"Retornarán los libros, las canciones
que quemaron las manos asesinas,
renacerá mi pueblo de su ruina
Y pagarán su culpa los traidores".

- Fragmento de la canción "Yo Pisaré las calles nuevamente", del trovador cubano Pablo Milanés.

 


Tegucigalpa, Honduras (Conexihon).- Cada 24 de diciembre, desde hace 34 años, la celebración de Nochebuena se torna oscura. Alguien falta en casa, falta su abrazo cuando el reloj marca las 12 de la medianoche. Al país le arrebataron un activista por los derechos humanos y su palabra como periodista.

Es la historia de José Eduardo López (1946), detenido-desaparecido el 24 de diciembre de 1984, en San Pedro Sula, zona norte del país. Ejercía como periodista independiente, publicando artículos en diferentes diarios impresos dentro y fuera del país y pertenecía al Comité para la Defensa de los Derechos Humanos (CODEH), del que fue vicepresidente en la regional de dicha ciudad.

Para conocer la historia de José Eduardo y como las fiestas navideñas no son las mismas en su familia, Conexihon contactó a su esposa, Nora Melara- López, testimonio vivo de la trayectoria de su compañero.

El acercamiento inició en julio de este año, previo a la conmemoración del día nacional e internacional del detenido-desaparecido (30 de Agosto). Pero la conversación coincidió con el aniversario 34 de la desaparición del periodista y defensor de los derechos humanos.

Faltando quince minutos para las once de la mañana - hora hondureña - desde la comunidad de Hamilton, en la ciudad canadiense de Ontario, Nora abrió las puertas de los recuerdos por medio de una llamada telefónica. Y con la confirmación “estoy lista” contó su historia.

La desaparición forzada es un crimen de lesa humanidad que se implantó en Latinoamérica, Honduras no fue la excepción, registrando 184 víctimas de 1979 a 1993, de acuerdo con el informe “Los hechos hablan por sí mismos” del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH), bajo la dirección de Leo Valladares Lanza.

“Yo me caso con él (José Eduardo) en 1974, un año después nace nuestro primer hijo. En el -año- 80 el segundo y el último en el 83”, relató.

Fue un autodidacta, un consumidor de libros. Es como logra aprender sobre los problemas socio-económicos y políticos del país, “los entendía de una manera muy clara”, afirmó.

Estas lecturas y la instauración en Honduras de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN), ejecutada por la intervención del gobierno de los Estados Unidos y la supuesta transición de golpes militares a la era democrática para perseguir, desaparecer y asesinar, creó opositores políticos por sus “ideas extrañas, comunistas, de Cuba”, hizo de José Eduardo López un fuerte crítico, por medio de sus artículos periodísticos.

10 de agosto 1981

José Eduardo fue detenido por miembros de la Dirección Nacional de Investigaciones (DNI), mientras iba camino a su casa. Gracias a que una vecina de Nora fue testigo de este hecho y se lo comentó un día después en su trabajo (en el Hotel Sula), hizo que llegara a las celdas a reclamar la libertad de su compañero.

Un guardia al revisar una caja con un tarjetero de nombres de quienes estaban presos, al preguntar por él -José Eduardo- “me dijo al ver las tarjetas y con una expresión burlesca: no está aquí”.

Al final, cuando un oficial medio abrió la puerta, logró ver a José Eduardo en una celda. Como si estuviera viviendo ese momento, Nora contó que al bajar donde el capitán reclamó el hecho que le negaran su detención, sin decirle siquiera bajo qué cargo lo tenían en las celdas de la DNI.

“Necesitamos tener información de un periódico que encontramos en su maletín, un periódico  de izquierda”, fue una de las respuestas que Nora obtuvo del oficial en ese momento. Ella insistió y al decirle que la Constitución garantiza la libre emisión del pensamiento, la respuesta, propia de los tiempos del terror no se hizo esperar, Nora la repite tres décadas después sin vacilar <<dió un golpe en el escritorio con la pistola y me dijo: aquí nosotros le decimos a la gente qué leer y qué no>>

Amenazó a esa estructura otrora poderosa, con instalarse en huelga de hambre con sus hijos pequeños, siguiendo las recomendaciones de un periodista de la zona norte.

