Tegucigalpa, Honduras (Conexihon).- Lo caliente de las calles de su natal Valle le quemaba sus pies descalzos, el sol tan inclemente como siempre en ese sector del país le apuntaba directamente a los ojos y le impedía ver con claridad, el sudor recorría su espalda y su camisa blanca se empapaba rápidamente a medida que aceleraba el paso para cumplir con los encargos de mamá.

Pero esos obstáculos no iban a acabar con el sueño del pequeño Luis, que era capaz de soportar las inclemencias de la naturaleza solo para alimentar una ilusión, soñaba con ser un agricultor a gran escala.

Dios, la vida, el destino y las ganas de alcanzar una meta forjada desde la cuna le hicieron abandonar la tierra que lo vio nacer y lo trasladaron hasta el departamento de Yoro, donde aún reside.

Dos décadas de trabajo duro con extensas jornadas de 16 horas diarias, no reflejan el esfuerzo y perseverancia de un incansable agricultor.

UN SUEÑO CUMPLIDO A MEDIAS

Con apenas 15 años, Luis Antonio Posadas Izaguirre, se instaló en la comunidad de Puentecitas, allí las tierras fértiles son fáciles de encontrar, pero sin un cinco en la bolsa, este personaje estaba como al principio, lejos de su sueño.

Tenía que empezar a remar contra la corriente y fue así como ingresó a laborar en un aserradero de la localidad, con el paso del tiempo fue ascendiendo hasta alcanzar altos puestos que le permitieron disponer de un capital para poder iniciar sus sueños en la agricultura.

“Ingresé a trabajar en el aserradero como ayudante, luego aprendí a manejar las máquinas y el sueldo era muy bueno, comencé a ahorrar para poder comprar tierras, cuando salí de la empresa tenía lo suficiente y compré más de 10 hectáreas muy fértiles y empecé a producir”, narró con orgullo Don Luis.

Sin embargo, hoy 20 años después Posadas Izaguirre considera que su sueño no es pleno porque lleva dos decenas de vida siendo productor de yuca, camote, maíz y frijoles, pero no ha encontrado el apoyo deseado por las autoridades y las ganancias son cada vez menores.

“Tengo más de 20 años trabajando la tierra, es lo que siempre quise y pensé que me iba ir mejor, pero la verdad que a veces solo alcanza para el sustento familiar porque los productos nunca alcanzan los precios esperados”, aseguró el agricultor.

LOS COMPRADORES IMPONEN SU LEY

Este personaje explica que las producciones son buenas, más no ideales, no obstante, vendiendo los productos a un precio justo las ganancias alcanzarían para vivir mucho mejor, una ilusión por la que sigue luchando, pero que aún parece lejos.

“Los cultivos de yuca como usted puede ver están en condiciones que permitirán obtener una cosecha diga, el gran problema es que los precios están muy por debajo de lo justo, la empresa que nos compra la yuca dice que la pagará a 2.80 lempiras la libra y ahí queda claro que los grandes ganadores son ellos, no los agricultores”.

Posadas Izaguirre comenta que para cultivar una manzana necesita 80 mil lempiras eso según las exigencias de las grandes empresas, pero la realidad es muy distinta.

“No podemos meterle 80 lempiras porque no tenemos apoyo de nadie, eso nos impide tecnificar las propiedades como lo exigen las grandes empresas, por citar un ejemplo yo invierto 30 mil lempiras y las ganancias son mínimas, el negocio no es rentable”.

EL GOBIERNO BRILLA POR SU AUSENCIA Y LOS SUEÑOS SE “QUEMAN”

Paradójicamente la pandemia del coronavirus abrió una ventana para esos agricultores abandonados por los gobernantes y es que en medio de tanta mala noticia las autoridades anunciaron por todo lo alto la implementación del programa Agrocrédito 8.7 cuyo propósito fundamental era ofrecer apoyo económico a los productores a través del Banco Hondureño de la Producción y la Vivienda (Banhprovi) a bajos intereses y sin cumplir mayores trámites burocráticos.

Sin embargo, la versión de este personaje contrasta con la publicidad mediática del tan sonado programa.

“Tenemos un sistema de riego en el que llevamos más de dos años trabajando, la inversión supera los 300 mil lempiras de los cuales todavía debemos algo, y no está terminado, tendríamos que conseguir otros 150 mil lempiras dejarlo en las condiciones que requieren los cultivos”, denunció Don Luis.

“Acceder a préstamos para nosotros es misión imposible, el gobierno nunca nos ha respaldado, la empresa que nos compra el producto manda un técnico cada tres meses y eso no es gran ayuda, nosotros debemos esperar un año que es lo que tarda la yuca en darse”, preciso el agricultor.

Agrega que los costos se incrementan por ejemplo el dueño del tractor les cobra cuatro mil lempiras por hectárea, es decir que este productor tuvo que desembolsar 20 mil lempiras para arar las cinco manzanas hoy sembradas.

ESTAFADORES AL ACECHO

Como si no fuese suficiente con los avorazados intermediarios que se aprovechan de la necesidad de los productores, también deben luchar contra uno que otro “depredador” que abusa de la inocencia.

Hace un par de meses, una cosecha de camote que despertaba la admiración de propios y extraños era la esperanza de este personaje para obtener una ganancia considerable que le permitiera pagar algunas deudas y dejar plata en caja para una futura inversión.

“La cosecha de camote fue buenísima, sabíamos que con esa producción nos daba para sacar la inversión, pagar deudas y poder seguir invirtiendo, pero caímos en la trampa de una estafador que vino, nos dio un adelanto de buena fe (25 mil lempiras), se llevó gran parte de la cosecha con la promesa de volver por lo que restaba y pagarnos la totalidad, hoy lo seguimos esperando, como se dice popularmente, nos timó y nos quedamos con muchas deudas”.

El estafador de oficio no solamente les robo el esfuerzo de su trabajo, sino que además la confianza de abrirse a otros mercados, Don Luis ahora mas que nunca cuida a sus compradores, aun y cuando estos también abusen de estas condiciones y no paguen el precio justo de los productos del agricultor.

Bajo esta realidad de abusos y engaños hacia los agricultores por parte de particulares y de los gobernantes que pese a su discurso mediático, en la práctica no brindan apoyo técnico, menos económicos a la agricultura, Posadas Izaguirre exige a los gobernantes respuestas a su interrogante: ¿dónde está el dinero del programa Agrocrédito 8.7?.

El inclemente sol de la zona sur no pudo quemar los sueños del pequeño Luis, pero hoy los gobernantes están muy cerca de carbonizar los ideales de Luis, el hombre que creció trabajando persistentemente por sus sueños, pero al que la vida le ha enseñado una realidad muy dura.

Con la eterna compañía de sus hijos, Luis se despide del equipo de Conexihon.hn


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