Por: Claudia Patricia Sánchez Cárcamo 

La sociedad hondureña se ha visto sometida en los últimos años a niveles crecientes de violencia y criminalidad alarmantes, al grado que de América Latina ocupa los primeros lugares, debido a las grandes desigualdades (altos en comparación con el resto de países no en guerra del mundo) los altos niveles que ha alcanzado la inseguridad pública y la baja calidad de vida en nuestro país, según algunas conclusiones del Taller  “Honduras: Opciones para la Seguridad y la Convivencia” 

Las causas de la criminalidad y la violencia en Honduras son consecuencia de una serie de factores que se relacionan y refuerzan entre sí, entre los que se encuentran grandes inequidades de género, sociales y económicas; falta de oportunidades para las y los jóvenes; una cultura que valida la violencia como un mecanismo para resolver conflictos; disponibilidad de gran cantidad de armas en la población y leyes permisivas frente a su tenencia y portación; debilidad y desarticulación entre los organismos encargados del control del crimen (Policía, Ministerio Público y Poder Judicial), que conlleva a altísimos niveles de impunidad, y el creciente fenómeno del narcotráfico. Según el Observatorio de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. 

En Honduras por el incremento de violencia cometida hacia la mujer el estado sea visto obligado por organizaciones de Derechos Humanos y Activistas feminista a la aprobación de leyes que protejan a la mujer aunque solo sean en papal porque en la práctica y en acontecer cotidiano esto es aún una utopía, porque ni siquiera se cumplen las medidas de seguridad que el mismo Estado debería brindar contra la violencia hacia la mujer como la protección a la humanidad de la mujer, medidas de seguridad, precautorias y cautelares ya sea por falta de elementos o de sensibilización a dichos elementos. 

Desde hace algunos años vengo escuchando un refrán que suele decir Juana Pavón, escritora y actriz hondureña “Solo las tontas mueren jóvenes” pero en Honduras los y las jóvenes suelen morir cotidianamente no por ser tontos ni tontas, sino por la falta de seguridad social que impera en el país, hoy en día salir de la casa y volver en la tarde al final de una jornada de estudios o trabajo se ha vuelto en una odisea para la población hondureña, sin importar la edad, género, etnia o condición social. 

El hecho mismo de ser joven es ya un delito, porque se obstaculizan las probabilidades de empleabilidad, se lucha negación de relevos generacionales, por la renuencia visible en la inclusión de nuevos elementos, pero imposibilitada desde la parcialidad en métodos no estandarizados para optar a la educativa superior ya que es negada a toda la población con pruebas de selección penalizadoras y excluyentes de quien sí o quien no puede ser un alumno del alma mater la cual es vista casi como una rifa a la posibilidad de terminar una licenciatura, porque aunque son más estadísticamente las mujeres que se matriculan, al final son más las cifras de los hombres que se gradúan por condiciones de desigualdad en la empleabilidad y responsabilidad en la crianza de sus hijas e hijos. 

Vivimos en una sociedad en que se persigue y estigmatiza a la juventud de vagos por no trabajar y vándalos por exigir el cumplimientos de sus derechos en las calles, parásitos sociales por tener que recurrir a los servicios médicos básicos que el Estado y esperar a tener suerte que lo que ocupe este surtido, el ser llamados mantenidos por tener que vivir aún bajo el mismo techo familiar, la juventud al intentar vivir en una sociedad autofaga, es devorada por la delincuencia común, asociación ilícita, narcotráfico, corrupción estatal, ya que todos y todas en algún momento y dependiendo de la georreferencia en que se viva, termina de alguna forma absorbido ya sea seducido por suplir las necesidades básicas, codicia u obligado por los mismos carteles o pandillas a ser partes de sus organizaciones, pero es acá donde el o la joven tiene involucrarse o negarse pero en ambas respuestas está implícito un mismo destino con una corona de flores en la morada eterna, la muerte.

Es cuestionable que a pesar de existir tantas medidas en las que el Gobierno toma parte para darnos seguridad y justicia, pero irrisoriamente sea esto lo que más carezcan las/los pobladores del país, se ha tornado tan común el ver como se perpetúa el incremento a la tasa de homicidios, con un patrón de crecimiento en los corredores de la zona sur al occidente y del centro al norte, a pesar de los esfuerzos estatales en mostrar cifras donde los homicidios, violencia, delincuencia y demás agresiones vienen en detrimento, en los hogares de la y el “ciudadano de a pie” seguimos siendo asaltados, extorsionados y llorando a nuestros familiares víctimas de la violencia diaria. 

Existen reflejos palpables de violencia en medio de comunicación y en literatura como en mi siguiente verso; /violencia/ /a flor de piel/ /a flor de vidas/ /a golpes en las vidas/ /y en robos de vidas/, la cual según el estado está en latente disminución estadística, es constatable/comparable según el medio de comunicación en el cual así mismo se verán reflejadas las cifras oficialistas, pretendiendo ocultar las lágrimas vertidas por las y los dolientes. 

