Por: Salvador Zuniga 

Santa Catarina es una linda comunidad que se ubica en hermosas planicies de la parte oriental de las ciudades gemelas de La Esperanza e Intibucá, tiene alrededor de 1200 habitantes.

Su población de tradición lenca se dedica a la agricultura y al comercio en pequeña escala. Gran parte de la población solo tiene para vender su fuerza de trabajo, unos trabajando como guardias de seguridad, otros como dependientes en bodegas o negocios de las ciudades gemelas, algunas jóvenes trabajan como empleadas domésticas y más de alguna ha migrado a España, algunos jóvenes se fueron en busca del sueño americano y aunque no lo encontraron al menos llegaron y alcanzaron un trabajo sin estar arropados por una política de seguridad social y tienen un salario que les permite mandar remesas. Otros de los habitantes de Santa Catarina trabajan en la policía nacional, el ejército o la policía militar, algunos yo diría la mayoría trabajan como jornaleros ganando no más de 200 lempiras por el jornal diario.

Es verdad que Santa Catarina está ubicada en las planicies pero además se extiende por hermosas colinas que ofrecen una espectacular vista hacia las ciudades gemelas; Por las noches parejas de enamorados suben en sus autos a disfrutar del mirador natural del que se aprecian las luces de las ciudades mezcladas con las luces tenues de las estrellas.


Santa Catarina tiene un centro de educación básica, un instituto, un jardín de educación pre básico, además en Santa Catarina se encuentra el hermoso centro de encuentros y amistad UTOPIA, un espacio fundado por la inmortal líder Indigena Bertha Cáceres y que ha sido escenario de eventos culturales y político sociales.

Lamentablemente en Santa Catarina no existe ninguna unidad de salud que permita a la población tener atención médica y sanitaria. Triste que esta comunidad tan poblada no tenga un servicio tan importante. La comunidad no cuenta con sistema de alcantarillado y el agua potable es un servicio en litigio en vista que la fuente fue otorgada de palabra. Los accesos a Santa Catarina son por medio de calles con un brutal fango en el tiempo de invierno e inmensas capas de polvo en el periodo de verano, tan así que al pasar un vehículo automotor levantan unas bárbaras polvaredas.
La población de Santa Catarina es políticamente conservadora y solo por el trabajo del catolicismo se inclinaron a votar por un alcalde del partido liberal, partido igualmente conservador, no obstante hay pobladores y pobladoras que han librado luchas en defensa de la salud y la educación pública al grado que un oriundo de esta comunidad aporto a la justa causa parte de su sangre perdiendo un riñón en una patriótica movilización reprimida por las balas de la dictadura criminal de JOH.

La población de Santa Catarina es bastante disciplinada y la reacción de algunos al escuchar hablar del coronavirus era de incredulidad, reacción que luego fue cambiando por el pánico. Después del impacto la comunidad se organizó y decidió cerrar por todos lados, luego las autoridades les explicaron que no podían impedir el tránsito de la cadena alimenticia, comprometiéndose a garantizar que lo harían con todas las medidas de bioseguridad y que su trabajo solo podría ser el de fumigadores de los vehículos que circularan por la zona. El patronato organizó a la población y designó roles obligatorios a los beneficiarios del servicio de agua potable.

Disciplinadamente la gente cumplió su labor sin apoyo requerido para garantizar las medidas de bioseguridad, muchos sin mascarillas, en varias oportunidades se les agotaron los desinfectantes, la gente hacía lo que podía.
Las autoridades no cumplieron con garantizar que todos los trasportistas de productos agropecuarios practicaran las medidas de bioseguridad.

Fortuitamente el no deseado virus se apareció, lamentablemente llegó con sus garras de muerte llevándose a una humilde señora de Santa Catarina.
El paciente 0, por cierto asintomático, aun y cuando era inminente que habrían casos de COVID19 no fue confinado. Hace al menos 2 días, según denuncias de los vecinos de Coclan, una comunidad de Jesús de Otoro, esta persona fue localizada en dicho lugar.

Según denuncias de muchos ciudadanos uno de los peores episodios es que se supone que el jefe de la región de salud montó reuniones recientemente con productores sin las apropiadas medidas de bioseguridad, algunos habían tenido contacto con el paciente 0 y en el peor de los casos ahí en esa reunión se encontraba el paciente 0.

Hoy esta bella comunidad es el epicentro de la pandemia en Intibucá. Hoy si las autoridades han cerrado la comunidad pero ya cuando las consecuencias son mortales, ya cuando lo que viene podría ser peor.

En la comunidad hay hambre, desde los soldados que están en el retén a los que les llega la comida tarde hasta los voluntarios que ejercen auditoría con el fin de que ahora las autoridades sí exijan el cumplimiento de medidas estrictas de bioseguridad.

Una anciana que deambulaba por una de las principales calles de Santa Catarina y sobrevivía de pedir alimento en la ciudad ahora yace en su casa sin tener de dónde obtener los insumos básicos para la supervivencia.
Mucha gente que lastimosamente pierde su lado humano y saca su parte más cruel estigmatiza a la comunidad y lo más delicado es que algunos medios de comunicación y algunas autoridades no se autorregularon y mencionaron nombres sin entender el riesgo al que se expone a las personas.

La comunidad y en general todo nuestro pueblo enfrenta la pandemia con un régimen que abandono el sistema de salud pública, que le apostó a la privatización, a la militarización, al grado que Honduras cuenta con equipos militares altamente sofisticados, un alto número de efectivos militares y lo peor en plena crisis la corrupción no se detiene como lo ha denunciado el Consejo Nacional Anticorrupción que da cuenta que la danza de los millones robados se ha incrementado durante esta pandemia.

Mientras tanto la crisis de nuestro pueblo es de cuadros dantescos, piquetes de gente en una carretera exigiendo comida, personas quemando llantas demandando alimentación y recibiendo bombas lacrimógenas en respuesta.
La crisis que vive hoy por hoy el pueblo hondureño da escalofríos, pero es un momento propicio para recordar las palabras de un inmortal líder de la mayor de las Antillas que decía que es de la crisis que saldrá la nueva sociedad y no de eruditos.

Seguro mis queridos hermanos y hermanas que a pesar de este doloroso momento no podemos perder la esperanza y hoy más que nunca debemos de darnos cuenta que hay otras pandemias: La pandemia de la corrupción, la pandemia de la exclusión social y la pandemia de la explotación.
Por hoy y siempre debemos sacar nuestro lado más humano, no estigmatizar, no mezquinar, ser responsables con los y las semejantes, respetar la naturaleza y ejercer cualquier labor con ética y mucho amor.

Santa Catarina necesita de las mejores oraciones, de las mejores energías y del acompañamiento solidario.
Santa Catarina, Intibucá 29 de abril del 2020.

Para las radios Comunitarias de la AMCH reportó Salvador Zúniga, integrante del comité de comunicaciones de La Radio Comunitaria La Voz Morazanísta.


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