Escrito por: Ronnie Huete S.

Periodista internacional

Los campos de concentración para los menores inmigrantes en los Estados Unidos violan los derechos humanos. 

Una dictadura disfrazada de democracia es la descripción de lo visto ayer en Washington DC, cuyo mandatario está preparando todo para seguir en el poder mediante una muy probable reelección presidencial en las próximas elecciones generales de 2020. 

Los campos de concentración humanos en donde mantienen encerrados en condiciones inhumanas a los inmigrantes que viajan irregularmente a los Estados Unidos, es una prueba de que parte de la historia que protagonizó Adolf Hitler se ha repetido en territorio estadounidense. 

Washington DC, 5 de julio de 2019.  La independencia de los Estados Unidos de América (EUA) cumple 243 años. Nuevamente es celebrada en todo el país mientras alrededor de 13 mil niños latinoamericanos están privados de libertad en diversos campos de concentración en todo el país norteamericano, por buscar la libertad del “sueño americano” de vivir para trabajar en los EUA. 

Washington se vistió de guerra en esta celebración, puesto que el mandatario Donald Trump rompió con los protocolos de la celebración oficial del 4 de julio y mando a militarizar la capital estadounidense, exhibiendo su poderío militar ante el mundo.

Tanques de guerra en las avenidas principales del Distrito de Columbia (DC) y el vuelo de aviones milicianos, fue el espectáculo del gobierno de los Estados Unidos, muy similar a los desfiles que realizan las dictaduras en América Latina y el resto del mundo. 

Una dictadura disfrazada de democracia es la descripción de lo visto ayer en DC, cuyo mandatario está preparando todo para seguir en el poder mediante una muy probable reelección presidencial en las próximas elecciones generales de 2020. 

La campaña política de Donald Trump ha sido matizada con el sufrimiento de los inmigrantes que viajan hacía los Estados Unidos, ya que el mandatario instrumentaliza el discurso de odio contra los que inmigran, manifestando que son delincuentes comunes que llegan a su país y que él, es el salvador de una invasión migratoria. 

Bajo este contexto fascista las políticas migratorias de Donal Trump han sido reforzadas contra todo aquello que no sea de origen anglosajón, a tal punto que ha hecho renacer los campos de concentración para humanos, al estilo de Adolf Hitler. 

Prueba de ello, son los aproximadamente 13 mil niños que guardan prisión en Texas y Florida, la mayoría originarios de Centro América, en donde la invasión estadounidense mediante su política exterior para el triángulo norte de esa región ha sido la más avasalladora en los últimos años. 

Pese a que el abuelo del mandatario Trump era un inmigrante pobre de Europa, quien comenzó amasando su fortuna fundando burdeles en los Estados Unidos, según lo reveló un tabloide alemán, quien hizo pública una carta del abuelo de Donald Trump y cuyo contexto revela una suplica del abuelo de Trump para que no lo deportasen. El inquilino de la Casa Blanca separa a los niños de sus padres, encerrándolos en campos de concentración. 

Por otra parte, la invasión del gobierno de los Estados Unidos a través de su política exterior, en El Salvador, Guatemala y Honduras es un hecho. Por tal motivo, la retórica del discurso político de Trump es contrario a ello, ya que sus declaraciones afirman una invasión de centroamericanos contra el pueblo de los Estados Unidos. 

La utilización del discurso mediático inspirado en un principio fascista que menciona que una mentira repetida mil veces se puede convertir en verdad, es la lógica que utiliza Trump para crear un falso imaginario colectivo del miedo y terror entre sus ciudadanos, víctimas de la alienación producida por las principales cadenas de comunicación al servicio del dictador. 

¿Qué es lo que está pasando? Con el país que se ha dedicado a impulsar los valores democráticos en el mundo y han dejado imponer a un presidente fascista o será que el diseño de la realidad siempre se mantuvo así, pero de una forma oscura, y ahora a decidido salir a la luz para demostrar lo que realmente ha sido la “democracia” en los Estados Unidos durante los 243 años que tiene de existencia como nación. 

Pese a los conflictos internos en una sociedad polarizada por el odio racial, el uso excesivo de armas entre sus pobladores, el inadecuado acceso a la salud, vivienda y a la educación universitaria, sus pobladores parecieran seguir apoyando la consigna política de Donald Trump: “United States First” (Estados Unidos primero). 

Lo cierto es, que el desfile de este pasado 4 de julio, confirmó las intenciones bélicas de la administración Trump de generar guerras con la mitad del mundo, y seguir con las sanciones económicas contra la nación persa de Irán. 

El matrimonio político entre los Estados Unidos e Israel, quienes aparentemente están buscando firmar a lo que llaman el acuerdo del siglo, para determinar la paz entre Israel y Palestina es descrita como una necia diplomacia parcializada a los intereses hegemónicos de Estados Unidos e Israel, según lo denuncia la autoridad del Estado de Palestina. 

El escenario para una posible tercera guerra mundial nunca había estado tan latente como en la era de Donald Trump, cuya administración realmente dirige a su país como lo que es, una gran corporación financiera. 

Mientras esto sucede la ciudadanía estadounidense aguarda la esperanza en las próximas elecciones de noviembre de 2020, y cuya oposición demócrata se ha fragmentado en una veintena de candidatos. 

Donald Trump, está dispuesto hacer cualquier insensatez para mantenerse en el poder, y arrecia contra los latinoamericanos que viajan irregularmente a los Estados Unidos, hipnotizando a su pueblo que la migración es realmente el problema, pero no la financiación de guerras y conflictos sociales en el exterior, a través de los impuestos de sus compatriotas, como sucede contra Palestina. 

El caso del padre salvadoreño y su hija, encontrados muertos en el rio Bravo que divide a los Estados Unidos del resto de Latinoamérica, son producto de la gran huida de estos conflictos sociales y guerras no declaradas que vive el triángulo norte, bajo la tutela imperialista de EUA.


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