Al decirles que contaba con la cobertura de los medios de comunicación, un viernes 14 de agosto, “justo el día de mi cumpleaños” fue liberado.

Cuando regresó a casa, el cuerpo y la vida del periodista y defensor de los derechos humanos quedó marcada. “Había sido horrendamente torturado. Miré su cuerpo todo maltratado, fue horrendo porque ahora que estudio el tema del trauma, después de lo sucedido con José Eduardo, él quedó con lagunas mentales, se disociaba, cuando oía (cierta) música recordaba que mientras lo torturaban ponían música con alto volumen para que sus gritos no se escucharan”, añadió su esposa.

El primer aviso

Nora Melara-López

Nora recuerda uno de los trabajos periodísticos de José Eduardo López, “un poco elevado” el cual pudo ser publicado en la edición impresa de Diario TIEMPO, uno de los medios de comunicación que abrió sus  páginas a la denuncia de familiares y organizaciones en búsqueda de justicia en los años 80.

Decía el texto algo así “Porque Honduras estaba construyendo un aeropuerto para uso de Estados Unidos con un costo de 50 millones, cuando lo que se necesitaba era la construcción de hospitales, escuelas y no aeropuertos para beneficiar a EE.UU mantener en control en lo que pasaba en Nicaragua, El Salvador y países adyacentes y no para beneficios de los hondureños”.

Este es el artículo que más recuerdo y que pudo haber llamado la atención del DNI, de los militares, del gobierno, que en ese momento se encontraba en una Asamblea Nacional Constituyente, supuestamente para ponerle fin a las dictaduras, golpes de Estado militares.

En 1982 el nombre de José Eduardo López aparecía en un listado para ser asesinado por escuadrones de la muerte. Su compañera comentó que se hicieron acciones para poder sacarlo del país, y lo consiguieron.

Salió hacia Estados Unidos, donde estuvo sólo dos meses con su estatus legal y 14 de forma ilegal. “Ramón Custodio (en ese entonces presidente nacional del CODEH) me ayudó a enviar cartas para que Eduardo fuera aceptado como asilado ante consulado canadiense de Atlanta, Georgia. pero el intento fracasó.

Regresó a Honduras en enero de 1984. En marzo de este año, siete meses antes de su desaparición, mataron a un gran amigo suyo en la vía pública. Eduardo fue a reconocer el cuerpo. Luego de esto, escribió un testimonio ante el CODEH, donde responsabilizó a los cuerpos de seguridad del Estado dirigido entonces por (el recién fallecido) Roberto Suazo Córdoba.

Navidad del 84: El día que le que quitaron el padre a mis hijos

Preguntamos a su esposa, más allá de la celebración de navidad ¿Qué significa cada 24 de diciembre? -Hay una pausa que rompe la conversación con el silencio- retorna con sollozos, una voz entrecortada y los recuerdos que invaden la memoria: “Significa el día que le quitaron el padre a mis hijos, me quedé con la responsabilidad completa, de criarlos y sacarlos adelante”.

 “Fue el día que se me mató la inocencia, me di cuenta de lo que el ser humano, para mantener el status quo es capaz de hacer. Destruir la vida de un ser humano, tomarla impunemente. Dejar a esos tres hijos sin ese apoyo moral, financiero, significa el día que conocimos, se acabó…”

El miedo existe, pero hablar, exponer el caso de la desaparición forzada en Honduras y que dentro de los 184 desaparecidos, está José Eduardo, hace que Nora siga adelante.

“Lo busqué”, nos dice Nora, con el peso de estos 34 años. Junto con Miguel Ángel Pavón, quien integraba el CODEH (asesinado el 14 de enero de 1988) interpusieron un recurso de Habeas Corpus (Exhibición Personal). Adicionó que al estar frente a la autoridad, junto a Miguel Ángel (Pavón) “nos dimos cuenta que alguien alertó a la DNI y movieron a José Eduardo”.

De acuerdo a una persona que laboraba en la DNI, días posteriores (28 de diciembre) a la desaparición de José Eduardo, le mencionaron que a su esposo lo movieron a una casa de seguridad en el barrio Guamilito de San Pedro Sula. “Me pidió que no revelara su nombre”, apuntó Nora Melara.

