Por: Betty Vásquez

Y todo empezó por un Virus que no pertenece a la realeza como en los cuentos de hadas pero tenía una corona que le dio poder para instalar un nuevo orden mundial.

Y poco a poco avanzaba y dejo de ser lejano y se convirtió en nuestro cotidiano y nos pusieron en alerta, toque de queda, encierro y desmovilización social, porqué las mercancías no dejaron de circular.

En algunos países hablan de la caída de la bolsa de valores del crudo y de términos que no entendemos pues aquí solo sabía, que en mi barrio, colonia, aldea ya no había transporte público de esos que caben cuatro pero viajamos siete, que se prohibieron las reuniones, capacitaciones y hasta que nos impusieron decretos que violentan derechos constitucionales que no tienen nada que ver con la pandemia.

Empecé a estar en casa encerrada pero sin miedo, recuperando saberes de mis ancestras, también leer, costurar, reciclar, enseñar y desaprender.

En varios días de encierro como en tiempos de dictaduras en Centroamérica, caso de Carias en Honduras no me he sentido aburrida porqué estoy tejiendo sueños, poniéndole color al día, día.

Haciendo arte de los sabores que disfrute de mi abuela pero también replanteándome y cuestionando como bajo esta emergencia se instala el sistema militar y fundamentalista que a través de los medios  me quieren imponer que quedarme en casa es lo mejor y si me pongo rebelde me aplican mano dura y entro en desobediencia divina.

Ya perdí la cuenta de mis días de aislamiento social pero seguimos aquí como todas las  mujeres que no sabemos del miedo y de paralizarnos, sino que nuestras ideas siguen en pie nuestras alternativas vuelan y nuestras energías se juntan a pesar de…