Tegucigalpa, Honduras (Conexihon).– Desde las cinco de la mañana hasta las ocho de la noche, los siete días de la semana y desde que tiene uso de razón Santiago Andino, un pequeño agricultor de 44 años de edad, trabaja la tierra apasionadamente.

La jornada diaria inicia ordeñando vacas para elaborar productos derivados de la leche (queso, mantequilla, cuajada y requesón) para alimentar a su familia. Posteriormente Santiago alimenta a sus gallinas y una cría de cerdos que, al igual que el ganado, sirven para garantizar la alimentación de su núcleo familiar.

A eso de las siete de la mañana, Santiago inicia su mayor pasión, la producción de la tierra, junto a sus primos y sobrinos, con quienes camina aproximadamente 20 minutos para llegar a sus siembras. Sin ningún reclamo los integrantes de la familia Andino llegan a trabajar la tierra con amor, paciencia y disciplina tal cual herencia que de sus ancestros.

Acostumbrado al trabajo bajo las inclemencias del tiempo la familia Andino es muy conocida en la Aldea de Manzaragua, en el municipio de Güinope, departamento de El Paraíso en la zona oriente del país; su trabajo incansable los coloca en una posición de respeto y reconocimiento a su trabajo en la agricultura.

De acuerdo a los datos del último censo poblacional en el año 2013, la Aldea de Manzaragua tiene una extensión territorial de 52 Km², con una población de 700 personas, representadas en un 58% en edades de 14 a 49 años de edad.

La aldea fue creada en el año de 1734 y su nombre se deriva de la presencia de habitantes de una tribu Lenca, ya que se dice que los nombres toponímicos terminados en agua pertenecen a lugares habitados por Lencas.

En Manzaragua se cultivan toda clase de hortalizas y vegetales durante toda la época del año, pero sobre salen en la producción: la Cebolla, Chile, Pepino, Zanahoria, Repollo, Lechuga, Frijoles y Maíz.

En teoría, el trayecto del recorrido de la ciudad capital hondureña, hacia la comunidad Manzaragua, no debería demorar más de hora y media, pero las pésimas condiciones de la carretera a partir del desvió de la Escuela Agrícola Panamericana del Zamorano, ubicado en el Km 30 carretera de la carretera que conduce de Tegucigalpa a Danlí, demoran su llegada a casi tres horas.

El trayecto se complica justamente en el desvió del Zamorano hacia Guinope. Un total de 32.5 kilómetros en carro todo terreno, tarda hasta hora y media de viaje en medio de una calle descuidada históricamente convirtiéndose en una barrera para el desarrollo que, según la nomenclatura vial nacional, es la carretera 85 la que comunica el casco urbano del Municipio de Güinope con la Carretera Centroamericana CA‐6.

En el informe elaborado por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) en el año 2018, hace un llamado a prestar especial atención a la construcción y mantenimiento de carreteras y caminos vecinales por su impacto en el ambiente, “generalmente este tipo de caminos están construidos con especificaciones inadecuadas de pendiente, superficie de rodadura, vados y alcantarillado, resultando en riesgos innecesarios de derrumbes y en una producción excesiva de sedimentos que afectan los cauces de agua”.

A pesar de la topografía y el histórico mal estado de las carreteras muy alejadas, carentes de una pavimentación o empedrado, la aldea de Manzaragua es una de las zonas con mayor producción del sector, esto gracias al clima del sector y la perseverancia de los pequeños agricultores que se resisten a abandonar la tierra, pese a las grandes dificultades que implica para ello continuar con el legado familiar.

3.50 Lempiras por libra de zanahoria

Santiago Andino es de contextura delgada, con una tímida sonrisa señala y sus manos están marcadas por el trabajo de la tierra y con ellas señala sus cosechas al tiempo de describir que, en este momento, sus siembras son de zanahorias, limones, cebolla y frijoles.

De acuerdo a Santiago, él y su familia trabajan mediante el sistema de riego por goteo gracias a un arroyo que nace en la montaña cercana a sus tierras, para ello tuvieron que invertir en infraestructura acorde para la eficiencia de este sistema: “todo es de nuestros bolsillos, todo esto corre por nuestra cuenta, así ha sido y así será”.

