Por: Alex Palencia.

El golpe de Estado del 2009 en las “Honduras” es quizás el evento más traumático que la sociedad hondureña haya vivido en los últimos 100 años de su historia moderna, y aun después de 10 años este se manifiesta como una herida abierta y sangrante, los que realizaron semejante hecho de violación a la soberanía de la nación no han podido resolver lo que comenzaron debido a que no previeron las consecuencias de su pernicioso acto, o bien porque hicieron cálculos desfasados fuera de la realidad en que actualmente viven y se mueven los pueblos.

La democratización de la tecnología ha llevado a otro nivel el flujo de la información en el mundo, está fluye a través de la fibra óptica no pueden controlar toda esa información, el sistema no puede tener control sobre todo ese tsunami y al final el ciudadano común de ese modo sortea aquellos instrumentos de vigilancia y censura que el statu quo ha ejercido históricamente. En otras palabras el mundo ya no se mueve solamente baja la manipulación de aquellos poderes siniestros que conspiran o manejan los hilos del poder político y económico con todos sus mecanismos de vigilancia. En el pasado cercano se daba un golpe de Estado en las Américas y con un comunicado de dos páginas leídas en las radios de comunicación oficialistas bastaba para tapar los hoyos donde los golpistas enterraban cientos de muertos, mientras manipulaban a su antojo y conveniencia los hechos.

Durante el golpe de Estado contra Manuel Zelaya Rosales según Jake Johnston (periodista norteamericano el cual citaremos varias veces en este escrito) nos dice que dos altos oficiales del ejército hondureño viajan a USA, buscando ayuda especializada para justificar la legalidad y legitimidad del golpe de Estado ante el mundo.

“En el momento del golpe de Estado en Honduras, varios republicanos que apoyaban a los militares hondureños formaban parte del Consejo Asesor del Congreso de la Fundación del Consejo de Seguridad de los Estados Unidos. Una de las representantes republicanas, Connie Mack, R-Fla., Anunció una misión de "investigación" a Honduras mientras los coroneles estaban en la ciudad. Los coroneles hondureños tuvieron varias reuniones en el Congreso, que Andersen alega que Thompson ayudó a facilitar. Thompson, quien formó parte del consejo de la fundación en 2009, no respondió a una solicitud de comentarios de The Intercept sobre su papel”.

Es ese momento que el exembajador de USA en Honduras en los 80s Crescencio Arcos quien para ese momento del golpe pertenecía a la CHDS (Consejo Asesor del Congreso de la Fundación del Consejo de Seguridad de los Estados Unidos) entra en acción de nuevo. 
(Para Arcos, sin embargo, la implicación de asistencia para los militares hondureños por parte de cualquier general de los Estados Unidos es clara. “¿Qué van a concluir?” Preguntó retóricamente Arcos. "De hecho, hubo una complicidad en el lado estadounidense").

Mientras tanto empresarios y políticos hondureños que habían conspirado contra Manuel Zelaya se paseaban por los pasillos del pentágono y del congreso norteamericano esperando convencer a unos y recibir directrices de otros para convencer al mundo de la tal sucesión presidencial era legítima y constitucional, cuento que el 99% de los países del planeta no se tragaban, y reconocían que en Honduras se había dado un golpe de Estado militar disfrazado de una acción constitucional.

Los golpistas hondureños patrocinados y asesorados por USA, hasta montaron unas oficinas en Washington dentro del edificio de una empresa conocida en esa ciudad, sede desde donde pretendían dar conferencias para convencer a la opinión pública de la legitimidad de su maquiavélico e injustificable acto. Desde allí trataban también de convencer a los congresistas estadounidenses que no comulgaban con el golpe de Estado al cual consideraban innecesario, los hondureños sacaron entonces del sarcófago de la guerra fría, los peligros nuevos del viejo fantasma del comunismo, el que según ellos, estaban a punto de toca a las puertas del Tío Sam.

