo, modos de pensar vervigracia, que: “aquel que no roba, estando en el gobierno es un perfecto tonto o idiota”.

No estamos idealizando a los inmigrantes rurales o exculpandolos de sus propias falencias, como el analfabetismo, alcoholismo, supersticiones etc. No hay perfección humana. Pero, existe en una gran mayoría de personas que apenas balbucearon el abecedario, nutridos valores morales positivos envidiables, pero que al entrar en contacto con “la civilización y modernidad” urbana, fijese bien, sufrieron un proceso de hibridación en el que se fue sacando de la conciencia colectiva, aquellas conductas y actitudes que estuvieron revestidas de un capital ético valioso de la aldea y que al trastocarlos, se causó gran perjuicio individual y colectivo que tocó fondo en el alma de la nación.

“La mejor escuela es el ejemplo”, se repite con mucho acierto. Empresarios inescrupulosos asi como politicos sucios y corruptos de siglo y medio, fueron “educando” de poco a más, a la población migrante y no migrante, en fin a toda una sociedad, en una mentalidad de antivalores como la corrupcion e impunidad, el irrespeto a las leyes, etc. Ellos, incluyendo las improductivas como parasitarias cúpulas de las fuerzas armadas machistas y autoritarias, son los impulsores de una Escuela nociva que enseñó y enseña a la ciudadanía de cómo se asesinan valores éticos como el respeto a la vida humana, se destruye el medio ambiente, la honradez, la democracia, la compasion, la solidaridad, el amor, etc. Ellos, con maestrias y doctorados en el arte del mal, instituyeron en la conciencia colectiva una “escuela al revés”.

Por eso debe repensarse, una vuelta a los valores éticos positivos de esa generación rural que se vino a la ciudad y ponerle un ingrediente de  recuperación histórica y cultural para repensar el desarrollo humano con una vision de Estado que haga uso de la imaginación, creatividad y audacia para hacer real la utopía de que, ¡”otro pais es posible”! Esos valores humanos del campo, como capital normativo, podrian ser el pilar y medula-corazón para un nuevo hogar patrio.   

Vivimos tiempos de ruptura y de quiebre histórico no solo por el covid 19, sino por el post reordenamiento economico mundial que se nos viene encima por las buenas o por las malas; también el cambio climatico; las nuevas formas de pensar la cultura y la politica y que exigen desde ahora, formas inéditas de transformaciones profundas de la conciencia humana, porque todo cambió radicalmente desde ahora. En la era post pandemia, si lo pensamos bien, podria visualizarse una vuelta a la naturaleza y regreso de los inmigrantes y no migrantes a la tierra para cultivar su propia comida y en armonia con el ambiente para ser autosostenibles y repensar el desarrollo nacional pero con otra ética. La idea no está “jalada” de los cabellos. Y para ello, nada mejor, si se piensa en un retorno o recuperación histórica de los valores humanos enajenados o perdidos, que una vez nos hicieron orgullosos con nosotros mismos, nuestros hijos,  padres, abuelos y la comunidad entera.

Si. ¡Otro pais es posible! Pero hay que re inventarlo. ¿O no?


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