“Poco a poco hemos ido mejorando nuestro sistema, si hablamos de inversión económica solamente las válvulas de riego cuestan 22 Lempiras cada una y tenemos 800 válvulas y cada rollo de cinta cuesta 400 Lempiras, esta es la inversión base por cosecha, es decir cada tres o cuatro meses”, detalló Santiago.

Sumada a la inversión trimestral promedio de 25 mil Lempiras para el sistema de riego, están los costos por fumigación que superan las 10 mil Lempiras, sin dejar por fuera el abono y la compra de la semilla.

“Esto sin contar mano de obra, como nuestro proyecto es familiar nosotros no tenemos sueldo, nuestros ingresos por venta son para volver a invertir, pagar los recibos públicos y comprar comida para nuestros hogares”, aseguró Santiago.

A su vez, denunció que “Nos ha tocado en ocasiones comernos toda la producción, también la hemos compartido con nuestros vecinos y familiares que no viven en Manzaragua, por ejemplo, justo ahora nos quieren comprar la 3.50 Lempiras la libra de zanahoria, porque nos dicen que los precios han caído y es lo más que nos pueden pagar”.

“¿Cuándo ha visto usted una zanahoria a tres pesos en sus supermercados?”, preguntó indignado Santiago a los periodistas de Conexihon, mientras se rascaba la cabellera humedecida por la lluvia.

Con impotencia Santiago manifestó “nosotros no tenemos vehículo por eso no podemos ir a ofertar nuestros productos a la ciudad, entonces los intermediarios vienen y nos dicen que la calle esta pésima, que no les sale pagarnos más y que es lo que nos pueden ofrecer, por eso muchas veces mejor nos quedamos con nuestra producción”.

“Mas que una falta de respeto es un abuso a nuestro trabajo a nuestras familias que también se sacrifican junto a nosotros para poder producir, es una violencia descarada contra nosotros que somos los que más trabajamos y menos obtenemos a cambio de nuestros esfuerzos”, declaró Santiago.

De acuerdo a Santiago, este círculo de la violencia por la explotación al trabajo de los agricultores se rompe fácilmente con la voluntad política, con el apoyo real y tangible a los pequeños y medianos productores que llevan alimentos de la tierra a la mesa.

El gobierno solo invierte en el café

“El gobierno solo invierte en el café, esa es la moda, ese es el negocio desde la lógica de los políticos…usted puede sobrevivir sembrando maíz, frijoles, zanahoria, plátanos, aguacates, toda clase de frutas y vegetales, pues si no se los compran se los come…pero ¿puede usted sobrevivir comiendo café?”, enfatizó Santiago.

“A los cafetaleros les arreglan y reparan las calles de acceso a sus fincas para que saquen sus producciones, además les pagan embajadores que viajan por todo el mundo promocionando sus productos y se olvidan de los agricultores, como si solo el café existiera en Honduras”, cuestionó Santiago.

Los pequeños productores, aseveró Santiago, con 100 mil lempiras sacarían mucho más producto y de mejor calidad, además de garantizar fuentes de empleo en las localidades y con ello poder mejorar los niveles de vidas de comunidades históricamente olvidados por los gobernantes.

Santiago confesó a Conexihon, que su hermano mayor es el único apoyo externo con el que la familia de productores cuenta, “mi hermano nos ayuda, él nos envía dinero y nos compra material, es nuestra única fuente de financiamiento externo, es nuestro ángel, él se fue a la capital hace muchos años y nunca nos ha dejado de la mano”.

 “Producimos durante todo el año y jamás nos han apoyado, producimos los 12 meses debido al trabajo constante los siete días de la semana, no paramos ni ahora con la pandemia en donde el precio de la semilla se ha disparado aumentando los costos al igual que la falta de transporte público y el cierre de negocios donde nosotros compramos insumos básicos para la producción de alimentos”, narró Santiago.

Al cierre del recorrido por las siembras de la familia Andino, Santiago junto al equipo de Conexihon, se refugian de la lluvia entre unos árboles frutales, mientras sus sobrinos fumigan bajo las inclemencias del tiempo y el pequeño productor se despide aseverando que no sabe dónde están los préstamos que anuncia el Gobierno de Honduras en la televisión, pues cuando se ha apersonado a un banco le piden mil requisitos y le ponen un montón de obstáculos, “muchos lo hemos intentado y el resultado siempre es negativo”.