Olancho, Honduras (Conexihon).- En esta nota reflejaremos la realidad a la que se han enfrentado muchos hondureñas, antes, durante y después de la pandemia del COVID-19. Familias completas retornando al campo ante la falta de ingresos que permitan garantizar la seguridad alimentaria de los suyos.

De acuerdo con Victorino Carranza, presidente del Gremio de la Micro y Pequeña Empresa (Gremipe), la pandemia del coronavirus en Honduras ha provocado la pérdida de un millón de empleos. Por su parte el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), alerto a finales del mes de agosto de este año la perdida de mas de 600 mil empleos por el COVID-19.

Bajo este escenario las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), precisan que alrededor de 285.000 hondureños se sumarían alas filas de la pobreza este año elevando la cifra de 5.2 a casi 5.5 millones de personas, por efectos del Covid-19. Según este organismo, que plantea tres escenarios (bajo, medio y alto), la pobreza pasaría de 54.8% de la población total, a 57,8%, en el peor escenario.

Esta es la realidad de cientos de familias catrachas que han perdido sus empleos o fuentes de ingresos en el marco de la epidemia por COVID-19 que llegó a Honduras en febrero de 2020.

Familia Nuñez-Lagos

Juana Núñez y Agustín Lagos a corta edad tuvieron que migrar de la zona rural a la capital de Honduras, en busca de mejores condiciones de vida en donde el estudio fue fundamental para poder superarse.

Doña Juana y Don Agustín con el tiempo se convirtieron en profesionales universitarios: ella una docente de secundaria y él un abogado quienes formaron hace más de 30 años un matrimonio con cinco hijos.

“Cuando llegué a la capital empecé a buscar trabajo y a estudiar a la vez para poder cumplir mis metas, trabajé en muchos lugares” manifestó, el abogado Agustín.

Ambos tenían sueños y metas para regresar a sus hogares cuando migraron, por tal razón viajaban con sus hijos constantemente a sus lugares de orígenes, fueron creando su patrimonio pensado a largo plazo compraban animales y tierras que las dejaban al cuidado de sus familiares.

“Yo siempre desee regresar al lugar donde nací, aunque trabajaba y estudiaba tomaba un día o dos para poder visitar a mis papás y hermanos, mi sueño era comprar mis bienes y cuando me jubilara poder regresar a mi lugar natal” expresó, la profesora Juana.

 

Con el tiempo a la profesora Juana se le presentó la oportunidad de trabajar y decidió irse a una comunidad de Olancho para ejercer su profesión.

La profesora Juana, manifestó que una vez obtenido el título de educación media en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (UPNFM), un sobrino de su esposo le comentó que en el colegio donde estudió había una plaza de maestra, al salir la oportunidad de trabajo lejano a su hogar, lo pensó mucho por sus hijos ya que en ese momento eran menores de edad.

“Pensé mucho en irme a trabajar fuera de mi hogar, porque mis hijos todavía estaban pequeños, pero era la única opción que tenía para laborar de lo que me gradué además era un trabajo con mayor sueldo”, dijo la maestra.

Por su parte Agustín, dijo que laboró en el Centro de Salud Alonzo Suazo de la capital, al inicio en el departamento de regulación de alimentos y cuando obtuvo su título de abogado en la Universidad Autónoma de Honduras (UNAH), lo ascendieron de puesto, pasando a laborar al área legal de dicho centro de salud.

El matrimonio dijo a Conexihon que al inicio no fue fácil adaptarse el estar separados, pero el abogado Agustín quien tenía su familia en Olancho y acostumbraba a viajar a esa zona para el cuido de sus animales, ahora tenía otra razón que era ver a su esposa cada quince días.

El abogado Agustín quien ahora se dedica a cuidar su ganado tiene dos propiedades pequeñas, una en el pueblo y otra a hora y media de distancia, para llegar a ver sus animales de ordeño tiene que viajar treinta minutos en motocicleta y luego veinte minutos caminando.

“Las labores de campo no son fáciles, no es lo mismo estar en un escritorio, me costó acostumbrarme tenía que levantarme temprano y llegar tarde a casa, a veces tengo que caminar bajo agua o sol para llegar a la montaña, tenía que hacer cercos en la tierra por que los animales daban problemas con los vecinos”, dijo Agustín.

Además, el abogado, hoy ganadero aseguro que el ordeño a las vacas es un trabajo que se debe hacer todos los días, “tengo que ordeñar todos los días y apartar a los animales para ordeñar al día siguiente, al inició me enfermé baje mucho de peso por ese cambio drástico de trabajo, pero ahora se me hace más fácil el trabajo de campo y más bien me hace falta ir a la montaña”.

