Parte 2

En los últimos tres años se dieron al menos 12 casos de ciberataques a mujeres vinculadas a los medios de comunicación nacional, según el Observatorio de la Violencia de la Red Lésbica Feminista Cattrachas a “todas se les han violado la privacidad viralizando fotos y videos sobre la intimidad sexual de las mujeres, con el objetivo de desprestigiarlas y afectarlas a nivel personal y profesional”.

El derecho al olvido se les debe dar a las mujeres víctimas de ataques en espacios virtuales, cuando hay una nueva víctima los medios de comunicación sacan toda una nueva listas de cuantas mujeres han sido atacadas de esa forma y ponen sus nombres revictimizándolas.

“Con solo dar la cifra basta y no es necesario dar los nombres porque entonces los medios de comunicación atacan la privacidad y deberían tener la obligación de quitar esas notas de sus páginas, por que la persona tiene derecho a seguir con su vida personal sin seguir siendo denigrada”, aseguró la integrante de la Red Lésbica Cattrachas, Katherin Zerón. 

La periodista Claudia Mendoza, posteó en su Facebook refiriéndose a la salida de Ana Muñoz de Televicentro que este acto es consecuencia de “una sociedad machistas y misógina”.

“Haber sido despedida de su trabajo, pese a su condición de madre soltera y entiendo que aquejada por una terrible enfermedad. Antaño se conoció de otros casos de mujeres que fueron expuestas de esta misma forma y cuyo costo a pagarse fue la estigmatización y la discriminación social. De víctimas pasan a ser revictimizadas con las imposiciones sociales”, escribió la periodista.

Además, lamentó que en esta sociedad se siga estigmatizando la sexualidad de las mujeres, que se siga concibiendo que el disfrute del placer sexual es solo de los  hombres y que cuando se vuelve público el placer de una mujer, se vuelve condenable, censurable y hay que mandarlas a la hoguera.

Siguen vendiendo la imagen de la mujer como un objeto sexual

La periodista Jenny Santos explicó que ha conocido varios casos de acoso en diferentes empresas de comunicación y también cuando las comunicadoras ejercen el trabajo de campo.

También afirma que las empresas mediáticas sexualizan a las mujeres y esta realidad es que siguen vendiendo la imagen de la mujer como un objeto sexual y en muchos medios se puede ver espacios serios pero también otros en los que están promoviendo a la mujer como un objeto, eso siempre va a ser repudiable.

Las periodistas deben posicionarse por que los hombre están ocupando más espacio a nivel de producción, director y presentadores “creo que la mujer si tiene ese reto y tenemos que demostrar que sí podemos tomar esos espacios ya que somos capaces” agregó.

Insultos por no seguir la línea

La periodista Natalia Reynott, trabajaba en TVS canal 42 de Choluteca, abandonó el set de televisión cuando estaban en vivo,  luego de que el jefe la llamara “lora, ignorante y mediocre”.

Reynott, se sintió atacada por su forma de pensar al emitir comentarios a favor de las luchas de los estudiantes universitarios, la periodista dijo a la opinión publica después del altercado que la línea informativa era estar a favor de las autoridades de la universidad.

Bloqueos informativos por militares

Igualmente el día sábado 20 de enero de 2018 la periodista Sheyla Guissela Munguía del canal Prensa Libre fue víctima de bloqueos informativos y agresiones sexuales por parte de elementos militares de la 101 Brigada de Infantería, quienes le impidieron entrevistar a jóvenes detenidos en el marco de una protesta social en el barrio San Juan Bosco.

Munguía fue acosada y tocada de forma impropia por los militares con pasamontañas, a bordo de la patrulla 3111 que se traspalaban en al mando del coronel Héctor Espinal, a quien demandamos que deduzca las responsabilidades de los oficiales militares por promover y permitir la normalización de la violencia en contra de las mujeres.

El 43 por ciento de las agresiones registradas por el Comité por la Libre Expresión corresponden a denuncias interpuestas públicamente o en privado por las comunicadoras sociales, pero buena parte de las agresiones quedan en reserva por temor a seguir siendo agredidas o estigmatizadas. 


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