Por: Giorgio Trucchi | Rel-UITA
 
El 31 de mayo, la gigantesca movilización de la Plataforma por la Defensa de la Salud y la Educación fue brutalmente reprimida por militares y policías. Pese a la difícil situación, la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa lucía sin la acostumbrada y nutrida protección policial. Todo estaba listo para que un nuevo “falso positivo” sirviera a criminalizar la protesta pacífica y mandar un mensaje de terror a las y los jóvenes.

El joven maestro Rommel Baldemar Herrera Portillo, de 23 años, acompañaba la protesta de la Plataforma. Al pasar por la embajada de Estados Unidos vio que alguien iniciaba la quema de llantas en el portón principal.

Rommel agarró un par de llantas y la lanzó al fuego. Luego se fue. A los pocos minutos fue rodeado por policías, capturado y acusado por el Ministerio Público de los delitos de daños e incendio agravado.

El 1 de junio se realizó la audiencia de Declaración de Imputado donde el juez le dictó prisión preventiva en la cárcel de Tamara, en las afueras de la capital.

Sin justificación alguna, las autoridades penitenciarias obviaron la disposición judicial y lo enviaron a la cárcel de máxima seguridad “La Tolva”, a más de 60 kilómetros de Tegucigalpa.

El 6 de junio se llevó a cabo la audiencia inicial. A pesar de que los abogados defensores lograran desestimar todas las pruebas presentadas por la fiscalía, el juez dictó auto de formal procesamiento con prisión preventiva.

Sus padres Juan Carlos Herrera y Mari Cruz Portillo, ambos profesores, aseguran que el joven sufrió tortura, maltrato físico y psicológico y estuvo desaparecido durante 72 horas.

Cofadeh, Conadeh, Conaprev y Cptrt corroboraron los hechos[1].

“Nuestro hijo es un preso político más y su encarcelamiento constituye un claro mensaje al pueblo hondureño que lucha en las calles reivindicando derechos. Con su detención intentan frenar al movimiento social y criminalizar la protesta”, escriben los padres de Rommel.

-¿Qué pasó después del 6 de junio?
–JC Herrera: Nos sumimos en un mar de dolor. Lo que decidió el juez fue profundamente injusto. Lo que más nos preocupa ahora es que le pueda pasar algo en esta cárcel de alta peligrosidad y máxima tortura.

Está con otros dos presos políticos (Edwin Espinal y Raúl Álvarez). Los tres podrían ser objeto de ataques. Sus vidas corren peligro.

-¿Cómo está Rommel?

–MC Portillo: A pesar de lo difícil que es esto y que las amenazas siempre son latentes, lo vimos fortalecido y menos tenso. Está reaccionando.

-¿Las autoridades explicaron por qué lo llevaron a La Tolva?

–MCP: La actitud de las autoridades penitenciarias ha sido lamentable. Primero lo trasladaron a La Tolva desacatando la orden judicial y desapareciéndolo durante 3 días, luego nos hicieron la vida imposible para poder visitarlo y ahora nos atacan groseramente.

En un programa de televisión donde estábamos como invitados, el subdirector del Instituto Nacional Penitenciario (INP), German McNeil, nos agredió verbalmente y estigmatizó a los tres presos políticos.

Dijo que son vándalos y reos de alta peligrosidad y que por eso los mandó a La Tolva. Todo esto es absurdo y revela que hay un factor político detrás de lo que está pasando.

-¿Cómo va a seguir esto?

–JCH: Estamos esperando que la Corte de Apelación resuelva sobre la impugnación que hicimos del fallo del 6 de junio. Luego iniciará el juicio.

Él sólo colocó unas llantas donde otras personas habían iniciado la quema. Queremos que la fiscalía recalifique el delito y que Rommel pueda defenderse en libertad.

-Ustedes han dicho públicamente que responsabilizan al presidente Hernández por lo que le pueda pasar a Rommel.
–MCP: Encerrarlo en La Tolva es un castigo, un plan de tortura. No hay seguridad. Hasta nos han dicho que si hay un amotinamiento, las autoridades no responden por la seguridad de Edwin, Raúl y Rommel.

Es una clara amenaza, tanto del régimen como del gobierno estadounidense que lo respalda, prestándose al juego sucio. Están reprimiendo y criminalizando la protesta y ahora les envían un mensaje amenazante a los jóvenes que están en las calles.

A Rommel Baldemar le ha tocado vivir este destino histórico y vamos a luchar hasta verlo en libertad.

–JCH: Introducimos varias solicitudes a Rosa Gudiel, directora del INP, para que reubique a Rommel y a los demás presos políticos. No nos hizo caso.

Si algo les pasara, Rosa Gudiel, German McNeil y su jefe Juan Orlando Hernández son los responsables.

-¿Y cómo están ustedes?
–JCH: Me siento muy mal física y mentalmente. Rommel es un cipote noble y muy empático. Me duele tanto saber que está detenido. Lo que me da fuerza es el deseo de verlo pronto en libertad.

–MCP: Me siento desestructurada. Ya no tengo con quien pelear (risas). Llevo muy dentro la esperanza de que él salga de este infierno. Rommel está luchando, se está reinventando, renovando día tras día aún en este ambiente hostil.

Estoy más fortalecida que nunca y continuaré acompañando esta lucha que es popular y de cara a un futuro mejor.
 
[1] Comité de familiares de detenidos desaparecidos en Honduras, Comisionado nacional de derechos humanos, Comité nacional de prevención contra la tortura y otros tratos crueles inhumanos o degradantes, Centro de prevención, tratamiento y rehabilitación de las víctimas de la tortura y sus familias 
 
Fuente: Rel-UITA
 
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