“Una red de ex guerreros fríos y republicanos en el Congreso alentó enérgicamente al régimen de facto de Honduras y criticó el manejo de la crisis por parte de la administración Obama, recientemente electa. Zelaya, según alegaron sus críticos, era simplemente un acólito del presidente venezolano Hugo Chávez, el enemigo público número uno de los Estados Unidos en el hemisferio”.

Y así se establece un doble juego en la política oficial de USA, por un lado se suponía que el presidente Obama con unos cuantos congresistas demócratas se oponían al golpe de Estado en Honduras y por otro los halcones guerreristas del pentágono asesorados por Crescencio Arcos, alentaban a los golpistas hondureños. En el fondo se sabe que fue el pentágono quien planifico y ejecuto el golpe a través de militares, empresarios y políticos entreguistas y apátridas del suelo catracho.

“La nueva información pinta un cuadro de un gobierno estadounidense sin una política única, sino más bien, de burocracias infladas que actúan sobre intereses en conflicto. Los actores ocultos durante la crisis inclinaron a Honduras hacia el caos, socavaron la política oficial de los Estados Unidos después del golpe, e iniciaron una nueva era de militarización que ha dejado un rastro de violencia y represión a su paso”.

Es interesante saber que el día del golpe de Estado, Crescencio Arcos se comunicó con el embajador en Honduras Hugo Llorens lo cual nos hace ver que el Pentágono o la inteligencia norteamericana estaba realmente bajo/ bajo manejando el asunto. Y por más que digieran que Omaba se oponía al golpe, esa solo es una media verdad, pues; se conoce que USA venía conspirando contra el gobierno de Zelaya desde hacía un año antes. Varios militares del ejército y agentes de inteligencia norteamericanos, se reunían con militares, empresarios y políticos hondureños en oscuras y siniestras habitaciones donde planificaban el golpe.

Desde que Zelaya empezó hablar de la base militar de USA en nuestro país, la Soto Cano o Palmerola (antigua propiedad de María Josefa Lastiri de Morazán), Zelaya era del criterio que esta debía regresar como propiedad del Estado Hondureño para construir allí un urgente y necesario aeropuerto internacional, y a eso sumado a la relación del presidente Zelaya con Chávez y los países que integraban el Alba, a quien USA considera enemigos ideológicos opuestos a sus intereses hegemónicos en el continente. Zelaya se convirtió entonces para los norteamericanos como un presidente rebelde y desobediente que había que darle una lección, y con ella aprendieran los demás presidentes de las américas si osaban adherirse al proyecto antimperialista de Chávez; la lección fue se convirtió en un verdadero desastre de magnitudes colosales para el bienestar del pueblo hondureño

“La mañana de la destitución de Zelaya, la noticia de las acciones del ejército viajó rápidamente a Washington y los funcionarios se apresuraron a responder. El 28 de junio, el Departamento de Estado y la Casa Blanca emitieron declaraciones que, si bien expresaban preocupación, no se referían a los eventos en Honduras como un golpe de estado, sino que simplemente llamaban al diálogo. Thomas Shannon, el principal funcionario del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental y un remanente de la administración Bush, le envió un correo electrónico a la secretaria de Estado Hillary Clinton para informarle que estaba "trabajando en los puntos de prensa". La posición de Shannon lo convirtió en el principal arquitecto de la respuesta de Estados Unidos. Él no respondió a una solicitud de comentario”.

