Yoro, Honduras. Conexihon.hn.-  Honduras es un país en el que la desigualdad social está muy marcada, las brechas entre los diferentes sectores son enormes, sin embargo en medio de la pandemia del Covid-19 parecía que el gobierno del presidente Juan Orlando Hernández, daba un paso al frente para favorecer a personas con cierto potencial para emprender grandes empresas, siendo el apoyo financiero su mayor dificultad.

Todo indicaba que este obstáculo estaba por desaparecer cuando las grandes empresas de comunicación llenaban sus espacios anunciando el programa denominado Agrocrédito 8.7 cuyo propósito fundamental era ofrecer apoyo económico a los productores a través del Banco Hondureño de la Producción y la Vivienda (Banhprovi) a bajos intereses y sin cumplir mayores trámites burocráticos.

Bajo este contexto el gobierno central durante la pandemia desembolso más de 400 millones de lempiras que serían destinados para apoyar a los pequeños y grandes productores, no obstante las investigaciones revelan que la promesa se quedó en el papel y en los medios de comunicación y que el programa Agrocrédito 8.7 no es más que un discurso mediático completamente alejado de la realidad.

En el norte de Honduras, específicamente en el departamento de Yoro, se ubica la localidad de Puentecitas, uno de esos lugares a los que llegar implica grandes dificultades por el pésimo estado de las carreteras, producto del olvido de los gobernantes; además aunque parezca increíble en este territorio no hay señal de telefonía celular y el internet es un privilegio del que gozan muy pocos.

Puentecitas es famosa por ser uno de las localidades más influyentes en el agro del departamento y sus productos sirven para el sostén de la cabecera departamental. Yuca, frijoles, maíz, hortalizas y cítricos forman parte de la gran variedad de productos que ofrece esta porción de tierra eternamente olvidada por las autoridades.

Allí en esa tierras fértiles y productivas, con sus botas de hule llenas de lodo, su rostro blanco enrojecido por el sol y su mirada perdida en el horizonte nos encontramos a Dionisio Rafael Herrera Banegas, maestro de profesión, pero campesino por convicción quien tras una larga jornada aporreando frijoles junto a sus trabajadores llegó a la terrible conclusión que el agro ha dejado de ser un trabajo rentable.

Herrera Banegas es propietario de más de 13 manzanas de tierra, ahí intenta ganarse la vida con el cultivo de granos básicos y emprende un proyecto de cítricos.

DECEPCIONADO Y ENGAÑADO

Con la ilusión de obtener una ganancia considerable y creyendo en las promesas del gobierno que garantizaba la compra de la cosecha a los pequeños productores, este personaje le apostó a su producción de frijoles, que aunque no es gran cantidad, vendidas al precio justo implica una entrada con la que podía pensar en invertir y hacer más productiva su propiedad.

No obstante, la realidad le enseña un camino distinto al que él se imaginó ya que hasta aquí el gobierno no ha dicho presente para comprar su producto y ve como los intermediarios aprovechan la necesidad para imponer precios ridículos sin que nadie les ponga freno.

“Me siento decepcionado y engañado por las autoridades, mi producción no supera las 15 cargas de frijoles, pero vendidas al precio justo me representan una ganancia digna, sin embargo ahora mismo estoy perdiendo, para cultivar una carga debo invertir 1,600 lempiras y los coyotes la están pagando a 1,300, es decir pierdo 300”.

“Para poder ganar tendría que vender a 2,000 lempiras la carga, pensé que el gobierno nos iba a comprar a todos, pero eso seguro solo es para los grandes productores y nosotros seguiremos luchando contra la corriente y seguramente dejaremos de sembrar porque el agro no es negocio para los que no tenemos contactos con los que tienen el poder”.

LOS CRÉDITOS SON UNA UTOPÍA

Y si lograr vender a precios justos es misión imposible, acceder a los famosos créditos del programa Agrocrédito 8.7 parece ser una utopía para los pequeños productores como Herrera Banegas.

“Ustedes ven la propiedad y se dan cuenta que hace falta mucho por hacer y es que para eso se necesita plata y vendiendo los productos por debajo de su precio es imposible pensar en invertir ya que no es negocio”.

“Lo de los préstamos a bajos intereses no es cierto, yo intenté solicitar 100 mil lempiras y le piden a uno que hipoteque la propiedad, ese no es un apoyo para los pequeños productores, es ponerlo entre la espada y la pared, un crédito en esas condiciones es un suicidio si nos va mal en una cosecha”.

Explicó que por eso les cuesta tanto desarrollar un proyecto ya que deben ir paso a paso por la falta de apoyo.

“Uno compra 20 árboles de limón persa si cierra un negocio, luego debe esperar otra entrada para poder obtener unos 20 aguacates, así es complicado crecer, pero es el único camino que tenemos”.

LA EBANISTERÍA, EL SOSTENTO PARA EL AGRO

Pese a las dificultades que enfrenta, Herrera Banegas, no se resigna y sueña con en un futuro tener una finca rentable, que le permita producir y que sea su sustento, pero mientras eso sucede debe buscar otras maneras de generar ingresos.

Para ello tiene su pequeño taller de ebanistería que le permite rellenar los huecos financieros producidos por las actividades relacionadas con la tierra.

“Trabajamos en la elaboración de muebles y esto es lo que nos da la rentabilidad para sostener los trabajos del agro, nos queda la satisfacción que generamos fuentes de empleo, pero todo esto es sostenido por la ebanistería, gracias a ello tenemos un sistema de riego sin apoyo de nadie”.

“Hay muchas promesas incumplidas, es complicado obtener un préstamo, yo elegí volver al campo por el peligro que representa la ciudad, no me arrepiento, sin embargo ya entendí que no tenemos apoyo”.

La vida en el campo no es sencilla, sobre todo cuando se basan las esperanzas en discursos alejados de la realidad que solo existen en campañas publicitarias, así como Herrera Banegas, muchos pequeños productores siguen esperando un apoyo que a lo mejor jamás llegará y les tocará seguir alimentando sus sueños con la ilusión que el día menos pensado la realidad será distinta.

 

 


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