Por: Ana Fálope 

Honduras tiene una población eminentemente joven, más del 50% de la población son mujeres jóvenes en edades de 12 a 30 años, que se enfrentan a la realidad de pertenecer al segundo país en América Latina con la tasa más alta de embarazos en la adolescencia. 

Desde el 2014 la Primera Dama de la Nación encabeza un Plan Multisectorial de prevención de Embarazo Adolescente, el cual se desarrolla desde un enfoque de abstinencia y niega a la juventud el acceso a  herramientas para tomar decisiones libres e informadas acorde a sus derechos. 

Debido a esto, la Secretaria de Salud ha suspendido todos los programas específicos para la prevención de embarazos en adolescentes y aunque la Secretaría de Educación cuenta con guías de educación sexual, estas no son implementadas en centros educativos en gran medida por la oposición de la iglesia. 

Más que creer que la abstinencia sea la mejor manera de reducir los índices del embarazo adolescente, es la única ruta permitida por las iglesias que ejercen una coerción y una presión muy fuerte  sobre las políticas públicas definidas por el Estado. 

Además de ser un país que no cuenta con educación sexual integral y tiene un deficiente acceso a la atención médica en materia de sexualidad y reproducción, hay una serie de tabúes y mitos alrededor de la sexualidad. 

Por si esto fuera poco, las cifras de violaciones en adolescentes y jóvenes aumentan todos los días y desde el 2009 que se prohibió la Pastilla Anticonceptiva de Emergencia (PAE) no puede utilizarse para prevenir embarazos producto de la agresión y de problemas en la planificación. 

Estas acciones han desencadenado el aumento de embarazos en niñas y adolescentes, la prohibición de la PAE afecta a las mujeres más jóvenes y refleja el poco o nulo interés del Estado en proporcionar y respetar el derecho de las adolescentes de elegir en qué momento embarazarse. 

Es urgente que la Secretaría de Salud levante la prohibición de la PAE y proporcione al menos esta opción a las  situaciones de emergencia como la falta de acceso a un método anticonceptivo, fallo del método de uso diario o una violación. 

La lógica de la abstinencia y la negación pública de la sexualidad de los jóvenes, ha hecho estragos en Honduras y es momento que el Estado analice si vale la pena seguir igual  para no quedar mal con las iglesias, o si es tiempo de cambiar la ruta en beneficio de miles de jóvenes que ven sus aspiraciones truncadas debido a embarazos no deseados.

 


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