Por: OFRANEH

La OFRANEH ante la racha de asesinatos de Garifunas que se ha venido dando en los últimos meses, manifestamos un rechazo total a la narrativa de violencia que se ha apoderado de Honduras, la que viene siendo utilizado con tintes políticos además de ser una estrategia de despojo para fomentar el éxodo, el cual ha sido institucionalizado en Honduras.

Desde el 2009 la violencia se disparó en Honduras al mismo tiempo que el golpe de estado aniquilo el incipiente estado de derecho, dando lugar a una guerra silenciosa en áreas urbanos y ciertas regiones del país, donde el crimen organizado aliado con las municipalidades se apoderaron de vastos territorios utilizados para el trasiego de estupefacientes, al mismo tiempo que impulsaron las plantaciones de palma africana, promovidas por las ultimas administraciones gubernamentales.

El pueblo Garífuna hasta el 2018, logró mantenerse al margen de la violencia, apegándose a nuestra cosmovisión, en la que existe un enorme respeto tanto por la vida como a la madre tierra. Sin embargo en el 2019, los asesinatos se recrudecieron siendo notorio el asesinato de mujeres que han asumido la defensa del territorio ancestral.

Es claro que después de haber habitado en Honduras por más de 222 años, continuamos siendo considerados extranjeros, y persista el racismo extremo hacia nuestro pueblo por parte de la cultura dominante que suele vernos como bailarines al servicio de una imagen folclórica que exporta el gobierno de Honduras.

La hecatombe social que ha sido impuesta en Honduras ha utilizado la violencia como parte del control social, además de instigar el éxodo masivo, que “aumenta” el ingreso de remesas, las que se han convertido en el pilar económico del país.

Es para el 2012, cuando Honduras llega al pico de la violencia, la que aparentemente ha descendido las cifras de homicidios, mientras en la actualidad aumentan las masacres, teniendo como resultado desplazamientos poblacionales, en un país convertido en un laboratorio político del neoliberalismo.

La expulsión de los Garífunas de la Bahía de Trujillo por los “empresarios canadienses” asociados al “rey del porno¨ y el puertorriqueño Santiago Mario, al mismo tiempo que la fiebre de la instauración de plantaciones de palma africana, la que viene siendo utilizado por el crimen organizado para apropiarse de bastos territorios, que generan la desecación de los humedales; así como la instalación de proyectos inconsultos como la Térmica de la Ensenada, muestran que existe un plan muy claro para desaparecer las comunidades y el pueblo Garifuna. Mientras tanto el Estado se niega a cumplir las sentencias condenatorias emitidas por la Corte Interamericana en el 2015, por la violación de los derechos humanos de las comunidades de Triunfo de la Cruz y Punta Piedra.

Las muertes de 16 Garifunas solo en el año 2019 hace que reflexionemos sobre la terrible encrucijada en que nos encontramos los Garífunas en Honduras, y los desafíos que confrontamos para lograr nuestra sobrevivencia como cultura diferenciada y la preservación del territorio que ocupamos desde hace más de dos siglos.

BASTA YA DE ASESINATOS CONTRA NUESTRO PUEBLO¡¡¡

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