Por: Alex Palencia.

Desde el 2012 hemos venido advirtiéndole al pueblo hondureño los peligros que corría nuestro país al caer en manos de un hombre con las características psicológicas o patologías de Juan Orlando Hernández; para muestra lean las cartas, “Carta de un ateo para un burro” y “El que es burro es burro”. En estas dos epístolas tratamos de desnudar la forma visceral de actuar, ser y pensar de un personaje tan nocivo para la salud política de la sociedad hondureña como él.

Desde que vimos a este señor promocionando y después defendiendo el golpe de Estado del 2009 en los diferentes foros televisivos del medio, nos dimos cuenta de las insanas intenciones de alguien que reflejaba desde ese tiempo una taimadez de altos vuelos: su forma de hablar, la expresión de su rostro, la forma de mover sus manos, lo que dice y cómo lo dice, en fin; toda su expresión corporal ya lo delataba como alguien que manifestaba ciertas patologías asociadas al autoritarismo, el narcisismo, la vanidad, la paranoia, el sadismo disimulado, la neurosis, la falsedad, y sobre todo; un afán insaciable de poder. Todas ellas, características básicas de quienes a veces por contingencia, y otras por una planificación maquiavélica, logran sus objetivos de ponerse a la cabeza de grupos, movimientos sociales, instituciones, políticas, y en último caso de los destinos de un país.

Con el tiempo, el mejor aliado de la verdad, nuestras sospechan se vieron confirmadas: el tal “Juancito El Bandido” se ha ido convirtiendo disimuladamente en un personaje peligroso para el bienestar de la colectividad hondureña, donde ha ido manipulando y secuestrando toda la institucionalidad a la vez que se ha coludido con grupos del poder factico, así como del crimen organizado, para lograr sus oscuros propósitos que no ha sido más que hacerse del poder político y económico de este ya de por sí maltrecho país. Para ello ha violado la constitución cuantas veces ha sido necesario, ha comprado y manipulado a los medios, ha extorsiona a la empresa privada, ha comprado a los militares y a los policías, y ha engañado a la clase más desposeída con supuestos proyectos de ayuda social, que han servido más bien como tapadera para sus propios negocios; algunos de estos han sido llevados a la práctica, tales como el “Eco Fogón, Una vida Mejor, Con Chamba Vives Mejor, y otros tirados de los pelos como la famosa “Super Tortilla”. En fin, una característica común del perfil psicológico de los dictadorzuelos, fantasear a costa de la ingenuidad que a veces muestran los ciudadanos, especialmente los menos letrados o informados.

Siempre nos pareció un tipo peligroso aun a pesar de mostrar sus carencias intelectuales y de carisma, asociados a un discurso pobre y poco convincente, copiando frases de líderes incluso más peligrosos que él, va expropiando espacios e instalándose en el imaginario colectivo. “Yo Juan Orlando Hernández voy hacer lo que tenga que hacer para darle seguridad y prosperidad a este país”, frase que le robo al otro taimado, el colombiano Álvaro Uribe.

La prosperidad nunca llego ni llegara, pero si es sabido por propios y extraños, que él, su familia y sus allegados mas cercanos, han saqueado las arcas del Estado convirtiéndose él, después de cuatro periodos como diputado al Congreso Nacional y uno como presidente del Estado de Honduras en un poderoso potentado, dueño de: bancos, líneas aéreas, radio comunicación, telecomunicación, hoteles, caficultura, acciones en transnacionales, haciendas, mansiones en el extranjero, etc.

De ser un estudiante común y corriente de la carrera de derecho, hijo de un militar de cerro (Juan Hernández Villanueva) de la policía genocida del general y dictador Tiburcio Carías Andino, pues bien; el tal Juancito El Bandido, sin mayores recursos y bienes heredados de su padre y repartidos para una prole de 16 hijos ― producto de sus relaciones con varias mujeres― “la cual incluye algunas manzanas de tierra, un negocito, tres caballos, una yegua, una docena de vacas y terneros, tres jolotes, cinco cerdos, diez gallinas, dos burros y una mula”, ahora después de 20 años metido en el negocio de la política (1998 al 2018), en la última década, Juan Orlando es uno de los hombres con más poder y dinero de Honduras y Centroamérica, nadie sabe porque méritos, al no ser de político, mediocre leguleyo, mandadero del imperialismo norteamericano y de los grupos de poder factico en el país.