Jubilado desde hace 10 años el abogado Agustín actualmente radica junto a su esposa en Olancho, sus hijos e hijas se casaron y cuatro de ellos se graduaron en diferentes universidades. Cuatro viven en la capital y uno de los varones tuvo que migrar hacia Estados Unidos por falta de oportunidades de trabajo y por los altos índices de delincuencia que impera en nuestro país.

Leonel migra al campo junto a sus padres

Leonel, uno de los hijos varones del matrimonio y el único que actualmente sigue con sus estudios universitarios, ya que todos sus hermanos lograron culminar sus estudios se enfrentó a la dificultad por la que pasan muchos hondureños durante la pandemia, se quedó sin trabajo y debido al alto costo que le generaba estar en la capital, se vio obligado a viajar donde habitan sus padres.

Desde inicios de pandemia y en consecuencia de la suspensión de garantías por medio de PCM emitido por el Gobierno, Leonel fue suspendido y luego despedido de una empresa de juegos de azar que decidió despedir sin el pago de sus beneficios.

“Debido a la pandemia fui despedido de mi trabajo justo el día que el Gobierno ordenó toque de queda, trabajé con la empresa por ocho años, la misma había cambiado de dueños, pero estos últimos me despidieron el 16 de marzo, argumentando que debíamos firmar un nuevo contrato, al cual nos opusimos porque ya había uno que estaba vigente” detalló, Leonel.

Esa última quincena, ni Leonel ni sus compañeros recibieron el pago de salario por lo que acudieron a la Secretaría de Trabajo a presentar la denuncia y realizar debido procedimiento del despido.

Sin esperanzas ni respuesta de su despido debido a la pandemia y motivado a ayudar a sus padres en las labores del campo, el joven decidió trasladarse luego de esperar un tiempo en la capital “Esperé un tiempo a ver si se normalizaba la situación, pero mejor decidí viajar a Olancho donde mis papás porque en la ciudad los costos de alimentos y gastos en casa son mayores”.

Difícil transición: De la ciudad al campo

Leonel narró a CONEXIHON lo complicado que se le hizo adaptarse a las labores del campo ya que tenía doce años de no visitar las tierras que habían comprado su papá y mamá, además se le hizo complejo conocer las dinámicas de sus vecinos y del mismo ganado propiedad de sus padres.

“Se me hizo difícil al inicio adaptarme y aprender las actividades que se realizan en el campo y más en este tiempo de pandemia, porque por esta situación los pobladores de las comunidades por las que pasamos tenían un comité de vigilancia en las calles, no me conocían pero como me miraban con mi papá me dejaban pasar” Describió, Leonel.

Leonel dijo que tuvo que aprender a identificar a cada una de las vacas y las crías de ellas para dividirse el trabajo con su papá “Como no podía ordeñar, tenía que ir a cinco minutos a buscar los animales tenía que aprenderme los nombres, para no andar corriendo detrás de ellas porque no me entendían, luego aprendí a ordeñar no me costó mucho pero se me llagaron las manos y ahora mi papá descansa un poco, aunque a veces hay que cercar y sembrar aquí en la montaña”.

Confiesa que iba con sobrepeso, pero el caminar hacia la montaña a ordeñar le ha ayudado a bajar de peso “Estaba casi obeso cuando llegué aquí, pero el caminar para venir a ordeñar y el ir a buscar a las vacas para ordeñarlas todos los días me ha ayudado a bajar unas libras”.

La vida de campo es bonita, tranquila y económica sobre todo dice Leonel “Aquí es bonito vivir, la gente es tranquila uno puede salir con más seguridad adonde quiera, puede comer lo que quiera y sin gastar un cinco, sólo se debe sembrar para cosechar y luego alimentarse”.

Comentó que en esa localidad no se escucha, ni se ha visto personas afectadas debido a la pandemia “En esta zona no se escucha de gente enferma por COVID, lo que he visto es que las personas consumen mucho té de plantas naturales pero es como medida de prevención”.

Leonel dijo a Conexihon.hn que de la mano a su nueva faceta como ganadero va el estudio pues sigue recibiendo clases en línea de la UNAH, razón que en ocasiones impide que acompañe a su padre.

“La educación en el campo es compleja aquí por ejemplo llueve mucho, se va la energía eléctrica constantemente y que la señal de la telefonía es pésima en la zona y por ende la calidad de internet”, detallo Leonel.

Al preguntarle al joven si regresaría a la ciudad, Leonel recordó que, hasta la presente semana, seis meses después de su despido y presentación de su denuncia, fue citado por la Secretaria de Trabajo para obtener respuesta de su despido, donde le indicaron que debe de seguir el procedimiento y al final saber si es reintegrado o el jefe asumirá pagar sus prestaciones.

Leonel añadió que admira mucho la visión futurista de sus padres que sembraron un patrimonio familiar sustentable, razón por la cual hoy puede no solamente generar ingresos y fortalecer los vínculos con sus padres, sino que además valora mas que nunca la importancia del trabajo de los campesinos.


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