Por: Víctor Manuel Ramos


Roberto Carmona Borjas, ¿venezolano o norteamericano?, en múltiples ocasiones ha metido sus sucias narices en los asuntos que únicamente competen a los hondureños y es un confeso opositor del gobierno que actualmente dirige la República Bolivariana de Venezuela, encabezado por el Presidente Nicolás Maduro Moros, y simpatizante, por no decir cómplice, del autoproclamado y fracasado Juan Guaidó. Se ha aparecido en nuestro país para respaldar al gobierno actual surgido de un golpe de Estado patrocinado por Los Estados Unidos y afianzado en el poder mediante el fraude electoral y el respaldo incondicional que le da Trump, en aplicación de la teoría de Roosevelt; “Tal vez… sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, cuando se refirió al dictador Somoza.

Pues bien, el señor Carmona Borjas, ha publicado un artículo en el que rechaza al socialismo del siglo XXI, sistema con el cual los pueblos, libremente, quieren sustituir al desprestigiado y fracasado neoliberalismo. Citaré el párrafo en que Carmona Borjas argumenta acerca del peligro que el socialismo del siglo XXI representa, según su carcomida argumentación, para el mundo occidental y libre: El socialismo del siglo XXI “constituye una amenaza global, sobe la cual debe reflexionarse con tiempo y con la seriedad y la profundidad que se requiere para hacer frente a un proyecto que busca sustituir el orden establecido, tanto interno como internacional, e imponer un sistema político, económico y social que desconoce los principios fundamentales que hoy regulan las relaciones entre los distintos actores: la democracia, el respeto y la promoción de los derechos humanos, ante todo”.


Asusta, a Carmona Borjas, el surgimiento de una nueva conciencia en los pueblos latinoamericanos que se han insurreccionado en contra del estado de cosas establecido, basado en la mentira, en el embuste. Por esa razón afirma, con categórica desfachatez, que los movimientos actuales de la población, en contra de los gobiernos de Chile y Colombia, son una mentirilla de los medios para poner en aprieto a esos dos gobernantes imbuidos en un ropaje auténticamente democrático, según el criterio de Carmona Borjas. Más adelante afirma que los movimientos reivindicadores en América Latina se financian mediante el narcotráfico, y con esta sesuda aportación se lleva de encuentro al presidente anfitrión, aquí en Guaymurolandia, por las evidencias que nos mostró el reciente juicio en la Corte Sur de Nueva York en el juicio en contra de un capo ligado al régimen actual.


Carmona Borjas o vive en el limbo o recibe jugosos aportes para dedicarse la prédica de la defensa sin argumentos del actual orden establecido que se tambalea por su ineptitud. El clama, sin embargo, por la democracia y por la defensa de los derechos humanos, Vaya, preocupación tan falsa en el señor Carmona Borjas. Digo esto porque es evidente que nunca vio lo que ocurrió en Chile cuando el asesino Pinochet tomó, por la fuerza, el gobierno y asesinó al Presidente Allende y a gran parte del pueblo chileno.

Ahora se ha descubierto que el tal Pinochet, además de ser un asesino era también un vil ladrón que se apoderó de enormes fortunas del pueblo chileno. ¿Es esa la democracia que quiere sostener Carmona Borjas? ¿Son esos los derechos humanos –el asesinato, el desaparecimiento, la tortura y la persecución en contra de lo chilenos- por los que aboga Carmona Borjas? Hace ya varias semanas, el pueblo chileno salió a las calles y quitó la careta a la caricatura que nos haían presentado del paraíso y del éxito económico del gobierno de Chile.