Y si bien, fue a sacar una maestría en Administración Publica con énfasis legislativa. Aun no conocemos a nadie que por sacar una maestría se haya hecho millonario, sabemos de personas que tienen hasta tres maestrías, y son individuos que viven de su profesión dignamente pero sin mayores privilegios que la de ser asalariados normales, con una casa modesta y un buen carro.

Según la psicología, cuando un individuo frunce el ceño o las cejas, es una muestra de nerviosismo, alteración, disconformidad, negación y aquel que mueve sus manos constantemente al hablar, en realidad sabe, que está mintiendo, y a través de sus movimientos repetidos intenta convencernos de que nos está diciendo la verdad; características muy visibles en Juan Orlando Hernández, quien además muestra un pensamiento diagrámal y reiterativo en sus discursos, su pragmatismo lo manifiestan en formas teatrales bien cuidadas o aprendidas, como un soldadito de plomo, lo vemos con cierta rigidez corporal tratando de convencernos que él es el representante del pueblo, prometiendo solucionar todos sus problemas.

Otra característica del dictador, son sus paranoias, las cuales lo obligan a creerse superior y no aceptar ninguna crítica, aunque estas sean valederas, en el caso de Juan Orlando Hernández, su comportamiento ha sido atornillarse al poder a como de lugar, no importa si para ello tenga que hacer el más monstruoso fraude de la historia del país, o bien, a través de sus aparatos de seguridad, reprimir, torturar y asesinar a parte del pueblo que no lo tolera.

Las expresiones de Juancito El Bandido había que ponerles siempre atención, pues reflejan su oscura y siniestra manera de pensar y actuar, asociada a un nivel de maldad propio del dictador:

“Soy Juan Orlando Hernández, vengo de las tierras del indómito cacique Lempira, de la mano de Dios y el apoyo del pueblo hondureño voy a ser el próximo presidente de Honduras”.

“Respetaré el Estado de derecho. NO BUSCARÉ LA REELECCIÓN, fortaleceré sus instituciones y velaré por qué se respeten los derechos humanos”

“¿Quién dijo miedo?”

.“Hemos sembrado en la crisis y ahora estamos cosechando, les prometo que creceremos como país”.

“Yo Juan Orlando Hernández, voy hacer lo que tenga que hacer” 
“no se equivoquen conmigo, han despertado el gigante que hay en mi”

Todas estas frases reflejan la patología de un individuo con serios problemas de personalidad muy característicos de dictadores que han conspirado contra la libertad de los pueblos en otras partes del mundo, sus aires de grandeza lo lleva a compararse a héroes nacionales como "el indómito Lempa", su complejo de pequeño hombrecito sin mayores atributos, pues nunca ha hecho en su vida nada que merezca la pena mencionar, aunque quiera vendernos la idea de que él es un estadista y que sin conocer las raíces históricas de los problemas de la nación, él con la "ayuda de Dios" resolverá todos nuestros problemas.

“Me compromete hacer reformas electorales, para democratizar el sistema”

“combatiré la corrupción caiga quien caiga”

Su personalidad de mentiroso patológico ha quedado evidenciada muchas veces, quien sin pestañar, y con una mueca por sonrisa, mientras levanta una ceja y mueve sus manos insistentemente, se compromete hacer lo que de antemano ha previsto no hacer, o bien detrás de lo que dice casi siempre hay algo oculto, características del hombre taimado, pensar que los demás somos menos inteligentes, y que nos tragaremos sus argucias y dobles intenciones, sin más ni más.

