Por: Juan López
DPD, Pedagogo

Un humilde reconocimiento a Francisco Castillo, ex seminarista, filósofo, militante, joven de principios, coherencia y convicción en la lucha contra la destrucción de la vida social en el Aguán. Su fina amistad y coherencia sigue vigente y olvidarlo, es imposible. Hoy, en el décimo aniversario de su partida, recuerdo aquellas lágrimas, agua cristalina que brotaron de nuestros ojos aquel día mientras revisábamos libros, sin saber que era una despedida. ¡Un abrazo compañero!.

En este contexto de lágrimas y agua purificada por la pulpillas de mi amigo, retomo; “Jesé ¿están aquí todos tus hijos? No. falta el más pequeño, que está cuidando las ovejas”. Bueno “anda a buscarlo, pues no nos sentaremos a comer hasta que él haya venido”. (I Samuel 16, 11). En este proyecto de vida, Dios (amor, verdad y justicia) ha elegido al último de la familia, Dios ha querido darse a conocer a través del último. El último en la pirámide social es el pueblo marginado, excluido, explotado, oprimido, reprimido, manipulado y rechazado. El ciego del evangelio (Jn. 9, 1-41) era último, no era reconocido humana y socialmente en la comunidad, estaba afuera de la formalidad legal de la familia y la sociedad. El rechazo, el estigma y la exclusión pesan tanto que inhiben en el ser humano la visión externa e interna, la persona no mira ni siente más que desprecio y a la vez, necesidad de solidaridad.

La ceguera tiene cura, toda enfermedad tiene cura. Los avances de la medicina es un gran milagro que Dios a través de la ciencia y la comunidad científica lleva adelante. Es ciencia lo estudiado en los mejores laboratorios del mundo, como el estudio de los pueblos originarios que a lo largo de la historia han acumulado conocimiento de las múltiples plantas del enorme jardín botánico, el jardín que ha tenido y aún tiene agua y tierra, base para la germinación y floración de todas las especies medicinales entre otras plantas, pero que la enorme industria extractiva de la medicina y la construcción convierte en propiedad privada mediante patentes entregadas por los gobiernos ciegos, arrastrados por el brillo del gran capital que produce millones de ciegas y ciegos y los expulsa de la vida.  

La característica principal del modo de producción capitalista es la privatización de todo, nada debe ser de carácter público, para ello ha levantado un sistema educativo rígido, bancario, deshumanizante y colonizante que enseña a la niñez, a la juventud, a la mujer, al hombre, a respetar y adorar la propiedad privada como un ídolo absoluto puesto por encima de su propia dignidad. Este es el modo como el capitalismo produce ceguera (P. Freire). Por eso es fácil encontrar grandes profesionales ciegos aunque bien remunerados dirigiendo instituciones públicas, socios propietarios o gerentes dirigiendo grandes empresas extractivas que van desplazando a las comunidades de sus territorios bajo el discurso del “desarrollo verde”, “empresas socialmente responsables” o “medidas de adaptación ante el cambio climático”, un discurso de última moda desde los organismos internacionales de financiamiento (BM, FMI, BID) que llevan la ceguera incluso a muchos organismos de Naciones Unidas. El sistema fabrica ciegos tecnócratas para dirigir a pueblos enceguecidos.

El amplio pueblo que vive al margen del desarrollo capitalista es último en darse cuenta sobre los avances de la medicina, la economía, el arte, la tecnología, tenemos prohibido el acceso a la investigación y el conocimiento. Se nos ciega la vista ante el conocimiento ancestral de cuido, relación y colaboración recíproca con la naturaleza mientras el mercado capitalista nos lleva arrastrados ante lo espurio y visceral. La masa cefálica y la retina ocular del “pueblo último” está atrofiada por los códigos de la visión industrial, tecnológica y digital. El Papa Francisco lo señala así en la Laudato Si (LS);

“La humanidad ha ingresado en una nueva era en la que el poderío tecnológico nos pone en una encrucijada. Somos los herederos de dos siglos de enormes olas de cambio: el motor a vapor, el ferrocarril, el telégrafo, la electricidad, el automóvil, el avión, las industrias químicas, la medicina moderna, la informática y, más recientemente, la revolución digital, la robótica, las biotecnologías y las nanotecnologías. Es justo alegrarse ante estos avances, y entusiasmarse frente a las amplias posibilidades que nos abren estas constantes novedades, porque «la ciencia y la tecnología son un maravilloso producto de la creatividad humana donada por Dios, LS #102» Pero; “no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero” LS #104. La ciencia puede jugar ya con el genoma humano y trastocar su naturaleza.