Luego siguiendo el libreto de la falsa moral, Obama declaraba: “el golpe no fue legal" y que Zelaya sigue siendo el presidente legítimo de Honduras. "Sería un terrible precedente si comenzamos a retroceder hacia la era en la que vemos los golpes militares como un medio de transición política en lugar de elecciones democráticas"

Y mientras el mundo entero condenaba el golpe de Estado los gringos, se esforzaban por sostener el golpe bajo la fuerza bruta n la calle de sus más fieles lacayos (ejército nacional), por otro lado montaron una maquinaria de artimañas muy bien elaboradas (diálogos, negociaciones, componendas, pactos, etc; estructura que aún persiste) lo cual solo era una estrategia de demora para ganar tiempo y lograr revertir la opinión mundial sobre el tan nefasto evento en las Honduras. Para ello hicieron uso de cuanto recurso tenían a su alcance, pero el caos quizás fue su principal instrumento estratégico para crear confusión y duda, asesorado por mercenarios norteamericanos e israelitas, montaron una mesa de crisis, donde planificaban y conspiraban contra el pueblo hondureño.

“JUSTO DESPUÉS DEL MEDIODÍA del 28 de junio de 2009, Martin Andersen, el informante de CHDS, envió un correo electrónico a Frank Mora, el principal funcionario de defensa de la administración de Obama para el Hemisferio Occidental. Andersen entendió que los Estados Unidos serían culpados por el golpe de Estado en el hemisferio. Para salir al frente, sugirió "que se prepare un breve resumen de las relaciones de los Estados Unidos, y en particular del [Departamento de Defensa], con el general Romeo Vásquez Velásquez y sus colaboradores más cercanos".

El dossier se habría extendido décadas atrás. Vásquez completó los cursos en 1976 y nuevamente en 1984 en la Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia, una institución que entrenó a militares latinoamericanos a los que asistieron innumerables oficiales implicados en golpes de estado y abusos contra los derechos humanos en la región. Este sistema de entrenamiento militar extranjero ha ayudado a perpetuar la militarización de la región. Con poca supervisión, los intereses dispares, las ideologías y las relaciones personales de los involucrados continúan teniendo al menos el mismo peso que cualquier posición oficial de política anunciada desde la sala de prensa del Departamento de Estado”.

Sin lugar a dudas USA estaba al frente del Golpe de Estado a través de su ya reconocida doble y falsa moral, articulando dos discursos paralelos; por una parte el presidente Obama reconocía el golpe de Estado y por otra parte los halcones del pentágono maniobraba para que el golpe de Estado se consolidara como un hecho irreversible, y eso han seguido haciendo por diez años, y por diez años también gran parte del pueblo hondureño estoicamente ha estado en las calles manifestando su desaprobación y rebeldía al nefasto acto del 2009 contra el gobierno de Manuel Zelaya Rosales, evento definitivamente planificado por USA, y ejecutado a través de sus lacayos hondureños.

La verdad el golpe de Estado del 2009 marcó un antes y un después en el imaginario colectivo de las “Honduras”, aun así la Banana Republic siga intacta como estructura política, de nada ha servido que miles de hondureños se manifestaran ininterrumpidamente por diez largos e interminables años, donde en las calles se exige, justicia y fin de la dictadura montada por USA desde el golpe de Estado del 2009, y la cual ahora se reconoce en el mundo como una narcodictadura, pues para nadie es un secreto los vínculos del crimen organizado y el narcotráfico con la estructura del Partido Nacional en el poder. 
Y para los que creían que los tiempos en donde se resolvían los problemas de la nación a través de la intervenciones militares planificadas desde Washington para instalar gobierno dictatoriales que respondían a los intereses norteamericanos habían quedado a tras ¡sorpresa! Los golpes de Estado siguen vivos y se prestan al igual que en el pasado a destruir la ya de por si paupérrima economía nacional generando: caos, ingobernabilidad, inseguridad ciudadana, violencia, profundización de las políticas económicas neoliberales, oficialización de la corrupción, empoderamiento del crimen organizado en las estructuras del Estado, en fin; el golpe de Estado del 2009 es aún un problema sin resolver por parte de quienes lo planificaron y ejecutaron, los cuales quizás en su delirio conspirativo no previeron la reacción de un pueblo que ahora mas informado se resiste a vivir de rodillas frente a la historia, recordándonos que actualmente no basta con una cadena radial de 15 minutos para legitimar la violación a la soberanía del pueblo.


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