Supo de una versión acerca del día en que asesinaron a José Eduardo López; un 09 de enero (1985).

Para 1984, el gobierno de Suazo Córdova creó una Comisión Especial integrada por miembros de las Fuerzas Armadas, que entregó un informe al superior Walter López Reyes con fecha 27 de marzo de 1985*. En el que desconoce la existencia de detenidos desaparecidos, mismo que fue calificado como una burla por organizaciones defensoras de derechos humanos.

Amnistía Internacional en su informe "José Eduardo López: 20 años después, ha llegado la hora de hacer justicia", publicado en 2001, aseveró que, en aquel momento cuándo había suficientes indicios para abrir una investigación sobre la participación de las autoridades políticas y militares hondureñas, la misma no se llevó a cabo.

Como secuelas, producto de sufrir la desaparición de un ser querido, dejan trauma en la familia y en especial en los hijos. Existe igualmente una ruptura en la comunidad, donde uno vive y opta por salir del país a exiliarse “a sembrar raíz en otro lugar a causa de que protestamos y quisimos cuestionar”, contó Nora, convertida hoy en defensora de la memoria histórica.

“Mis hijos cargan con eso, algo que siempre estará y les ha afectado su trayectoria de vida, en su salud psicológica, mental, emocional. No es lo mismo que un padre se enferme, muera y que tenga una tumba, a que alguien venga y lo secuestre, lo torture, en medio de la noche lo asesine, se deshaga del cuerpo y que la familia nunca lo vuelva a ver”, manifestó Nora.

Salir de Honduras permitió que se conociera el caso

Para 1985, Nora salió junto a sus tres hijos al exilio en Canadá. Para ella esto significó seguridad, algo que en su tierra no pudo conseguir “intentaron asesinarme”, puntualizó.

“Fue difícil este proceso, era como empezar a gatear, estudiar para alcanzar un nivel de vida para sacar a mis hijos adelante”.

Tuve mucho apoyo, desde el momento que se me otorgó el status de refugiada en Canadá, en un tiempo en que la situación de Honduras, no se sabía, fue muy excepcional.

En el hogar de José Eduardo, vivir en Honduras era tener al miedo como uno más en la familia. Nora reafirma que desde la detención y torturas que recibió José Eduardo en 1981, ella “vivía con terror”.

“Vivía orando, porque yo creía en ese tiempo que con la oración yo podía tener cualquier peligro fuera de él. No me daba cuenta que había gente malvada en el país, hasta que no le sucede a uno, no lo cree”.

El exilio significó que una voz fuera escuchada, como testimonio sobre la práctica de la desaparición forzada en Honduras. Por ello, el caso de José Eduardo López tuvo atención internacional. Organizaciones como Amnistía Internacional mostraron interés y demandaron al Estado Hondureño esclarecer este hecho.

Pero en Honduras no existe ese impacto, reaccionó Nora Melara, después de 34 años de la desaparición del periodista, defensor de derechos humanos y su compañero de vida. “Creen que poniendo la basura debajo de la carpeta, se irá”.

A pesar de las tres décadas que Nora lleva fuera de Honduras, monitorea constantemente la situación de su país natal. "34 años después, Honduras está peor que antes y en el caso de los desaparecidos de los años 80 es que si no se hace nada sobre los errores del pasado, estos se pueden repetir”.

José Eduardo López es uno de tantos nombres que espera justicia. No existe ni un proceso judicial abierto contra quienes dirigían ese momento la DNI en la zona norte. La justicia, al igual que aquel Habeas Corpus de 1984, les sigue dando la espalda, pero a la par, la lucha y legado de un periodista y defensor de la vida persista.

En medio de la impunidad en la que reina el caso de José Eduardo, la conversación con Nora, por más de 40 minutos describió “El legado de un hombre imperfecto, pero que era un buen hombre, un buen papá”.

 

* Aparece en los anexos del Informe "Los hechos hablan por sí mismos". Ver Informe: http://www.dhnet.org.br/verdade/mundo/honduras/tnm_honduras_los_hechos_hablan_por_si_mismos.pdf 

 

 


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