Pero a pesar de todo aún existen auditores sociales no oficialistas como ser los medios de comunicación comunitarios y alternativos en donde se levanta la memoria histórica, en dichos medios no es tan probable que existan títulos o palabras censuradas para ocultar la ineficiencia/inconveniencia de la imagen estatal, o de sus órganos ejecutores de justicia, donde la machaca, ni el dueño de la editorial, hacen fotochopear las imágenes de víctimas para que no se salgan desangrándose, ni con sus órganos corporales esparciéndose por todos lados.

La violencia hacia la mujer llega desde cualquier ámbito, partamos de la música de calle que suena, retumba y rezumba donde cantarle a la mujer “Perra, te quiero dar castigo” o “Abre la piernas y cierra el corazón”, es lo menos ofensivo y ya que las generaciones de jóvenes lo repitan cacofónicamente sin reparar en el significado o el contenido de sus letras, despersonificándose dejándose llevar solamente por el ritmo envolvente mientras lo están bailando. 

En una sociedad donde se le dice a la mujer que ella es culpable de que la hayan violado por la ropa que suele usar, en lugar de exigirle a los hombres que respeten a las mujeres pretendemos que las mujeres teman a expresarse libremente y con temor a vivir, sociedad que se queda cuestionando las horas y los lugares en que anda sola en la calle, en lugar de ver que son más las mujeres jefes de hogar con doble jornada o mujeres jóvenes que trabajan todo el día y solo les queda tiempo para superarse estudian durante la noche.

Podemos pasar a otras esferas más (des)organizadas como los órganos ejecutores de justicia en los cuales la Re-victimización que sufren las personas que han tenido el valor de denunciar una agresión en contra de su integridad humana, ya sea violencia doméstica, agresiones sexuales o delitos comunes, re-victimización que suele pasar cuando al pasar de una unidad a otra le vuelven a preguntar una y mil veces “Que te paso, como andas vestida” o “Que estabas haciendo en ese momento para que te pasara eso” en vez de trabajar en conjunto entre todas las instancias que tengan que requerir dicha información y facilitarse los datos ya recabados, órganos ejecutores de justicia cada vez más extendidos con una creación continua de unidades, ministerios, comisiones u oficinas pero cuyas tareas no vemos avancen ni cambien en comparación con antes de su creación.

Volviendo al refrán “Solo las tontas mueren jóvenes” nos hace reflexionar en la triada Violencia-Genero-Juventud, los cuales nos hacen reflexionar que actualmente respiramos un clima de violencia, agresiones, pero que se potencializan si le aunamos el hecho de ser mujer aquel ser que nació sexuado con órganos genitales femeninos y ser joven que se han convertido en sinónimos de una condena de muerte, sin importar el territorio del país en el que vivamos. Porque a pesar que “Honduras tiene nombre de mujer” según Juana Pavón. Las mujeres nos vemos estranguladas en un circo/círculo mediático, bajo la sombra de inseguridad en la (des)-gobernanza nacional, la inseguridad e injusticia desde los órganos ejecutores de justicia.

Sin olvidar que existe una amalgama entre la violencia, género y medios de comunicación para lo cual citaremos a Thelma Mejía, Honduras: La violencia en la información., Capítulo II. Tratamiento de la Información inciso B.2 Violencia y Género nos dice “Referente al tema de la mujer, mayoritariamente asociados a violaciones, asesinatos de mujeres, demandas de mayor seguridad, para las femeninas” “La mayoría de las notas vinculan los sucesos acontecidos a las féminas a acciones efectuadas por los pandilleros, delincuencia común y violencia intrafamiliar” “En el caso de las notas de Género, la lujuria y la explotación del morbo obtienen su mayor nivel. El irrespeto a la mujer” “Según el CDM, en el trato que los medios dan a este tipo de noticias resaltan los contenidos de las acciones de violencia contra las mujeres, las concepciones ideologizadas a partir de las escalas de valores patriarcales, que en cierta forma, inducen al miedo o la indiferencia, o al contrario, justifican la actitud de los agresores. Pero también el sensacionalismo y el amarillismo van de la mano, la intencionalidad parece ser que entre más se describa como mutilaron el cuerpo, más interesante puede ser para el lector, al tiempo que da mayor ventaja sobre la competencia por la forma y tipo de cobertura”                      

Al hablar de Femicidio o de Feminicidio cabe distinguir diferentes niveles o ámbitos en el que se ubican las definiciones que se emplean. Con niveles que se vinculan entre sí pero también marcan particularidades: teórico, político, operativo y jurídico. Pueden no coincidir, pero es deseable el mayor grado de consistencia y coherencia entre todas las definiciones.

Se abre la posibilidad de actuar en dos ámbitos, el nacional penalizando el Femicidio como el acto de personas concretas que utilizan esta forma extrema de violencia contra las mujeres y a nivel internacional, penalizando el Feminicidio como el delito que cometen los Estados que incumplen su obligación de garantizar seguridad y justicia a las mujeres frente a la violencia que como mujeres viven Tomado de No olvidamos ni aceptamos: Feminicidios en Centroamérica 2000 – 2006.

Según Marcela Lagarde ante el Congreso de Guatemala: …si hay homicidio de mujeres en los que se hace el debido proceso y se hacen todas las cosas adecuadas y se llevan los culpables a la cárcel y el Estado funciona no hay FEMINICIDIO; solo hay FEMINICIDIO cuando hay IMPUNIDAD.