No podemos cansarnos de decir que no nos oponemos al desarrollo, por supuesto que es necesario y tiene que ver con el progreso al que la humanidad esta llamada. Pero, no nos cansamos tampoco de hacer oposición ante un desarrollo extractivista criminal que va en contra de la dignidad de las grandes mayorías, en contra de la salud y vitalidad que encierra la casa común. “Si todo está relacionado, también la salud de las instituciones de una sociedad tiene consecuencias en el ambiente y en la calidad de vida humana: «Cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales». En ese sentido, la ecología social es necesariamente institucional, y alcanza progresivamente las distintas dimensiones que van desde el grupo social primario, la familia, pasando por la comunidad local y la nación, hasta la vida internacional…” LS #142.

Hay que volver al valor del agua. Agua y barro, juntos amasados hacen el lodo capaz de curar la ceguera política y también técnico científica, que no deja ver la luminosidad de la vida y sus relaciones integralmente. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoce en la resolución #64/292 que “el agua potable, segura y el saneamiento básico constituyen un derecho humano esencial” del cual “dependen todos los demás derechos” agrega el Papa Francisco #30 de la LS. El agua es el elemento vital en el desarrollo de la vida. Los estudios de biología concluyen que la primera célula que impulsó la vida surgió en los océanos. El agua está formada por dos elementos químicos esenciales; Hidrogeno y Oxigeno. El planeta tierra, esta esfera que es nuestra casa común, viajando a través de su órbita en el universo, está cubierto de agua en un 70% y 30% es materia dura. El ser humano es 70% agua y 30% materia dura, nuestra naturaleza humana tiene la misma composición química que el planeta tierra, el espíritu que inspira a los científicos de hoy, inspiró al escritor del génesis para decir que Dios agarró barro, soplo y apareció un ser humano. Toda la vida depende de la tierra y el agua. En nuestro desarrollo biológico encontramos nuestro génesis. Iniciamos siendo un espermatozoide líquido, nos desarrollamos en un universo líquido en el vientre materno, al nacer nos alimentamos con líquidos, vivimos donde hay agua y las grandes ciudades están ubicadas junto a las costas marítimas, las comunidades se ubican junto a las cuencas hidrográficas productoras de agua, bebemos agua cada instante, es imposible vivir sin agua.

El ojo humano y también animal, es un órgano muy desarrollado y es hídrico. El ojo hace el milagro de hablar a través de las lágrimas que brotan de alergia o de dolor, por eso las lágrimas que brotan de los ojos de un niño o niña, una mujer, un hombre que se siente y se descubre expulsado de la vida, una comunidad arrancada de su territorio, despojada de su río y su agua, familias desplazadas de su hábitat, es una denuncia fulminante contra el orden económico capitalista e imperialista. Aunque los sistemas de investigación del Estado, junto al sistema judicial y los parlamentos de diputados legislen para expulsar legalmente a los “últimos” de la tierra y la vida, aunque las grandes empresas industriales, agroindustriales, mineras, hidroenergética, etc. criminalicen y paguen para encerrar al ciego en las cárceles, encontrarán siempre una palabra y una resistencia en ese pueblo que nunca dejará de pelear por el agua.

El día mundial del agua no solo debe servir para decir lo importante que es el agua, sino para denunciar a las corporaciones empresariales, instituciones de Estado y la burocracia que entrega las fuentes de agua primando los monocultivos agroindustriales que consumen tanta agua y dejando a la gente en sequía. En este tiempo en el que el CORONAVIRUS azota a los pueblos del mundo, el agua es el elemento vital al que las anacrónicas instituciones públicas nos remiten, “lavarse las manos, lavarse las manos, etc.” lo saben sobremanera que el agua  juega un papel de primera en la salud y la vida, seguro también reconocen que el grito y resistencia de las comunidades en defensa del agua, el ambiente y el territorio es justo y digno, entonces hay que seguir. La educación ética de la mujer y del hombre nuevo no vendrá de la academia, sino la confrontación dialéctica en la lucha de clases en el terreno de la sobrevivencia. 


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