Resulta que el pueblo ha salido a las calles cansado del hambre, del desempleo y de la represión, represión que se ha vuelto a manifestar tal como cuando gobernaba Pinochet. Es más, la represión en contra de los manifestantes es quizás más cruel porque en ningún lado se había dado el hecho de que los carabineros, con tremendo odio fascista en contra de los chilenos, les dispare en contra de los ojos de los jóvenes descontentos, acto de cobardía que ha ocasionado varios cientos de personas que han quedado ciegas, sin contar con los asesinados, los desaparecidos y los miles de encarcelados. Vuelvo a preguntar: ¿Es para Carmona, la actuación sanguinaria de Piñera y de sus fuerzas de choque, una legítima defensa de la democracia? ¿No es acaso, democracia, el gobierno del pueblo? ¿Por qué, entonces, Piñera no renuncia sino que trata de mantener el poder a costa de la vida, de los ojos y de la libertad de los chilenos? ¿Es, acaso esto, señor Carmona Borjas, actuar en defensa de los derechos humanos y por el sostenimiento de una auténtica democracia?


En Colombia, el gobierno ha desestimado el Tratado de paz que firmó con el grupo guerrillero FARC, en Cuba. Como respuesta quiere desfigurar el Tratado, pero lo más graves es que ha permitido el asesinato de centenares de defensores de los derechos humanos y excombatientes que se sumaron a la paz y se pusieron en las manos del gobierno de Duque para preservar sus derechos y su vida.

También los colombianos se hartaron de las mentiras de la democracia burguesa y neoliberal, el sistema que les ha llevado a la inseguridad, al hambre, al desamparo con la propuesta de unas jubilaciones insuficientes para vivir con dignidad, pero sobre todo a las trabas que pone el gobierno para ejecutar el Tratado de paz, porque los colombianos ansían la paz y quiere, de un vez por todas, el fin da la guerra. Pero quieren democracia, no las de los dueños del capital, sino la del pueblo a la que Carmona Borjas llama Socialismo del Siglo XXI, que es el sistema que da auténtico poder soberano a los pueblos para decidir su destino.


Y, qué decir de lo que pasa en Panamá, de la represión y la muerte ejercida por Moreno en Ecuador y del desamparo al que ha sometido a Asange, del golpe de Estado criminal en contra del pueblo de Bolivia, de las amenazas a los brasileños, de un misógeno, fundamentalista religioso que quiere ahogar todas las aspiraciones de los cariocas; de los genocidios en Guatemala, de la desgracia en que dejó Macri al pueblo argentino; de la precariedad en Haití?


Por lo que habla y hace Carmona Borjas es seguro que actúa como agente norteamericano en contra de las aspiraciones libertadoras de los pueblos: por eso está con la exigua oposición en Nicaragua, quiere el derrocamiento del régimen de Daniel Ortega a quien respalda la mayoría de los nicaragüenses, participa en el bloqueo en contra de Cuba y de Venezuela, sin importarle que con tales acciones se violan los derechos de cubanos y venezolanos sometidos, por designio norteamericano, al hambre, a la escasés de medicamentos y al latrocinio de los recursos de estos países; avaló con sus hechos y dichos el intento de Almagro de repetir el zarpazo que dio en Bolivia, en contra del gobierno de Dominica; busca desestabilizar al gobierno de México que actúa con una insuperable dignidad en favor del pueblo mexicano y tratará participar en poner zancadillas al nuevo gobierno de Argentina matriculado con la soberanía absoluta de ese grandioso país.


Señor Carmona Borjas, sus habladurías ya no podrán engañar a nuestros pueblos. Como dicen en la región Austral: Chile despertó. Y yo agrego: Latinoamérica despertó. No aceptamos más engaños, no aceptamos más tutelajes norteamericana, no aceptamos más democracia para una minoría que se beneficia de los sacrificios de los pueblos, no queremos represión, enceguecimiento, asesinato, persecución y destierro en nombre de la defensa de los derechos humanos y del sistema establecido, incapaz de asegurar la felicidad de nuestros pueblos. Ud. señor Carmona Borjas, lo que má le conviene es analizar y callar y, si su estómago se lo permite, asumir la verdad de que la democracia que pregona Ud., no es democracia sino tiranía y sumisión a las elites internas e internacionales.

Y le tomo la palabra: “Nada puede sustituir la libertad y la justicia, nada puede sustituir la importancia del ser humano (Nuestro: todos los seres humanos sin distinción ninguna), de sus derechos y libertades. Estamos obligados a defenderlos. Es un compromiso de todos”. Y eso, señor Carmona Borjas, solo es posible con el Socialismo del siglo XXI.