Pero hay otras frases de Juancito El Bandido que aunque parezcan cargadas de cierta ingenuidad no lo son, pues; reflejan el verdadero lado taimado del susodicho:

“ahora si me los trataran bien”

“Yo les digo, en mi gobierno, no me los traten mal”

Refiriéndose al pueblo como si las personas le pertenecieran o fueran de su propiedad, él siempre habla como si de nuestras vidas dependieran de sus decisiones, como si los hondureños formaran parte intrínseca de sus haciendas; otra característica del dictador, creerse dueño, protector y padre, de los ciudadanos, su apetito insaciable de poder, le lleva a develar su espíritu controlador, su delirio de omnipotencia y su neurosis, rayando en sus percepciones distorsionadas de la realidad lo cual se reflejan en sus acciones disimuladas y abusivas.

Cuando se refiere al gobierno o Estado, lo hace como si este fuera él mismo:
“si ustedes pagan los préstamos, que es lo que gano yo como gobierno”

Otra característica del dictador es que: no tienen sentimientos, no padecen emociones, no tienen sentido del humor ni capacidad de reírse de sí mismos. No entienden que la democracia, en el fondo, es un juego de roles. Juancito El Bandidito, el pobre no sabe contar un chiste o reírse de sí mismo, por ello, critica a Mel Zelaya, y el fondo le envidia, porque que él otro, si sabe contar chistes, es simpático hasta para sus enemigos políticos, los jóvenes lo siguen y respetan, el tal Mel hasta canta y rasga la guitarra, cosa que Juancito El Bandido por más que quiera no puede hacer, pues para ello de alguna manera se nace.

Y no es cierto que los dictadores siempre llegan al poder a través de golpes militares, ha habido muchos, que llegan al poder mediante el engaño al pueblo, con plebiscitos o procesos eleccionarios amañados y vulgares, o bien a través de componendas políticas, realizadas en oscuros salones de batallones militares.

Todos los dictadores han sufrido traumas de consideración en su niñez y proceden de matrimonios desechos, parientes abusivos y madres solteras, por lo cual son el producto de diversas discriminaciones, falta de educación y algunas veces de restricciones económicas. Este periodo les ha infundido un estado de rebelión y de odio a los que para ellos representaban los autores de sus desgracias. Juancito fue producto de una relación extramarital del señor Juan Hernández Villanueva con una cipota vendedora de tortillas que se apostaba frente a su negocio; he allí la obsesión de Juancito con los tales “Eco

Fogones y La Super Tortilla”, y quizás de allí provenga su ambición de poseer muchos recursos materiales, cuántos sean posibles.

Se sabe que las personas que han sufrido algún trauma en la niñez o han sido abusadas terminan por tener comportamientos de odio hacia los demás, así que, si además de odiar tienen poder en la sociedad, o por una ley de contingencia se convierten dictadores de un país, no solo odian a los que los rodean y también se odian a sí mismos. Pues, no han podido desarrollar los sentimientos de responsabilidad y de respeto, porque estos sentimientos se aprenden al practicarlos primeramente consigo mismo. 
Son ególatras y muchas veces, se expresan en forma incoherente, porque han perdido la capacitad de pensar, reconocer y aceptar eventos que no los favorecen. No podemos pasar por alto, que Juancito paso por el Liceo Militar del Norte, donde curso su secundaria, tipo de internados donde suceden las cosas más inverosímiles e impensables y dónde se dan ciertas insanas prácticas entre compañeritos, siendo el más pequeño muchas veces ultrajado, vejado o dominado por los más grandes o mayores.

Sus capacidades de percepción en momentos difíciles son reducidas y están enfrascados permanentemente en sus rencores y odios hacia los demás. Sufren de psicosis de persecución, son cobardes y buscan siempre chivos expiatorios para hacerlos responsables de sus propias acciones. Parecen machos, pero en su interior tienen miedo y dudan de la fidelidad de las personas que lo rodean. Duermen poco, sufren de alucinaciones y están seguros que son los llamados a cambiar el mundo.

Por todo lo que le hemos visto, oído y sabido, no nos cabe duda, que Juan Orlando Hernández padece de las patologías propias del dictadorzuelo con alto índice de maldad, juzgue usted del 1 al 12 con todas las características psicológicas antes expuestas, que nivel de maldad le da a Juancito El Bandidito.


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